domingo, 31 de mayo de 2009

Revolución femenina antifeminista


No sólo las mujeres musulmanas, desde la vivencia profunda de su femineidad, comprenden la guerra contra la mujer que la civilización capitalista de hoy en día libra diariamente (de paso, también contra el hombre, o quizá primero, históricamente, contra él).

Por más esfuerzos que se han hecho desde las campañas feministas para presentar los 'logros' de su revolución, al igual que de todas las precedentes y posteriores revoluciones secularistas, la destrucción del ser humano en esta época no puede ocultarse a quienes aún son capaces de pensar desde la voz de sus espíritus.

Algo anda profundamente mal en las sociedades contemporáneas. Y así lo ha señalado, en un libro altamante polémico, una autora alemana, no musulmana, a sus compatriotas.

La mujer de quien hablamos: Eva Herman. Su libro: El Principio de Eva. Por una Nueva Femineidad. Hoy, tras una vida progresista feminista ejemplar en su carrera, se ha convertido en figura prominente de un movimiento europeo de revaluación de la femineidad anti-feminista.


A continuación, presentamos dos extractos de sendas entrevistas que concedió, la primera fue publicada online el 22 de setiembre de 2005 por la revista argentina Para Ti, y la segunda es un extracto de una entrevista concedida al periódico español La Vanguardia publicada el 2 de abril de 2008.


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De la entrevista a ParaTi.


Eva Herman atiende el llamado telefónico de Para Ti desde su casa de Hamburgo. Hasta hace dos semanas, esta periodista de 47 años, era “la cara” del noticiero de TV más popular de toda Alemania. Pero cuando publicó el libro El principio de Eva. Por una nueva femineidad, desató una polémica feroz. Por el tono de su voz, se la escucha tranquila y no parece nada preocupada por las durísimas críticas que recibe desde que presentó su libro, el 7 de septiembre pasado.

Opina que es negativo que las mujeres estemos tantas horas fuera del hogar, y los principales medios alemanes afirman que, de este modo, “ha logrado que todos hablen de ella”. Las feministas, por su parte, no ahorraron críticas. En esta nota, explica su postura y se defiende.

–¿Cuál debe ser el rol de la mujer, según tu libro?

–El rol primario de las mujeres es tener un hogar, conformarlo. Y en la medida en que están agotadas por trabajar todo el día no pueden hacerlo, no pueden cumplir. Algunos medios europeos publicaron que yo dije que las mujeres tienen que volver a la cocina. En ningún momento dije eso, y quisiera distanciarme de esa frase, porque no es lo que pienso.

–¿Y qué es lo que pensás? ¿Que trabajando estamos retrocediendo?

Creo que las mujeres hemos hecho grandes avances, en muchos aspectos. Estamos mucho más avanzadas que hace treinta o cuarenta años. Cada mujer debe decidir libremente el camino a seguir. Pero lo que sí pienso es que, cuando una mujer tiene hijos, debe revisar su vida y repensar un poco qué es lo que quiere hacer. Porque en Alemania es política y socialmente correcto que una mujer a las pocas semanas de tener un hijo ya lo deje en un jardín. Y esto tiene graves consecuencias para los niños…

–¿En qué te basás para decir eso?

–De hecho existen, desde los años ‘50, muchos estudios internacionales –no sólo en Alemania, sino también en América– que comprueban que los chicos sienten una gran presión cuando son separados de la madre a edad muy temprana. Además, van cambiando de manos, porque el personal de esos jardines cambia todo el tiempo. Y esto trae como consecuencia que los chicos no pueden construir una forma consistente de relacionarse. Esto, a su vez, se traslada a la edad madura, y se convierten en individuos con problemas en su capacidad de establecer relaciones. Y, por lo tanto, eso deriva en una sociedad que se quiebra: de ahí las altas tasas de divorcio, las bajas tasas de natalidad (N. de la R.: 1,3 hijos por mujer en Alemania), y los ancianos que son enviados a los geriátricos…

–¿Por qué están tan enojadas las feministas con tu libro?

–El movimiento feminista, surgido en Alemania hace cuarenta años, les hizo creer a muchas mujeres que ellas pueden alcanzar todo y que tienen las mismas capacidades que los hombres. Pero el problema es que, desde un punto de vista biológico y evolutivo, las mujeres tenemos otras características que los hombres, una sensibilidad distinta. Esa femineidad nos distingue de los hombres y en la medida en que queremos adoptar roles masculinos, la perdemos.

