jueves, 28 de marzo de 2013

Relato del Océano, el Maestro y el buscador

En el Nombre de Dios,
el Misericordioso, el Compasivo



Procedente de un relato oriental, seguido de algunas perlas doradas en el logro de la meta  

1

"Un grupo de devotos invitó a un maestro de meditación a la casa de uno de ellos para que los instruyera. El maestro dijo que debían esforzarse por liberarse de reaccionar en demasía frente a los hechos de la vida diaria, por lograr una actitud de reverencia, y por adquirir la práctica regular de un método de meditación que, a su vez, les explicó en detalle. El objetivo era darse cuenta de que la vida espiritual debe estar presente en todo. Es estar conscientes de esto no sólo durante el período de meditación, sino constantemente, en lo cotidiano. El proceso es como llenar un colador con agua.

El maestro hizo una reverencia ante ellos y partió. 

El pequeño grupo se despidió de él y luego uno de ellos se dirigió a los demás, echando chispas de frustración:

¡Lo que nos dijo es como decirnos que nunca podremos lograrlo! - ¡Llenar un colador con agua! Eso es lo que ocurre, ¿no? Al menos para mí. Escucho un sermón, rezo, leo algún libro sagrado, ayudo a mis vecinos con sus niños y ofrezco el mérito a Dios, o algo por el estilo y después me siento elevado. Mi carácter mejora durante un tiempo... no me siento tan impaciente, ni hago tantos comentarios sobre otras personas. Pero pronto el efecto se disipa y soy el mismo que antes. Es como agua en un colador, por supuesto. Y ahora él nos dice que eso es todo. 

Siguieron reflexionando sobre la imagen del colador sin lograr ninguna solución que los satisficiera a todos. Algunos pensaron que el maestro les decía que las personas como ellos en este mundo sólo podían aspirar a una elevación transitoria, otros creyeron que el maestro simplemente les estaba tomando el pelo.

Otros pensaron que tal vez se estaría refiriendo a algo en los clásicos que suponía que ellos sabían... buscaron, entonces, referencias sobre un colador en la literatura clásica, sin ningún éxito. 

Con el tiempo, el interés de todos se desvaneció, excepto el de una mujer que decidió ir a ver al maestro.

El maestro le dio un colador y un tazón, y fueron juntos a una playa cercana. Se pararon sobre una roca rodeados por las olas. - Muéstrame cómo llenas un colador con agua. - le dijo el maestro. Ella se inclinó, tomó el colador en una mano y comenzó a llenarlo con el tazón. El agua apenas llegaba a cubrir la base del colador y luego se filtraba a través de los agujeros. 

- Con la práctica espiritual sucede lo mismo -dijo el maestro - mientras uno permanece de pie en la roca de la personalidad e intenta llenarse con cucharadas de conciencia espiritual. No es ése el modo de llenar un colador con agua, ni nuestra esencia con vida espiritual. - Entonces, ¿cómo se hace? -preguntó la mujer. 

El maestro tomó el colador en sus manos y lo arrojó al mar. El colador flotó unos instantes y después se hundió. 

- Ahora está lleno de agua y así permanecerá -dijo el maestro.  Ese es el modo de llenar un colador con agua y es el modo de realizar la práctica espiritual. No se logra vertiendo pequeñas dosis de vida espiritual en la individualidad, sino arrojando la individualidad dentro del mar de la vida espiritual."


2


El anhelo universal del buscador espiritual, la inmersión en el Océano final.  Dios es la fuente de toda bendición.

Es precisamente sobre esta extinción en Dios -fanafillah-, que el siervo santo, el renombrado Hazreti Abdulqadir al Yilani, bajo la experiencia y maestría personal de que generosamente le dotó Dios, nos dejó escrito lo siguiente:


"Pídele a Dios por el contentamiento o aniquilación, porque es el más grande confort y el único paraíso elevado en este mundo; es la principal puerta de Dios, y la razón del Amor de Dios para con Su creyente servidor. 

Cuando Dios ama a alguien, El no lo castiga en este mundo ni el Más Allá, ya que allí yace en contacto (luhuq) con Dios y la unión [sin identificación o encarnación] con El. 

