jueves, 7 de junio de 2012

Los Siete Signos del Amor a Dios

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo




SIETE SIGNOS DEL AMOR A DIOS

Página original de Ihya Ulum ad-Din
De: Abu Hāmid Muhammad ibn Muhammad al-Ghazzālī, conocido como El Imam al Ghazzali [450-505 despúes de la Hijra - 1058-1111 era común], que Allah esté complacido con él.

En el Nombre de Allah, el Más Misericordioso, el Más Compasivo
La primera prueba es ésta: no debería desagradarles el pensamiento de la muerte, puesto que nadie se estremece por ir a ver a un amigo. 
El Profeta dijo: "Quien quiera que desee ver a Dios, Dios desea verle a él". 
Es cierto que alguien que ame sinceramente a Dios puede estremecerse ante la idea de que la muerte le venga antes de haber terminado su preparación para el otro mundo, pero, si es sincero, será diligente al hacer tales preparativos.
La segunda prueba de sinceridad es que un hombre debería estar deseoso de sacrificar su voluntad a la de Dios, debería adherirse a aquello que le acerca a Dios, y debería evitar aquello que le sitúa lejos de Dios. 
El hecho de que un hombre cometa pecados no es prueba de que no ame en absoluto a Dios, pero prueba que no le ama con todo su corazón. 
El santo Fudhail dijo a un cierto hombre: "Si alguien te pregunta si amas a Dios, mantente en silencio; porque si dices: No le amo, eres un infiel; y si dices Sí, tus hechos te contradicen".
La tercera prueba es que el recuerdo de Dios dhikr debe mantenerse sin esfuerzo siempre fresco en el corazón de un hombre, porque aquello que el hombre ama lo recuerda constantemente, y si su amor es perfecto nunca lo olvida. 
Sin embargo, es posible que no ocupando el amor de Dios el primer lugar en el corazón de un hombre, lo ocupe el amor del amor de Dios, porque una cosa es el amor y otra el amor del amor.
La cuarta prueba es que amará el Corán, que es la Palabra de Dios, y a Muhammad (la bendición y la paz de Dios sean sobre él), que es el Profeta de Dios; si su amor es realmente fuerte, amará a todos los hombres, pues todos son siervos de Dios; es más, sus amores abarcarán a toda la creación, porque aquél que ama a alguien ama las obras que compone y su escritura.
La quinta prueba es que codiciará el retiro y la privacidad con fines de devoción; ansiará la llegada de la noche para poder relacionarse con su Amigo sin estorbo ni obstáculo. Si a este retiro prefiere conversar de día y dormir por la noche, entonces su amor es imperfecto.
Dios dijo a David (la paz sea con él): "No intimes demasiado con los hombres; hay dos clases de personas que serán excluidas de mi presencia: aquellos diligentes para obtener recompensas y perezosos cuando las han obtenido, y aquellos que prefieren sus propios pensamientos a mí. La muestra de mi desagrado es que los dejo consigo mismos".
Verdaderamente, si el amor de Dios toma posesión realmente del corazón, todo otro amor queda excluido. Uno de los hijos de Israel tenía la costumbre de rezar de noche, pero observando que un pájaro cantaba muy agradablemente en un cierto árbol, empezó a rezar bajo aquel árbol para así tener el placer de escucharlo. Dios dijo a David que fuera y le dijera: "Has mezclado el amor por un pájaro melodioso con el amor por mí; tu categoría entre los santos queda rebajada". Por otro lado, algunos han amado a Dios con tanta intensidad que mientras se dedicaban a la oración sus casas se han incendiado y ellos no lo han notado.
La sexta prueba es que los actos de adoración de la religión se le hacen fáciles. Un cierto santo dijo: "Por espacio de treinta años realicé mis oraciones nocturnas con gran dificultad, pero durante una segunda etapa de treinta años se convirtieron en un deleite". Cuando el amor de Dios es completo, no hay alegría igual a la alegría de adorarLe.
La séptima prueba es que los que aman a Dios amarán a aquellos que siguen la voluntad de Dios, y repudiarán a los kuffar que dan la espalda al Mensaje que les envía Dios así como a los desobedientes, como dice el Corán: "Son inflexibles con los kuffar y tienen misericordia entre ellos [los creyentes]".
El Profeta (la bendición y la paz de Dios sean sobre él) preguntó una vez a Dios diciendo: "Oh señor, ¿quiénes son los que te aman?". Y la respuesta fue: 
"Aquéllos que se aferran a mí como un hijo a su madre, los que se refugian en el recuerdo de mí como un pájaro busca el abrigo de su nido, y se enfurecen al ver el pecado como un león enfurecido que no teme a nada".
Extraído de `La Alquimia de la Felicidad`

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