La vida de Eva

Herman condujo durante dieciocho años el programa más visto de la televisión pública alemana, el noticiero “Tagesschau”, que se emite a las ocho de la noche. Pero ahora dejó su rol de conductora. Algunos rumores, difundidos por medios alemanes, dijeron que la emisora donde conducía el noticiero recibió miles de llamados de mujeres indignadas por su postura, y que por eso le “sugirieron” que diera un paso al costado. Pero una de sus voceras lo desmintió: “Fue una decisión tomada por ella, porque le parecía que ya no podría mantener la objetividad necesaria después de publicado su libro. Además, sigue conduciendo un popular talk show”, dice Susanne Stock, quien se sorprendió al recibir el primer contacto desde Argentina. “No puedo creer que estén llamando de tan lejos. Ustedes son el primer medio del continente americano que nos llama”, afirma.

La polémica Eva vive con su cuarto marido, el empresario Werner Herrmann, de 40 años. Y con ellos, su único hijo, Sam, de 9 años, de un matrimonio anterior. También tiene dos perros y veintisiete peces, según cuenta en su página web (http://www.eva-herman.de/).

–Vos sos una mujer europea, una periodista exitosa que no depende económicamente de su marido… ¿No decís todo esto desde un lugar de “superada”?

–Ese es un reproche que en Alemania se me hizo a partir del libro. Me dicen: “Cómo puede ser, si usted está en una situación totalmente distinta…”. Pero toda mi vida he trabajado mucho, tengo un hijo y hace bastante que me ocupo de este tema. He escrito ya dos libros sobre chicos, y tengo cierto conocimiento. El problema fundamental es que el desarrollo económico de los últimos años en Alemania ha hecho que los hogares requieran dos ingresos mensuales. Entonces, hay mujeres que quieren salir a trabajar, y me parece perfecto. Pero las que no quieren, y preferirían permanecer con sus niños tienen dos problemas: el financiero, porque se necesitan dos ingresos en cada hogar. Y el segundo problema es que pierden aceptación social, porque una mujer que es sólo ama de casa es vista como una tonta.

–Según las estadísticas, sólo el 6 % de tus compatriotas quiere depender económicamente de sus maridos. ¿Vos qué proponés?

–Mi primera propuesta es abandonar el tabú de no hablar al respecto, porque tenemos que hablar sobre esto. Y la segunda, es ponernos a pensar un poco más en lo que pasa cuando entregamos a nuestros bebés de ocho semanas a otras personas. Además, en Alemania tenemos el problema, por ejemplo, de que no se limita la cantidad de chicos que podemos dejar al cuidado de una niñera o asistente. Y mi tercera propuesta es exigir que mi Gobierno reconozca socialmente a la mujer que decide quedarse en su casa a cuidar de sus hijos: deberían cobrar por eso. Yo sólo me pregunto: ¿somos todavía mujeres? Un año después de separarme del padre de mi hijo, perdí el pelo, me bajó el nivel de estrógeno y me subió la testosterona. Estaba en camino de masculinizarme…

Cómo ganar amigas

... La ex Ministra de Familia alemana, Renate Schmidt, fue una de las que le pegó duro. Dijo que Herman “tiene la visión del mundo de una Barbie”, y que sus opiniones son “las del siglo XIX”.

“No quiero reaccionar ante esos ataques –responde–. Para mí rigen leyes mucho más elevadas como son las leyes de la creación. Y las mujeres tienen por naturaleza el encargo de crear y procrear. Desde hace décadas, las mujeres están violando estas leyes que aseguran la supervivencia de la especie. En mi libro, yo hablo de Schmidt, porque cuando ella era ministra, en 2005, sacó una ley por la cual se amplió mucho la red de guarderías para niños menores de 3 años. Y eso es probadamente un error, porque durante su mandato la situación demográfica empeoró muchísimo. Ella se siente atacada y responde con un ataque personal hacia mí. Creo que deberíamos dejar de discutir en un plano personal y empezar a buscar acuerdos y soluciones.

En Hamburgo, que es la ciudad más rica de Alemania, sólo el 18 % de los hogares tiene niños. ¡Y eso es alarmante!”, dice ella ...

–Sostenés en tu libro que la baja natalidad llevaría al fin de la especie. ¿Es una frase de impacto para vender más?

–En el año 2050 la mitad de la población en Alemania será joven y la mitad será vieja. Y si seguimos así, hacia el fin del milenio prácticamente no habrá gente joven. Es lo mismo que sucedió con el pueblo romano, griego, el egipcio. Siempre empezó de esta manera, una sociedad de bienestar, de consumo, que termina desapareciendo. Entonces, no entiendo cómo con estas cifras, cuando la población está cada vez más enferma, más gorda y cuando es evidente que vamos en esa dirección, la gente reacciona de esta manera, cuando lo que tiene que hacer es ¡enfrentarse con la realidad!

–¿Creés que el feminismo fracasó?

