miércoles, 7 de julio de 2010

Bendiciones de la Noche de la Ascención


Otra noche sagrada ha llegado.  Desde el atardecer del 7 de julio, insha'Allah hemos entrado a la noche 27 del mes de Rayáb, en la que conmemoramos el Viaje Norcutrno y la Ascensión del Profeta Muhammad a los Cielos, la bendición y la paz de Dios sean sobre él.

A continuación, ofrecemos un texto acerca de uno de los acontecimientos ocurridos en dicha noche bendita.  Otros vínculos referidos a esta noche, son:



Celebrad esta noche bendita con una vigilia total o parcial, con abundantes salawat an nabi y con un ayuno voluntario insha'Allah mañana como agradecimiento a las gracias sublimes que mostró Allah, glorificado sea, a su siervo más amado Sayyidina Muhammad, sallallahu 'alayhi wa sallam.

* * *

El Árbol del Loto del Límite de la Creación

[ubicado en un nivel superior a los siete Cielos]

El Profeta (saaws) y Yibríl [el arcángel Gabriel] viajaron otra vez hasta que llegaron al límite absoluto del intelecto creado, llamado "El Árbol de Loto del Límite más Lejano." Allí, ellos vieron lo que la lengua no puede describir. El efecto que produjo en el Profeta la visión que ellos contemplaron es un secreto que tuvo lugar en su corazón. Un sonido vino a ellos desde arriba, que disipó parte del asombro del Profeta.

En ese momento, él vio un gran árbol que no se parece a ninguno de los árboles del paraíso, un árbol sin descripción, cubriendo todos los paraísos, cielos y universos. El tronco del Árbol era un enorme ángel llamado Samrafil. El Profeta no podía ver nada aparte de él. Creció desde un océano de almizcle infinito, inimaginable, indescriptible.

El árbol tenía un número infinito de ramas, creadas de un elemento celestial que no tiene nombre en un idioma creado. La distancia entre las ramas era de quinientos mil años luz y en cada rama había un número infinito de hojas. Si todos los universos creados fueran colocados en una de estas hojas, ellos desaparecerían como un átomo desaparece dentro de un océano de agua.

En cada hoja se sentaba un enorme ángel en una luz multicolor. Sobre su cabeza había coronas de luz y en sus manos bastones de luz. En su frente tenía la inscripción:

"Nosotros somos los habitantes del Árbol de Loto." Siempre en sus labios estaba el himno, "Alabado sea Dios, Quien no tiene fin." Son llamados los Serafines, "Los Ocultos", por que ellos son creados del absoluto secreto del Señor.

Desde el tronco del árbol brotaban cuatro vertientes. La primera era de agua pura, transparente, cristalina. La segunda era un río de leche blanca. La tercera era un río de vino, limpio y placentero, que eleva sin humillar. El cuarto era un río de miel pura mezclada con oro. Dentro del tronco estaba el nicho de oración de Gabriel, y sus constantes palabras de alabanza eran:

¡Al-lahu Akbar! ¡Dios es el más Grande!

¡Al-lahu Akbar! ¡Dios es el más Grande!

y siempre llegaba la respuesta desde arriba:

¡Yo soy el más Grande!

¡Yo soy el más Grande!

Luego Gabriel entró en su nicho de oración e hizo el llamado para rezar. Todos los serafines se pararon en filas y el Profeta los dirigió en la oración. La oración terminó y a todos los serafines se les ordenó dar sus saludos al Profeta, uno tras otro. Después de esto, un gran ángel salió por detrás del nicho de oración de Gabriel y le pidió al Profeta que se acercara.

El Profeta y Gabriel entraron al tronco de ese árbol y en un instante alcanzaron la visión completa de la creación. En la punta superior del árbol vieron a Adán y Eva, Noé, Abraham, Moisés, Jesús y a todos los otros profetas a quien habían visitado. A su lado vieron a todas sus respectivas naciones, sentados con ellos en espíritu junto con aquellos de la nación del Profeta que ya habían dejado este mundo. Todos estaban allí sentados juntos, felices, disfrutando en el amor y la belleza de la misericordia del Señor y alabándolo.

Ese Árbol de Loto porta el conocimiento de toda la creación de Dios, desde el comienzo del tiempo. Todo lo que es creado forma parte de él y esta contenido en él. Fue llamado el árbol "del límite más lejano", ya que todo termina en él y después de él empieza una vida nueva. Dios lo decoró con la luz de Su propia esencia. Tiene tres características: un continuo halo de luz extendiéndose sobre cada creación, un continuo placer llegando a todos desde la fruta de sus ramas, y una continua fragancia de sus flores, perfumando con belleza la vida de la creación.

[Compentio de narrativa del Mira'j en el árbol del Loto según transmisión de fuentes islámicas otomanas clásicas]


Miniatura famosa del Khamsa de Nizami, Tabriz, 1539-43

No hay comentarios.:

Publicar un comentario