Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

domingo, 9 de agosto de 2026

Castigado por pensar: la respuesta del sabio ante la acusación

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

 

El noble Shaykh ´Adaab al Hamsh al Husseyni
de Siria

Publicamos el segundo texto de Shaykh ´Adaab, en respuesta al comentario recibido por un sabio, tras la publicación de su primer texto.

Además de reflexiones personales y éticas, de notable interés, la parte doctrinal de este segundo texto, referida a la comprensión de la historia islámica inicial, los Sahaba, Ahlul Bayt, los Califas Rectos, el Imam ´Ali, la transmisión de hadices y otros aspectos relacionados, se encuentra a partir de la reflexión Cuarta de este texto.

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Por la causa del conocimiento: diálogo con un sabio sirio

En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.

«Y di a Mis siervos que digan aquello que sea mejor, pues ciertamente Satanás siembra la discordia entre ellos. En verdad, Satanás ha sido siempre un enemigo manifiesto del ser humano» [Corán, 17:53].

Prosiguiendo:

Mi publicación de ayer, «¿Estás arrepentido?», recibió más comentarios de lo habitual.

Entre ellos se encontraba este provechoso y beneficioso comentario con el que me honró mi hermano, su eminencia el doctor y shaykh Yayā al-Ghawthānī al-Dimashqī. He aquí sus palabras:

«Distinguido doctor al-Sharīf ʿAdāb:

He leído tu publicación y he sentido el dolor y la tristeza que experimentas.

Tengo algunas observaciones y espero que las recibas con amplitud de pecho y con la mente de un sabio consciente.

1. ¿No consideras que tu publicación contiene una objeción contra Allah, el Justo?

Y ello a pesar de que sabes con certeza que los más grandes santos consideraban que la privación era, en sí misma, la concesión.

2. La segunda cuestión es un consejo procedente de alguien que desea el bien para ti, especialmente ahora que te aproximas a los ochenta años: arrepiéntete ante Allah de toda palabra que haya implicado un menosprecio hacia los cuatro califas y hacia los demás Compañeros, y comparece ante Allah con un corazón semejante al de nuestro señor ʿAlī respecto de Abū Bakr y ʿUmar —que Allah esté complacido con todos ellos—.

Los grandes santos han advertido contra la caída en el menosprecio de los Compañeros.

3. ¿Tienes la valentía de decir:

“¡Allah mío! Me arrepiento ante Ti de todo desliz de mi lengua y de toda palabra que haya pronunciado contra los Compañeros del Mensajero de Allah (), que no Te complazca, siendo que Allah ha testimoniado el bien acerca de ellos”?

4. Aunque esto ocurriera únicamente entre tú y Allah, si Allah viera en ti sinceridad al dirigirte hacia Él, Allah es Generoso, y cuando el Generoso concede, deja maravillado.

5. Te recuerdo algo que tu conocimiento no ignora: lo que ha sucedido con muchas personas que se retractaron de aquello que habían sostenido durante largos años, y a quienes Allah concedió un buen final.

6. Pido a Allah —exaltado sea— que salde tus deudas y abra tu pecho hacia aquello que Él ama y Le complace».

Fin de su comentario.

Responderé a cada uno de estos seis párrafos mediante una contestación breve y apropiada.

Primero: te agradezco mucho que hayas pasado por mi publicación, que hayas comentado y que me hayas expresado tu solidaridad.

Segundo: mi pecho es sumamente amplio y me alegra dialogar con personas virtuosas y educadas como tú.

Tercero: sé con certeza —tal como has tenido a bien señalar— que, cuando la privación procede de Allah —exaltado sea—, constituye la concesión misma.

Pero cuando procede de los siervos musulmanes de Allah, se trata de injusticia, arbitrariedad y necedad; más aún, de vileza.

¿Cómo podría objetar contra Allah —exaltado sea—, cuando me ha concedido dones cuya reunión en una sola persona es poco frecuente entre los hombres de esta época?

1. Allah —exaltado sea— me ha concedido el Islam, la fe y la excelencia espiritual en el grado más elevado que cabe alcanzar. En correspondencia con ello, me ha honrado con prodigios espirituales grandiosos y más numerosos de lo que puede contarse.

