Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

martes, 24 de marzo de 2009

Shah Bahauddin Naqshband y el Favor de Allah


Los awliyá, palabra que significa literalmente 'amigos', esto es, los amigos de la intimidad de Dios, alabado sea, narran haber recibido, por gracia de Dios, estaciones espirituales que provocan el asombro y desconcierto de quienes se acercan al estudio del sufismo. Sin embargo, todo wali ('amigo', o Santo de Dios) siempre ha señalado que buscar las estaciones espirituales es ya alejarse de ellas, pues la única búsqueda y ibjetivo debe ser la complacencia de Dios del siervo que se Le rinde sin pedir nada a cambio.

Asimismo, si bien los awliya muchas veces han sido instrumentos de hechos extraordinarios que la Divinidad decide o permite realizar a través de ellos, todos estos santos, los maestros sufis, siempre han señalado que la búsqueda del poder de obrar milagros (karamat) es una razón para alejarse de la vía, y que todo milagro hecho extraordinario que pueda ocurrir sólo debe venir exclusivamente por mandato de Dios, o con el prmiso de Dios a través de una orden que le dicte a un maestro el Profeta Muhammad mismo, la bendición y la paz de Dios sean con él. En todo caso, jamás por ánimo de gozar de notoriedad.

Algunos dichos y hechos de Shah Bahauddin Naqshband (1317-1388) pueden servir como una muestra de las ocurrencias en la vía por las que atraviesan los maestros sufis cuando siguen de un modo extraordinariamente puro las enseñanzas del Islam. Las experiencias de la intimidad de los maestros con Dios muestra una gran diversidad, y una intimidad claramente por encima de la de un creyente común.


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Shah Bahauddin dijo, acerca de una experiencia de su juventud, al principio mismo de su ingreso en el camino espiritual:


Un día estaba sentado con un amigo en reclusión cuando los cielos se abrieron y tuve una gran visión y escuché una voz que decía, '¿Acaso no te basta con abandonar todo y venir a nuestra presencia solo?' Esta voz me redujo a un estado de temblor, obligándome a huir de esa casa. Corrí a un río y me arrojé en él. Lavé mi ropa y recé dos ciclos de oración (salat) de una manera que nunca había rezado antes, sintiendo que estaba rezando en la Divina Presencia. Todo se abrió para mi corazón en un estado de remoción de los velos. El universo entero desapareció y no supe de otra cosa que no fuese rezar en Su Presencia. En el principio de mi estado de atracción, se me había preguntado, '¿Por qué vas a ingresar a este Camino?' Yo respondi: 'Para que cualquier cosa que yo diga y cualquier cosa que yo quiera ocurra.' Se me respondió: 'No será así. Cualquier cosa que nosotros digamos y cualquier cosa que nosotros queramos será así.' Yo dije: 'No puedo aceptar eso. Se me debe permitir decir y hacer lo que yo quiera, de lo contrario no quiero este Camino.' Luego recibí la respuesta: 'No, cualquier cosa que nosotros queremos que se diga, y cualquier cosa que nosotros queremos que se haga, es lo que se debe decir y hacer.' Una vez más dije: 'Lo que yo diga y lo que yo haga es lo que debe ser.' Me dejaron sólo por 15 dias hasta que me sobrevino una tremenda depresión. Finalmente escuché una voz que dijo: 'Oh Bahauddin, cualquier cosa que quieras, nosotros te la otorgamos.' Yo me alegré y dije: 'Quiero un Camino que conduzca a cualquiera que lo atraviese directo a la Divina Presencia.' Experimenté una gran visión y escuché una voz que decía: 'Se te otorga lo que has pedido.'

En otras ocasiones, Shah Bahauddin Naqshband narró algunos acontecimientos extraordinarios que le ocurrieron.

Así por ejemplo, relata lo siguiente:

Un día salí con Muhammad Zahid al desierto. El era un discípulo veraz y teníamos un pico con el cual cavábamos. Mientras trabajábamos con el pico, discutíamos tan profundos estados de conocimiento que terminamos arrojando el pico a un costado e ingresamos en profundidad al tema de conocimiento espiritual. Profundizamos más y más hasta que la conversación nos condujo al tema de la naturaleza de la alabanza. Él me preguntó: 'Oh mi shaykh, ¿hasta qué límite llega la alabanza?.' Yo dije: 'La alabanza llega a tal perfección que aquél que alaba tiene poder para decirle a alguien muere y esa persona morirá.' Al hablar yo estaba señalando, sin pensarlo, a Muhammad Zahid, y él inmediatamente cayó muerto. Estuvo en el estado de muerte desde el amanecer hasta el medio día. Hacía mucho calor. Yo estaba muy ansioso ya que su cuerpo comenzó a deteriorarse a causa del excesivo calor. Lo arrastré bajo la sombra de un árbol y me quedé contemplando el asunto. Mientras contemplaba, una inspiración vino a mi corazón desde la Divina Presencia diciéndome que le dijera: 'Oh Muhammad, ¡vive!.' Se lo dije tres veces. En respuesta a esto, su alma lentamente ingresó a su cuerpo y la vida lentamente volvió a él. Gradualmente volvió a su estado original. Fui a mi shaykh (maestro) y le conté lo que había ocurrido. Me dijo: 'Oh hijo mío, Dios te ha dado un secreto que no le ha dado a ningún otro.'

Otro maestro sufi, Shaykh Alauddin al-Attar, narró de Shah Bahauddin Naqshband lo siguiente:

En una oportunidad el rey de Transoxiana, Sultan Abd Allah Kazgan, vino a Bukhara. Decidió ir de caza alrededor de Bukhara y mucha gente lo acompañó. Shah Bahauddin Naqshband estaba en una aldea cercana. Cuando la gente se fue de caza Shah Naqshband fue a la cuspide de una colina y permaneció allí sentado. Mientras estaba allí sentado entró a su corazón el pensamiento de que Dios había dado un gran honor a los santos. A causa de ese honor, todos los reyes de este mundo deberían inclinarse ante ellos. El pensamiento aún no se le había ido del corazón, cuando un caballero con una corona en la cabeza como la de un rey, se acercó a él y desmontó su caballo. Con gran humildad saludó a Shah Naqshband y permaneció en su presencia de la manera más amable. Se inclinó ante el shaykh pero el shaykh no lo miró. Lo mantuvo de pie durante una hora. Finalmente Shah Naqshband lo miró y le dijo: '¿Qué haces aquí?.' El dijo: 'Soy el rey Sultan Kazgan. Salí a cazar y olí un aroma hermoso, lo seguí hasta aquí y te encontré sentado en medio de una poderosa luz.' El hecho de haber pensado 'todos los reyes de este mundo deberían inclinarse ante los santos' se había vuelto realidad. Es así como Dios honra los pensamientos de Sus santos".

Allah el Todopoderoso concede un manto de honor a Sus siervos puros.

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