–Simplemente me pregunto si la emancipación no ha sido un error. Insisto: hemos ganado en derechos muy importantes, como los que nos protegen de la violencia doméstica, por ejemplo. Pero sólo deberíamos preguntarnos, en este camino de auto-realización, qué ganamos y qué perdemos. No sólo con respecto a nosotras mismas, sino sobre todo con respecto a los demás: nuestros maridos y nuestros hijos.

...

-Pero hablás de casarte con un solo hombre y ya te divorciaste tres veces. De hecho ya estás con tu cuarto marido…

–Sí, me casé cuatro veces, pero fue en un plazo de treinta años. Hay mujeres que no se casaron nunca y sin embargo tuvieron muchas más relaciones que yo. Siempre me he tomado las relaciones muy en serio, y justamente esas relaciones se terminaron porque privilegié mi carrera. Y esto hace que hoy pueda reconocer ese error y a partir de esa experiencia escribí el libro. Hoy pienso que si volviera a nacer me casaría, dejaría que mi marido trabajase, trataría de tener cinco hijos en vez de uno, y sería madre más joven, y me ocuparía de ellos. Además, a las mujeres de 35 que me dicen “sí, quiero tener hijos pero no tengo tiempo, lo haré más adelante”, les advierto: no es tan así, no tienen tanto tiempo. Porque si empezás a los 38, lo más probable es que vayas a tener un solo hijo. Creo que hoy las mujeres no planeamos, dejamos todo librado a la casualidad.
–Si hubieras tenido esa vida que describís, ¿habrías sido tan exitosa?

–Y, seguramente, todo habría sido distinto y no sería una periodista exitosa, pero tal vez no habría sabido que podía ser una periodista exitosa… Entonces pensaría (se ríe con ironía) que no me falta nada. ¡Quizás habría hecho un libro sobre mis cinco hijos y sería también un best seller! Pero de algo no tengo dudas: hoy soy una mujer muy feliz.


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De la entrevista a La Vanguardia

Usted, periodista famosa, sí quiso triunfar: no se quedó en casa con los niños.

Me di cuenta demasiado tarde de la estafa capitalista y progre del sistema. Durante 25 años quise ser la mejor: fui presentadora de televisión y a los 38 años, casi fuera de tiempo, por fin me decidí a tener un hijo. ¡Cuánto me arrepiento de no haberme dedicado más al hogar y a los hijos que pude tener!

¿No se puede ser madre y profesional?

El gran engaño es hacernos creer que se puede. Es un timo en el que colabora el gran capital de las empresas y los empleadores y las feministas y el integrismo izquierdista que les dan cobertura al intentar convencernos de que nos hacen un favor al librarnos de las servidumbres del hogar.

La tecnología reproductiva ha prolongado la fertilidad de la mujer hasta los 50.

¡Falso! Eso es antinatural, patológico. Es forzar la evolución natural de los vínculos afectivos: violar la naturaleza con métodos artificiales y castigar a los niños a tener padres con edades inadecuadas. Pero es que, además, es una tontería…

Yo creo que las mamás - tengan la edad que tengan- merecen amor y respeto. …

Pero ¿por qué forzar la naturaleza? ¿Por qué no tener los hijos cuando el cuerpo está preparado? ¿Sólo a cambio de quemarnos en un trabajo que sólo hará ricos a los empresarios? ¿Qué agradecerá más nuestro hijo, la carrera de mamá o tener más salud por haber sido parido a la edad adecuada?

Si quiere, yo también le cuento historias tristes de amas de casa frustradas por no tener carrera y cargadas de niños.

La frustración de esas mujeres no es biológica: son víctimas de la desestructuración de la sociedad, pero han acertado al aceptar que son mujeres y obrar en consecuencia.

¿No se puede ser mujer realizada y feliz sin ser madre? Si quiere, doy ejemplos.

No todas las mujeres tienen la vocación de ser madres. Lo que sí digo es que la maternidad forma parte de la feminidad. ¡Y no vuelvan a llamar maruja a ninguna mujer!

Apodo canalla, en efecto.

¿Lo ve? La mujer que ha decidido realizar su papel de madre es condenada por los progres como una boba maruja neurótica y ridícula que se queda en casa cuidando niños, plantas y perros y consumiendo telebasura.

También las hay que gozan al contemplar los infinitos rostros de su bebé.
Y otras leen. Yo no digo a nadie qué debe hacer con su vida, pero pido respeto para quienes quieren dedicarse a ser madres.

La reacción la debe de aplaudir a usted.
¡La reacción feminista e izquierdista es la que me odia! ¡Cuánto integrismo se camufla con etiquetas progres! Cuando hice públicas mis opiniones sobre la familia, las feministas enviaron cientos de cartas a mi director para que me relevaran como presentadora de los informativos de la tele alemana…


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