2. Me ha honrado con un linaje noble, que es la vestidura más elevada, honorable y pura que un musulmán puede vestir después de todo lo anteriormente mencionado, pues es el mejor y más puro linaje del Islam.

3. Allah —exaltado sea— me ha honrado con la elocuencia, la expresividad, la oratoria y la belleza de la voz.

4. Allah —exaltado sea— me ha honrado permitiéndome memorizar Su Libro y la Sunna de Su Mensajero, y comprenderlos conforme a los métodos de expresión de la lengua árabe.

¡No mediante la imitación de un predecesor virtuoso ni de un predecesor perverso!

5. Allah —exaltado sea— me ha honrado con la valentía, la generosidad, el altruismo, el auxilio de los afligidos y la asistencia a las mujeres y a los débiles, como bien saben muchas de las personas que me rodean.

6. Allah —exaltado sea— me ha honrado con la pureza, la castidad y el completo alejamiento de los pecados graves y de todo aquello que menoscaba la dignidad personal.

7. Allah —exaltado sea— me ha honrado con un conocimiento extenso, con la excelencia en la composición de obras y con la profundidad en la investigación científica.

Los comerciantes de libros me han informado de que mis obras se encuentran entre los libros de conocimiento más vendidos en las ferias del libro.

8. Allah —exaltado sea— me ha honrado permitiéndome escribir veinte mil páginas de obras e investigaciones, además de veinte mil páginas de contenido cultural que he publicado en esta página de Facebook.

9. Allah —exaltado sea— me ha honrado permitiéndome verificar, documentar y estudiar las cadenas y fuentes de los Ṣaī de al-Bukhārī, Muslim e Ibn ibbān, así como el Libro de las invocaciones y Los cuarenta hadices del imam al-Nawawī.

10. Allah —exaltado sea— me ha honrado con cinco esposas virtuosas y con dieciocho hijos nacidos, aparte de los embarazos perdidos.

Seis de ellos nos precedieron hacia la otra vida: dos mártires, ʿAlī y al-usayn, y otros cuatro que murieron siendo pequeños.

Todos ellos, al igual que su padre, gozan de buena salud, de integridad de los sentidos y de belleza en el rostro y en la constitución física.

11. Allah —exaltado sea— me ha honrado con algo sumamente infrecuente entre la clase de los shaykhs:

Soy un jinete de la más alta categoría.

Soy luchador, cazador, tirador con diferentes clases de armas individuales y un verdadero combatiente. He participado en numerosas batallas y obtuve el primer puesto en una carrera de campo a través en los campamentos de los shaykhs.

Recorrí 17 800 metros en una hora y siete minutos.

Sé conducir una bicicleta, una motocicleta, un automóvil, un camión, un autobús, un bulldozer, un tractor y el vehículo blindado conocido como al-Mallāla. ¡Solamente me falta conducir un tanque sirio-ruso!

También disparaba con las armas antitanque B-2 y B-7.

¿Acaso semejante conjunto de dones se encuentra al alcance de cualquier persona de nuestra época, o incluso de las épocas antiguas?

¿Cómo puedes imaginar, por tanto, que yo tenga alguna objeción contra el Grandioso y Majestuoso Otorgador?

Mi reproche se dirige contra los sectarios, los fanáticos de las escuelas jurídicas y los partidistas que inventan falsedades contra personas como yo y deforman su imagen debido a la vileza de sus almas y a la bajeza de su condición.

[LA EXPOSICIÓN DOCTRINAL: SAHABA, AHLUL BAYT, TRANSMISIÓN DE HADICES]

Cuarto: poseo el más alto grado de valentía y la máxima audacia científica, sincera y educada, para decir lo siguiente:

1. El imam ʿAlī —la paz sea con él— es la balanza de la verdad dentro de la comunidad islámica, y todos aquellos que se opusieron a él estaban equivocados.

Algunos incurrieron en un error deliberado, como al-Zubayr, su hijo ʿAbd Allāh, ala y ʿĀʾisha —que Allah —exaltado sea— los perdone—; así como Muʿāwiya, ʿAmr, Marwān y los demás tiranos de los Banū Umayya, a quienes Allah —exaltado sea— trate conforme a Su justicia.

Otros incurrieron en un error de interpretación y de necesidad, como Abū Bakr, ʿUmar, ʿUthmān, Saʿd ibn Abī Waqqāṣ, Usāma ibn Zayd, ʿAbd Allāh ibn ʿUmar y otros semejantes a ellos.

