Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

jueves, 6 de agosto de 2026

Castigado por pensar: este sabio no se arrodilló ante el sectarismo

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

 


CASTIGADO POR PENSAR: LA VENGANZA DEL SECTARISMO

El texto que sigue no es solamente el lamento de un sabio herido: es una acusación contra una cultura que se beneficia del conocimiento de sus hombres libres, pero los abandona cuando se niegan a someterse. Y no se trata solo del poder político, se trata de algo mucho más profundo.

El shaykh ´Adab al-amsh es un sabio de vastísima formación, con décadas dedicadas al estudio, la investigación, la enseñanza universitaria y el servicio al conocimiento islámico. Sin embargo, su independencia intelectual y su negativa a convertir las escuelas, las identidades sectarias o las autoridades heredadas en objetos de obediencia incuestionable tuvieron un precio devastador, como él mismo lo expresa en estas líneas de tono sumamente personal.

Publicaremos después la reflexión posterior de él mismo, después de que él recibiera un sorprendete comentario a las palabras que aparecen traducidas a continuación. 

 

Asuntos sociales:

¿Estás arrepentido?

En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.

Uno de mis antiguos amigos vino a visitarme. Al verme cabizbajo y triste, incapaz de conversar con él y atenderlo como correspondía a un huésped querido, me dijo:

—Allah, exaltado sea, dice: «Y si se os dice: “Regresad”, entonces regresad; eso es más puro para vosotros».

Si mi visita no es oportuna, me marcharé sin molestarme, ¡por Allah! Pero ¿qué te sucede? Cuéntamelo. Me entristece verte enfermo, afligido, como si no fueras tú mismo.

Le dije:

—No te recuerdo antes del tercer grado de primaria. Nuestra amistad se mantiene desde entonces hasta hoy. Vivimos juntos ocho años en la noble Meca, seis años en Iraq y cerca de diez años en Jordania. ¿Lo recuerdas?

Me miró fijamente, con sorpresa, y respondió:

—¡Por supuesto que lo recuerdo, con todos sus detalles!

Le pregunté:

—¿Tú me tienes miedo?

Respondió:

—¡Por Allah, eres una persona intimidante! Pero yo no te temo, porque respetas a tus maestros y colegas, eres paciente con ellos, y jamás he oído que hayas insultado o golpeado a ninguno. Por eso no te tengo miedo. ¿Qué pretendes con esta pregunta?

Le dije:

—Soy musulmán, creyente y practicante de la excelencia espiritual, según creo. Soy profesor universitario y poseo los grados de licenciatura, maestría y doctorado, todos obtenidos con calificación de excelencia.

Tengo más de veinte libros publicados y más de cien investigaciones, además de mi labor de edición crítica, verificación y documentación de las cadenas y fuentes de los Ṣaī de al-Bujārī, Muslim e Ibn ibbān.

¿No resulta llamativo que ninguna universidad, facultad ni instituto haya querido contratarme para enseñar desde 1996 hasta nuestro encuentro de hoy, en la noche del primero de agosto de 2026?

¿Soy acaso la persona más ignorante de toda la comunidad que posee un doctorado?

¿Soy el peor doctor del mundo árabe?

¿Cometo, según lo que tú conoces de mí, actos obscenos o inmorales?

¿Es realmente mi situación un decreto divino coercitivo, mediante el cual Allah, exaltado sea, quiere empobrecerme hasta el punto de que no he tenido ingreso económico alguno desde el 1 de enero de 2018 hasta este mismo instante?

Todos mis gastos han sido cubiertos mediante préstamos benévolos sin interés, cuya cuantía ya alcanza cientos de miles de dólares. Temo morir antes de poder devolverlos, y temo que, debido a su enorme magnitud, mis hijos se nieguen a pagarlos después de mi muerte.

¿Debo decirte, hermano mío, que ya no encuentro a nadie que quiera prestarme dinero, del mismo modo que tampoco encuentro a nadie dispuesto a comprar el excelente terreno que heredé de mi padre —que Allah, exaltado sea, tenga misericordia de él— para que pueda pagar mis deudas con su valor?

