martes, 9 de marzo de 2010

El Ijtihad para el Fiqh en el Islam



Se sabe que hay cuatro grandes escuelas ortodoxas de jurisprudencia y legislación islámicas en el Islam: la escuela hanafi, la maliki, la hanbali y la shafii.

Ahora bien, los procesos de occidentalización de Medio Oriente, entre ellos la universalización del principio del individualismo en el conocimiento, tan lejano al espíritu de aprendizaje de los Compañeros del Profeta (saaws), y basamento sin embargo de todo el sistema universitario surgido en Occidente importado a Medio Oriente en la colonización de dichas tierras, han llevado en este campo a que muchos musulmanes, bebiendo tales matrices culturales ajenas al Islam, sin tomar conciencia de estos hechos, en las últimas décadas digan que tales escuelas son meramente referenciales, es decir, que a cada cual que sepa leer y pensar, le sería lícito disentir de la enseñanza de las escuelas, o combinar escuelas, o prescindir de ellas.

Incluso algunos, en un atrevimiento explicable sólo por el desconocimiento de los asuntos implicados en este tema, y por la soberbia intelectual (soberbia derivada asimismo de una matriz de 'aprendizaje' entreamente ajena al Islam), llegan a decir: 'Yo sigo el Corán y la Sunnah, y no a ninguna escuela'.

Como si las escuelas fueran algo distinto que acceder de manera rigurosa, metódica y exigente al Sagrado Corán y a la luminosa Sunnah de Sayyidina Muhammad, que las bediciones y la paz de Allah sean sobre él.

Por el contrario, son la garantía de no perder la enseñanza recta del Corán y la Sunnah.

Precisamente las exigencias de meticulosidad, de respeto enorme a la Palabra de Dios y la enseñanza del Mensajero (saaws) y de rigurosidad para entender el Sagrado Corán y la Sunnah, son las bases, contrariamente a lo que piensan tales musulmanes, para establecer la necesidad que se tiene de seguir una escuela.

Hay un hecho vital que merece tomarse en cuenta, y es la cercanía insuperable [intelectual y experiencial, testimonial y erudita] que los salaf as salihin (los ancestros rectos, los eruditos de las ciencias religiosas en las primeras tres generaciones de musulmanes) han tenido en su acceso al fenómeno original del Islam, cercanía imposible de obtenerse tras catorce siglos en ningún grado que se les asemeje, sea cual sea el método que se use.

El Mensajero de Allah, las bendiciones y paz de Dios sean con él, dijo:

“La mejor de la gente es la de mi generación; después, la que le sigue; después, la que le sigue”. (Bukhari 3:48:819 y 820 y Muslim 31:6150 y 6151).

Sobre este particular, el gran 'alim otomano Sayyid Abdulhakim Arwasi, que Allah esté complacido con él (f. 1943), nos explica así este asunto de capital importancia para mantener intacta la enseñanza pura del Islam:

Ijtihad [criterio legal para dilucidar asuntos] significa trabajar con toda la fuerza, esforzarse y soportar los dolores. En otras palabras, es esforzarse para derivar las reglas para solucionar los problemas que no han sido explicados clara y abiertamente en el Qur’an o en los hadices al asemejarlos con asuntos que sí han sido explicados claramente y en detalle. Esto sólo puede hacerse por nuestro Profeta (sall Allahu ‘alaihi wa sallam), por todos sus Compañeros y, de entre los musulmanes, por aquellos que han sido promovidos al grado del ijtihad; a esta elevada gente se les llama Mujtahid …

Para ser un mujtahid es necesario conocer profusamente las elevadas ramas del [conocimiento del] árabe, conocer el Qur’an de memoria [-lo que supone vivir con él a cuestas-], conocer lo que significa cada aleya [versículo], los significados que indica, los significados ocultos en ella, los significados que se le deben dar según el tema, saber cuándo descendieron las aleyas, por qué descendieron, respecto a qué descendieron, si son generales o particulares, si son nasih o mansuh [abrogantes o abrogadas], si son condicionadas o incondicionales, cómo han sido derivadas a partir del Qiraat-i Saba y el Qiraat-i Shazza, conocer de memoria [-por tanto, vivir a cuesta con ellos-] los cientos de miles de hadices que se encuentran en los Qutub-i sitta [seis colecciones mayores de hadices o dichos del Profeta] y en otros libros de hadices [no menos de 12 en total], conocer cuándo y por qué se dijo cada hadiz y cuán comprehensivo es su significado, qué hadiz es anterior o posterior a otro, los acontecimientos relacioanados con él y acerca de qué acontecimientos y circunstancias se pronunció, quiénes lo comunicaron o narraron y la condición de la moralidad [y por tanto fiabilidad, integridad] de las personas que lo comunicaron, conocer los métodos y las reglas del conocimiento del fiqh [de la jurisprudencia], abarcar las doce ramas de conocimiento y las indicaciones y los símbolos del Qur’an y los hadices y sus significados patentes y escondidos a la vez que se tienen estos significados fijados en el corazón, y tener una fe poderosa, un corazón puro y brillante y una conciencia que posea cualidades superiores y tranquilidad.