Que Allah esté complacido con todos ellos.

2. La afirmación doctrinal de la gente de la Sunna según la cual se debe estar complacido con todos los Compañeros, guardar silencio acerca de cuanto ocurrió entre ellos y considerar que quien ataca a uno de ellos es como quien los ataca a todos, y que quien se mete con cualquiera de ellos es un hereje, constituye una afirmación insignificante que no vale ni una cebolla.

¿Qué relación existe entre insultar a un Compañero —quienquiera que sea—, asunto cuyo juicio pertenece al derecho islámico, y la herejía, cuyo juicio pertenece a la doctrina?

Más aún: toda la división, los enfrentamientos, las guerras, los odios, las innovaciones y los extravíos que hoy padecemos se deben a los errores de los Compañeros.

Si el imam ʿAlī —el más sabio, el más prudente, el más piadoso, el más desapegado, el más valiente y el más grande en caballería y liderazgo después del Mensajero de Allah ()— hubiera asumido la dirección de la comunidad y la hubiera gobernado durante treinta años, desde el año 11 hasta el 40 de la Hégira, nadie se habría atrevido a declarar públicamente su apostasía.

Los beduinos que abrazaron el Islam durante los últimos años de la vida del Mensajero, entre los años 8 y 11 de la Hégira, habrían aprendido su religión y la fe se habría arraigado en sus corazones.

Las tierras habrían sido abiertas mediante el conocimiento, la invitación a Allah y la nobleza de carácter, del mismo modo en que el Islam se extendió por Malasia, Filipinas, Indonesia y las regiones centrales de África sin derramar ni siquiera una ventosa de sangre.

3. El imam Ibn azm —que Allah tenga misericordia de él— clasificó a los Compañeros en doce categorías.

Yo, tomando en consideración un criterio diferente, los clasifico en cinco categorías:

Primera categoría: los mujtahids

Solamente fueron cuatro: el imam ʿAlī; después Ibn ʿAbbās; después ʿUmar; y, finalmente, ʿĀʾisha en las cuestiones relacionadas con las mujeres.

Segunda categoría: los sabios

Los señores de la escuela anafí consideran que fueron trece sabios, incluidos los cuatro mujtahids anteriormente mencionados.

Yo sostengo, sin embargo, que fueron veinte sabios.

Tercera categoría: los jefes de las tribus y de sus subdivisiones

Ninguno de ellos era un sabio, lamentablemente.

Sin embargo, tenían en sus manos los cuellos de los sabios pertenecientes a los Anṣār.

Cuarta categoría: los transmisores de hadices del Mensajero de Allah ()

Estos, a su vez, se dividen en varias clases:

Entre los grandes Compañeros se encontraban los veinte sabios anteriormente mencionados.

Los demás eran personas comunes y, al mismo tiempo, iletradas.

En cuanto a los Compañeros más jóvenes, la mayor parte de lo que transmiten del Mensajero son relatos mursal, es decir, transmisiones en las que no lo escucharon directamente de él.

Tanto entre los grandes Compañeros como entre los pequeños se encontraban las tres clases de seres humanos: el moderado, el injusto consigo mismo y el adelantado en las buenas obras.

Considerarlos a todos ellos íntegros y veraces, y aceptar cuanto atribuyen al Mensajero, es algo difícil de demostrar mediante la analogía y la presunción favorable, especialmente cuando la condición de la mayoría de ellos es originalmente desconocida.

También se encontraba la categoría de los Compañeros pertenecientes al común de la gente, que comprendía prácticamente a toda aquella generación.

Si yo hubiera vivido en la época de la transmisión, no habría escrito ni un solo hadiz procedente de aquellos iletrados pertenecientes al común de la gente.

Última categoría en mérito, conocimiento y veracidad: los liberados de La Meca y los rebeldes

La población de la noble ciudad de La Meca, cuando el Mensajero de Allah () pasó a la otra vida, superaba las treinta mil personas.

De ellas se conocen varios centenares.

Ibn ajar dijo acerca de cuarenta y tres de aquellos liberados: «Su práctica del Islam fue buena».

Y dijo acerca de cinco mujeres de entre ellos: «Su práctica del Islam fue buena».