No dediques tus esfuerzos en buscar golpes de suerte y cuotas de buena fortuna, tanto si éstas se encuentran en tu destino o si tú estás procurando por ellas. Si no están destinadas a ti, el esfuerzo por obtenerlas es mera estupidez, necedad e ignorancia, y existe un dura castigo de acuerdo al dicho:

"Uno de los más duros castigos es perseguir aquello que está destinado a nunca ser obtenido".

Por otro lado, si están destinados a ti, tu preocupación por ellos es debido a tu avaricia, codicia y una lealtad fragmentada desde el punto de vista del servicio y el genuino amor, porque el preocuparse de cualquier otra cosa que no sea Dios deriva en el pecado de asociación [shirk oculto].

El buscador de buena fortuna no es honesto en su amor y amistad, de manera que cualquiera que necesita a otros aparte de Dios debe ser un mentiroso, y su pedido de recompensa por su labor no es sincero.

Aquél que es sincero servirá a Dios sólo por saldar su deuda con el Señor, pagándole con la devoción debida a un amo por derecho, para que el Señor de la Verdad lo posea y lo faculte en su trabajo, en su obediencia tanto en la acción o en reposo, y en todo aquello que él pueda adquirir.  El servidor pertenece a su maestro, a lo largo de todo lo que posee. 

Ciertamente, como hemos explicado, todos los actos de adoración y servicio son una bendición de Dios y un favor con Su sirviente, ya que es Dios quien le ayuda a realizarlos y cumplir con ellos. Por lo tanto, es mejor y más digno el ocuparnos de dar gracias a Dios, antes que rogarle que nos recompense por tales actos.

Por otra parte, ¿cómo puedes tu dedicarte a la búsqueda de oportunidades fortuitas, cuando ves con certeza cómo es y está la mayoría de la gente? En los momentos que tienen mucha fortuna, y disfrutan de una larga cadena de placeres, beneficios y riqueza, se vuelven más rencorosos de Su Señor, más descontentos y desagradecidos por Sus bendiciones, mientras que sus preocupaciones e inquietudes se incrementan, y sienten que necesitan de cosas que no les han sido dadas como las que ya poseen.

Desperdician sus vidas, sus energías decrecen, su riquezas se disipan, sus cuerpos se fatigan, sus frentes comienzan a sudar, el registro de sus acciones se empaña por sus muchas ofensas, cometen terribles pecados en su búsqueda, y abandonan los mandatos de Su Señor. Ellos nunca alcanzan sus objetivos y dejan este mundo en bancarrota; "vacilantes, no se pronuncian ni por unos ni por otros" (Sagrado Corán 4:143).

No agradecen a su Señor lo que poseen y lo que El les ha asignado, y fallan en utilizarlo para Su servicio. Lejos están de compartir con otros lo que poseen y desperdician sus vidas en este mundo y en el Más Allá. Ellos son lo peor entre las criaturas, los más ignorantes, tontos y carecen de intelecto y comprensión.

Su hubiesen aceptado el decreto y destino de Dios, si estuviesen satisfechos con el regalo de la providencia, y fuesen obedientes con el Señor, todo lo que poseen lo tendrían y disfrutarían sin preocupaciones ni cansancio. 

Entonces, serían invitados y llevados a la proximidad del Más Elevado, y en la Divina Presencia encontrarían lo que buscan y desean.

Quiera Dios incluirnos entre aquellos que aceptan placenteramente Su decreto, quienes rezan por ello y por la aniquilación en El, por preservar su estado espiritual y por ayudar en alcanzar aquello que Dios ama y obtener Su aceptación!"


Palabras del Discurso 53 (Acerca del mandato de buscar el contentamiento con Dios y la aniquilación -fana'- en Él), del libro "Futuh al Ghaib" [Aperturas de lo No Visto] del siervo de Dios, el Maestro Abdulqadir al Yilani.

El renombrado maestro nació vivió del 1077 al 1166 de la era común / 470 - 561 de la era islámica, y fue descendiente por sangre y seguidor impecable del Maestro Sublime, Muhammad, el Mensajero de Dios, Profeta del Islam, la bendición y la paz de Dios sean sobre él.


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