¿Hasta tal punto merezco este castigo y esta privación, mientras muchos doctores que fueron alumnos míos encuentran empleos con salarios elevados que los libran de la angustia de las deudas abrumadoras?

Dime, por Allah: ¿por qué tú posees una casa en amā, un apartamento en Damasco, un automóvil y decenas de miles de dólares, cuando únicamente tienes una licenciatura?

Mientras que yo no he podido comprar ni siquiera una habitación ni una bicicleta, y no poseo un solo dólar, salvo aquello que consigo prestado.

¿Es esta la justicia del Sapientísimo Proveedor?

¿O es la injusticia de los musulmanes?

Mi amigo me respondió:

—¿Acaso sé yo algo que tú ignoras? ¿Qué podría contestarte?

Sin duda, Allah, exaltado sea, posee una sabiduría en este sufrimiento tuyo. Pero es imposible que tú atribuyas injusticia al Señor de los mundos. ¡Lejos de ti semejante pensamiento!

¡Oh, shayj Adab! Tú no te pareces a ninguno de los sabios ni de los doctores, y ninguno de ellos se parece a ti.

En realidad, no perteneces, en las cuestiones doctrinales e intelectuales, a ninguno de los madhhabs de Ahl al-Sunna.

Proclamas abierta y públicamente que no eres de Ahl al-Sunna y que no consideras que Ahl al-Sunna sean, por sí solos, la gente de la verdad y el grupo salvado, ni que ellos sean toda la comunidad musulmana mientras los demás se encuentran extraviados.

¡Y no solamente eso!

También has dicho que no te consideras obligado a imitar a Abū Bakr, ʿUmar, ʿUthmān, ʿAlī, etcétera.

Ahl al-Sunna es una corriente con límites que no deben ser traspasados. Cada uno de sus madhhabs posee sus propios fundamentos, filosofía y sabios, mientras que tú no consideras que todo eso merezca ser sacralizado.

Y quienes no pertenecen a Ahl al-Sunna te consideran un enemigo encarnizado.

Mañana y noche arremetes contra los rāfiíes, ridiculizas sus mentes y sus creencias y desacreditas a sus sabios.

Declaras incrédulos a los nuṣayríes, los drusos, los ismailíes y los yazidíes, así como al nacionalismo, el secularismo, el judaísmo y el cristianismo.

¿Y después esperas que los musulmanes y los no musulmanes sean justos contigo?

Según mi apreciación personal, todos se benefician de tu conocimiento cuando este fortalece su confianza en sus propios madhhabs y tendencias, pero apartan la vista de aquello que contiene una crítica o menoscabo de sus propias posiciones.

Tú mismo afirmas que quien se limita a imitar es ignorante, aunque posea un doctorado. Eso significa que toda la comunidad es ignorante, porque todos los sabios son imitadores.

Por eso no me parece justo que pidas a la gente que se preocupe por tu sufrimiento, tus enfermedades y tus necesidades.

Además, ahora no puedes caminar ni cien pasos sin ayuda.

Es decir, han transcurrido setenta y nueve años de tu vida, durante los cuales soportaste sus pruebas y dificultades. ¿Acaso eres ahora incapaz de soportar lo que queda de estos «días del ocaso»?

Y a vosotros, hermanos míos y queridos amigos de mi página, os pregunto:

¿Merece una persona de pensamiento libre pasar toda su vida en la pobreza, la opresión y el desconocimiento?

¿Contiene esta publicación una lección para toda persona libre, íntegra y honorable, cuya conclusión sería la siguiente: «Guárdate de contradecir al sectarismo abominable y a sus caciques, al estrecho confesionalismo y a sus guardianes, y a los políticos serviles y despreciables y a sus secuaces»?

Y alabado sea Allah en toda circunstancia.

ʿAllāmah al-Sharīf 'Adāb al-amsh al-usaynī, que Allah le proteja.

Traducido de su página personal de Facebook. 

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Oh Allah bendica a Shaykh ´Adab y dale buena salud y amplios medios y que su legado sea preservado con espíritu renovado de investigación por nuestras generaciones.

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