Todas estas cualidades superiores sólo pudieron existir en los Ashab-i kiram [los Compañeros mismos del Profeta] y, después, en algunos de los grandes awliya [siervos sabios, santos e íntimos de Dios] que vivieron dentro de los doscientos años posteriores a ellos [como el caso del Imam Abu Hanifa, el Imam Malik, el Imam Ahmad bin Hanbal y el Imam Shafii, entre otros]. Posteriormente, las preferencias y las opiniones [conjeturas, hipótesis] se difundieron con amplitud y las innovaciones [añadidos que distorsionan la fe original] empezaron a aparecer. Día a día tal clase de gente auspiciosa empezó a decrecer en número y hacia el año 400 A.H. [tras el siglo IV del Islam] ya no quedó nadie que satisficiera todas estas condiciones, es decir, que fuera un mujtahid mutlaq (poseedor de criterio completamente autónomo)

De los mujtahid mutlaq, sólo cuatro vieron transmitida adecuadamente su conocimiento y legado jurisprudencial, por lo que las demás escuelas iniciales, excepto las cuatro actuales, pertenecen desde hace muchos siglos simplemente a la historia.

Ante el progresivo alejamiento inevitable del fenómeno original de la Revelación, ante la cada vez mayor dificultad de acceder a ese conocimiento puro y fresco, total, vívido, del Islam original, del Islam de los salaf as salihin, las puertas del ijtihad absoluto, del criterio jurisprudencial totalamente independiente, cuyo objetivo es la certeza y es incompatible con un amor a las hipótesis y meras opiniones, no podían ya ser reconocidas de modo general incluso a los nuevos grandes ulama o eruditos, dada su lejanía del fenómeno original y por las dificultades mencionadas.

Han quedado abiertas, sin embargo, la posibilidad aún de otros dos grados menores de ijtihad, dos grados de decisiones de criterio jurisprudencial enmarcadas en ambos casos dentro de las grandes escuelas de jurisprudencia formadas en los primeros siglos por los mujtahid mutlaq: el ijtihad dentro de la escuela para derivar normas legales (usando la metodología del gran Imam de la escuela), y el ijtihad dentro de la escuela para derivar o seleccionar fatwas (usando, asimismo, la metodología del gran Imam de la escuela, y la derivación de las normas de la Legislación Sagrada entendidas bajo la metodología respectiva).

Muy lejos de toda la humildad para acceder al conocimiento que caracterizó a los grandes Imames que fueron cada cual Mujtahid Mutlaq, y muy lejos de la transmisión fiel del conocimiento del Sagrado Corán y la Sunnah por parte de generaciones y generaciones de brillantes y geniales ulama, que reconocían sin embargo sus propias limitaciones en relación a los grandes Imames de la primera época del Islam, hoy se observa un gran desconocimiento en muchos musulmanes sobre este particular, y cada cual empieza a seguir su propia suposición, su mera hipótesis, sus propias inclinaciones disfrazadas de fatwas convenientes.

El Islam, para estas generaciones de súbitos 'líderes librepensadores islámicos' (Ibn Abdul Wahhab, Muhammad 'Abduh, Sayyid Qutb, Yusuf Qardawi, entre muchos otros), lejos de haber contribuido al resurgimiento de la grandeza y la pureza, la magnificencia y la nitidez del Islam, sólo ha venido, día a día, a posiciones más y más lejanas del Camino del Mensajero (saaws).

Y lejos de contribuir a la fortaleza del Islam, han contribuido, por su traición y rebeldía contra el conocimiento, a la debilidad de la fe de los musulmanes y por ende a su lamentable posición actual.

Tienen la osadía de compararse con la brillantez de vida, la luminosidad de espíritu y el conocimiento océanico de los grandes Imames herederos de los salaf as salihin, pero sus caminos disfrazan la ignorancia y la soberbia que invitan a cultivar bajo el nombre mismo del Islam.

Según una profecía del Mensajero de Allah, la bendición y la paz de Dios sean sobre él, uno de los signos de los últimos tiempos sería que la ignorancia sería llamada conocimiento y el conocimiento ignorancia.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario