Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

viernes, 9 de enero de 2026

Los Santos de Dios que cargan la desgracia del mundo

En el Nombre de Dios,
el Misericordioso, el Compasivo


Sayyidi Shaykh Nazim (qs) a edad avanzada


CUANDO LOS SANTOS DE DIOS CARGAN LA DESGRACIA DEL MUNDO


"Estos santos tienen el poder, y por tanto el deber, de cargar con el mal y la desgracia de los demás ... Sienten la calamidad inminente, asumen el mal, la enfermedad y el sufrimiento que afligen a otras personas, les donan años de su propia vida.
El santo ejerce su autoridad no sólo sobre los humanos, sino también sobre los animales y sobre toda la naturaleza.
A la cabeza de esta jerarquía hay un hombre de santidad suprema llamado el Polo.
Así, Shams ed-Din Mohammed ibn al-Hasan al-Hanafi, al proclamarse el Polo universal de su tiempo, se define en esta singular misión:
«Juro por Dios que la dignidad del Polo pasó a nosotros cuando éramos adolescentes. No la buscamos, Dios nos la confirió. El Polo, cuando asume este grado, soporta todos los problemas y dolores del mundo entero, como el soberano más poderoso, o mejor dicho, incluso más que los soberanos».
Un discípulo de Ahmed ibn Abi al-Husein ar-'Rifai le dijo:
«Sayyidi, tú eres el Polo».
Su maestro le respondió: «En absoluto».
«Pues entonces tú eres el Ghawth [el Socorredor]», insistió el joven (El Ghawth es el nombre que se da a veces a un santo más grande que el Polo).
«En absoluto». La superioridad espiritual de Ahmed le situaba por encima de cualquier jerarquía de santidad.
Su sirviente Ya'kub atestigua:

«Cuando Sidi Ahmed contrajo su última enfermedad, le dije:
'Esta vez la novia [la muerte] se te mostrará sin su velo'.
Me respondió: 'Sí'.
Le pregunté por qué [estaba seguro de ello] y me explicó:
'Han ocurrido cosas que he redimido con mi vida'.
Una inmensa calamidad se cernía sobre la humanidad y yo la asumí y la llevé, comprándola con lo que me quedaba de vida; el intercambio ha concluido'.
«Diciendo esto, lloró y arrastró su rostro y su blanca cabellera por el polvo. ¡Indulgencia, indulgencia!, gritó.

Dios mío, haz de mí un refugio contra la calamidad de estas criaturas!'»"

Traducido de un fragmento de la obra de Filippo Liverziani (autor cristiano italiano que en su texto se admira a profundidad de las vidas de los awliya).

* * *

La ofrenda del sacrificio es un acto espiritual de intimidad, de súplica, de entrega a Dios, no un acto legal en que se paga el pecado ajeno por un inocente que se hace sustituto.

No debemos confundir entonces estas experiencias, con el llamado "sufrimiendo vicario" (a diferencia de lo que ocurrió en la teología cristiana). 

El sufrimiento vicario consistiría en aceptar que Dios acepta castigar a un inocente en lugar del culpable, lo que contradice la doctrina de la responsabilidad personal coránica.

Pero sí es concebible -y ocurre- que un santo o un Profeta sufra, interceda, y entregue a Dios el valor de aceptar un sufrimiento para elevar a otros o aminorar castigos. No s epaga el pecado de otros, pero sí se atrae misericordia.


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