En cuanto a los demás liberados de La Meca, no acepto ni un solo hadiz de ninguno de ellos, salvo que se encuentre entre aquellos cuya práctica del Islam fue reconocida como buena.

Y, respecto de los rebeldes y tiranos de Quraysh, no acepto ningún hadiz transmitido exclusivamente por uno de ellos, ¡ni siquiera aunque hubiera sido transmitido exclusivamente por veinte de ellos!

Esta es mi posición respecto de los Compañeros.

Si no creyera que esta es la posición verdadera, no os la habría presentado.

¿Has encontrado en mí suficiente valentía, doctor Yayā?

Quinto: pido perdón a Allah —exaltado sea— y me arrepiento ante Él numerosas veces cada día, tanto por aquello que sé que he hecho erróneamente como por aquello cuyo carácter erróneo desconozco.

Yo, el pobre siervo, sigo en términos generales la escuela shāfiʿí en las cuestiones jurídicas derivadas. Realizo el qunūt en la oración del alba después de la inclinación ritual, aunque también considero permitido realizarlo antes de ella, sin establecer diferencia alguna.

Inicio cada qunūt con la más excelente fórmula de petición de perdón:

«¡Allah mío! Tú eres mi Señor. No existe divinidad sino Tú. Tú me has creado y yo soy Tu siervo. Me mantengo en Tu pacto y en Tu promesa cuanto me es posible. Busco refugio en Ti contra el mal que he cometido. Reconozco ante Ti Tus gracias sobre mí y reconozco mi pecado. Perdóname, pues nadie perdona los pecados salvo Tú.

¡Allah mío! Guíame entre aquellos a quienes has guiado…».

Y así hasta el final de la súplica.

Mi virtuoso hermano Yayā sabe que soy un hombre sufí.

No existe ninguna vía del sufismo que no incluya la petición de perdón y el arrepentimiento a lo largo del día.

Mi letanía cotidiana y permanente contiene la fórmula: «Pido perdón a Allah y me arrepiento ante Él». No es necesario mencionar el número de veces.

Es sabido que la mayoría de los juristas consideran recomendable que el orante suplique con cualquier súplica lícita que desee después de las bendiciones abrahámicas.

Yo recito varias súplicas. Una de ellas es de mi propia composición:

«¡Allah mío! Trata con bondad a todos aquellos que me han tratado con bondad. Perdóname y perdona a los musulmanes que me hayan hecho daño o a quienes yo haya hecho daño».

Ya he expuesto mi posición respecto de los nobles Compañeros —que Allah esté complacido con ellos— y respecto de los demás.

¿De qué deseas entonces que me arrepienta, hermano mío, doctor Yayā?

Sexto y último: pido a Allah —exaltado sea— que abra todos nuestros pechos hacia aquello que Él ama y Le complace, y que nos haga ver la fealdad del sectarismo, del fanatismo de las escuelas y del partidismo.

En cuanto a la cuestión del pago de mis deudas, nunca fue el objetivo de mi publicación.

Todas mis deudas ascienden a menos de cuatrocientos mil dólares, de los cuales más de trescientos mil corresponden a familiares y a mis hijos.

Mi padre me dejó tres terrenos cuyo valor supera el doble de esa cantidad —que Allah —exaltado sea— esté complacido con él—.

Sin embargo, las circunstancias de nuestro país, Siria, impiden venderlos por un precio aceptable y razonable.

La publicación era, en realidad, una expresión de indignación contra los sectarios, los fanáticos de las escuelas y los partidistas intolerantes, que se ofrecieron espontáneamente a deformar falsamente mi imagen y me impidieron trabajar, incluso en una escuela primaria.

Para concluir: me alegraron tu visita y tu comentario.

Me habría alegrado todavía más que hubieras recordado a tu hermano ʿAdāb en una posición más elevada que la de exigirle arrepentimiento y recordarle aquello que, según tu parecer, son grandes pecados, mientras que él considera que se trata de conocimiento depurado y establecido, algo que no tiene relación cercana ni lejana con los pecados.

Y alabado sea Allah en toda circunstancia.

ʿAllāmah al-Sharīf Adab al-amsh al-usaynī, que Allah le proteja.


viernes, 7 de agosto de 2026

La edad de Aisha (r.a.a.) al casarse

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo


Nuestra Madre Aisha,
que Allah esté complacido con ella,
fue maestra para su generación

 

La edad de ʿĀʾishah: una respuesta sencilla y honesta

Por: Ustadh Tahsin Alam

Alguien me hizo una pregunta legítima. A veces, personas no musulmanas mencionan la edad de ʿĀʾishah (esposa del Profeta Muhammad ) y preguntan cómo entienden los musulmanes este asunto. He aquí una forma sencilla de abordarlo que pretende ser honesta tanto para musulmanes como para no musulmanes.

Comencemos por aquello de lo que tenemos mayor certeza.

Para los musulmanes, la fuente más segura es el Noble Corán. Allah prometió preservarlo cuando dijo que Él hizo descender este Recuerdo y que Él mismo lo protegería (Corán 15:9). Ese es nuestro punto de partida. Y aquí está el aspecto fundamental: el Corán nunca nos dice explícitamente cuántos años tenía ʿĀʾishah cuando contrajo matrimonio. En nuestra fuente de mayor certeza, simplemente no encontramos ninguna cifra.

Entonces, ¿de dónde procede el número tan conocido?

Procede de un adī (حَدِيث, adīth o hadiz: narración transmitida sobre palabras, acciones o aprobaciones del Profeta ).

Existe un conocido adī, recogido en las colecciones de al-Bujārī y Muslim, según el cual ʿĀʾishah fue desposada a los seis años y la convivencia matrimonial comenzó cuando tenía nueve.

Los adīes tienen una enorme importancia, pero no poseen el mismo grado de certeza que el Corán.

Son transmisiones humanas, y las transmisiones pueden ser más o menos sólidas.

Durante mucho tiempo, la mayoría de los sabios aceptó este adī porque su isnād (إِسْنَاد, isnād: cadena de transmisores) parecía fiable. Sin embargo, examinar la cadena es solo un tipo de análisis. Nos informa acerca de la confiabilidad de quienes transmitieron la narración, pero, por sí solo, no demuestra necesariamente que el contenido haya sido transmitido sin error.

En tiempos recientes, algunos estudiosos respetados han examinado con mayor detenimiento el contenido de este relato y han llegado a conclusiones distintas respecto a la edad tradicional. Entre ellos se encuentran los siguientes.

El primero es el shaykh Ṣalā al-Dīn al-Idlibī, especialista sirio en ciencias del adī. Él acepta que la cadena de transmisión es sólida. Su observación se dirige al contenido. Sostiene que la cifra probablemente sea un simple error. Su hipótesis es moderada: considera posible que ʿĀʾishah recordara de forma imprecisa su propia edad cuando habló de ello siendo ya una mujer anciana. Basándose en alrededor de diez indicios históricos, concluye que probablemente fue prometida en matrimonio hacia los catorce años y que la vida conyugal comenzó alrededor de los dieciocho. Añade cuidadosamente que su objetivo es únicamente reconstruir la historia con la mayor precisión posible; no considera que el Profeta necesite ser defendido incluso si la edad menor fuese históricamente correcta.

El segundo es el Dr. Joshua Little, investigador no musulmán que dedicó toda su tesis doctoral precisamente a este adī.

Su conclusión es aún más contundente.

Afirma que el relato de los nueve años no se remonta realmente a ʿĀʾishah. Según su investigación, apareció posteriormente en Irak, transmitido por Hišām ibn ʿUrwah —quien, de hecho, era sobrino nieto de ʿĀʾishah—, en un contexto de intensas controversias entre diferentes grupos musulmanes. En resumen, considera que esta narración fue configurada por circunstancias históricas posteriores, más que preservada desde los primeros tiempos.

Ahora bien, ¿están todos los estudiosos de acuerdo con estas conclusiones? No.

Otros investigadores las han cuestionado. El conocido académico Jonathan Brown criticó el trabajo del Dr. Little, y este respondió con un extenso estudio en defensa de sus conclusiones. Del mismo modo, estudiosos tradicionales han respondido a los argumentos del shaykh al-Idlibī.

Este intercambio de argumentos es completamente normal. Así es como trabajan quienes investigan con seriedad cuestiones históricas complejas.

Por ello, la conclusión más honesta, tanto para musulmanes como para no musulmanes, es la siguiente: nuestra fuente de mayor certeza, el Noble Corán, no menciona ninguna edad.

Las fuentes de menor grado de certeza, como los adīes y otros datos históricos, poseen por naturaleza un nivel inferior de certeza. Es semejante a intentar reconstruir con absoluta precisión acontecimientos ocurridos hace muchos siglos. Investigadores sinceros y rigurosos pueden estudiar las mismas evidencias y llegar a conclusiones distintas.

Cada persona puede valorar las pruebas y adoptar la opinión que considere más convincente.

Lo que ninguna persona intelectualmente honesta puede afirmar es conocer la verdad histórica sobre este asunto con una certeza absoluta del cien por cien.

Quien desee profundizar puede consultar el estudio del shaykh Ṣalā al-Dīn al-Idlibī (disponible en inglés y en árabe) y la tesis doctoral completa del Dr. Joshua Little, publicada gratuitamente en internet.

Vínculos relacionados:

Estudio en inglés de shaykh Ṣalā al-Dīn al-Idlibī 

Tesis doctoral en inglés del Dr. Joshua Little

Traducido de la publicación en inglés en el perfil personal de facebook de Tahsin Alam del 6 de agosto de 2026.



Notas personales

En cualquier caso, para quienes consideran que los adīes que transmiten la edad de nuestra Madre ʿĀʾishah (رضي الله عنها) contienen información históricamente correcta, conviene recordar que ese dato debe entenderse dentro de su propio contexto histórico y debe medirse en relación a  significación legal actual en el Islam. 

En prácticamente todas las civilizaciones antiguas y medievales —incluidas las sociedades cristianas, judías, persas, romanas y europeas— eran socialmente aceptadas pautas de edad para el matrimonio que hoy suscitarían, bajo una sensibilidad marcadamente contemporánea, rechazo debido a la profunda transformación de las condiciones de vida, de la esperanza de vida, del concepto de infancia y de la madurez biológica y social. Juzgar directamente aquellas sociedades con categorías contemporáneas conduce con frecuencia a anacronismos históricos.

Asimismo, desde la perspectiva histórica, no existe evidencia alguna de que los contemporáneos del Profeta Muhammad (), incluidos sus adversarios más acérrimos, formularan reproche alguno respecto a este matrimonio. Los enemigos del Profeta () le acusaron de numerosas cosas a lo largo de su misión, pero ninguna fuente temprana conserva una objeción de este tipo. Ello constituye un indicio importante de que dicho matrimonio no era percibido como algo excepcional dentro de las normas sociales de su tiempo. De hecho, una acusación contra él en este sentido tarda más de doce siglos en aparecer recién en Occidente, ya que en efecto en los propios países occidentales la edad de consentimiento para el matrimonio fue drásticamente distinta que la actual, bajo una cultura a su vez muy distinta que la actual en ese plano.

Por otro lado, hay que entender un aspecto clave al revisar las fuentes y aplicación del derecho islámico: No todo lo que "pasó" es lo que "se ordena", ni lo que "se permite hoy".

 Éste es el punto más importante y donde mucha gente se confunde.

 · Diferencia entre "Historia/Sirah" y "Ley/Shariah": Que algo ocurriera en la vida del Profeta, la paz sea con él, no lo convierte automáticamente en una ley obligatoria para todos los musulmanes. El Islam recoge muchísimos aspectos de su vida como fuente legal pero reconoce también que hubo prácticas eran "culturales" (urf) de la época.

Así por ejemplo: no se ordena ni se considera siquiera un acto de virtud que hoy en día una persona vaya de una ciudad a otra en un camello, pero eso es indudablemente parte de la vida del Profeta Muhammad, la bendición y la paz de Dios sean sobre el.

 · El Derecho Islámico Contextualiza: Los juristas musulmanes (fuqaha) desarrollaron un principio clave: "La ley, o la práctica de la ley, en algunos casos, cambia con el cambio de tiempo, lugar y circunstancias". Ellos siempre han contextualizado las enseñanzas que se reconoce que están sujetas a variación, distinguiendolas de las enseñanzas donde el Corán o la sunnah legislativa [el ejemplo profético] establecen un mandato o una recomendación.

De hecho, el propio Derecho Islámico permite que un gobernante regule aquellas materias que no han sido fijadas como necesidad o recomendación por un texto coránico o del Profeta, la paz sea con él. En ese caso, la autoridad puede establecer, para una época posterior, como la actual, facultado por el propio sistema islámico (Sagrado Corán, 4:59), condiciones o restricciones adicionales cuando hay un interés legítimo para el bien social que así lo justifique. A título de ejemplo, el Código de la Familia en Marruecos establece como regla general la edad matrimonial a partir de los 18 años, precisamente en ejercicio de la facultad de regulación del gobernante otorgada por el propio sistema islámico. 

Por eso, aunque el matrimonio de nuestra madre ʿĀʾishah a la edad mencionada por los hadices fuera, de ser el caso, un hecho histórico cierto, ninguna escuela de jurisprudencia islámica seria hoy diría que casarse con una niña de 9 años es un acto recomendado, virtuoso (hasanah) o incluso permitido en un contexto donde las condiciones sociales, médicas y educativas son radicalmente distintas.

Finalmente, regresando a la vida de nuestra madre ʿĀʾishah (رضي الله عنها), el matrimonio con ella dio lugar a una de las mayores autoridades del Islam. Ella transmitió más de dos mil adīes, fue una de las principales juristas y maestras de la comunidad musulmana, y generaciones de los Ṣaābah (Compañeros del Profeta) y de los Tābiʿūn (los Seguidores de los Compañeros) acudieron a ella para aprender religión. Las fuentes islámicas describen una relación caracterizada por el afecto, el respeto mutuo y la extraordinaria contribución intelectual y espiritual de ʿĀʾishah (رضي الله عنها), muy lejos de la imagen simplista que con frecuencia presentan las polémicas contemporáneas.

Debe añadirse, para terminar, que otro de los grandes muaddiūn (مُحَدِّثُون, muaddithūn: especialistas en la ciencia del adī) de nuestra época, a quien difícilmente puede calificarse de liberal o reformista, ʿAllāmah al-Sharīf Adab al-amsh al-usaynī, que Allah le proteja, sostiene igualmente que estos adīes no son históricamente confiables y que nuestra Madre ʿĀʾishah (رضي الله عنها) tenía una edad mayor cuando contrajo matrimonio. Su postura muestra que esta revisión crítica no constituye una innovación moderna ajena a la tradición, sino una posición defendida también desde el interior de la erudición tradicional especializada en el adī.





jueves, 6 de agosto de 2026

Castigado por pensar: este sabio no se arrodilló ante el sectarismo

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

 


CASTIGADO POR PENSAR: LA VENGANZA DEL SECTARISMO

El texto que sigue no es solamente el lamento de un sabio herido: es una acusación contra una cultura que se beneficia del conocimiento de sus hombres libres, pero los abandona cuando se niegan a someterse. Y no se trata solo del poder político, se trata de algo mucho más profundo.

El shaykh ´Adab al-amsh es un sabio de vastísima formación, con décadas dedicadas al estudio, la investigación, la enseñanza universitaria y el servicio al conocimiento islámico. Sin embargo, su independencia intelectual y su negativa a convertir las escuelas, las identidades sectarias o las autoridades heredadas en objetos de obediencia incuestionable tuvieron un precio devastador, como él mismo lo expresa en estas líneas de tono sumamente personal.

Publicaremos después la reflexión posterior de él mismo, después de que él recibiera un sorprendete comentario a las palabras que aparecen traducidas a continuación. 

 

Asuntos sociales:

¿Estás arrepentido?

En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.

Uno de mis antiguos amigos vino a visitarme. Al verme cabizbajo y triste, incapaz de conversar con él y atenderlo como correspondía a un huésped querido, me dijo:

—Allah, exaltado sea, dice: «Y si se os dice: “Regresad”, entonces regresad; eso es más puro para vosotros».

Si mi visita no es oportuna, me marcharé sin molestarme, ¡por Allah! Pero ¿qué te sucede? Cuéntamelo. Me entristece verte enfermo, afligido, como si no fueras tú mismo.

Le dije:

—No te recuerdo antes del tercer grado de primaria. Nuestra amistad se mantiene desde entonces hasta hoy. Vivimos juntos ocho años en la noble Meca, seis años en Iraq y cerca de diez años en Jordania. ¿Lo recuerdas?

Me miró fijamente, con sorpresa, y respondió:

—¡Por supuesto que lo recuerdo, con todos sus detalles!

Le pregunté:

—¿Tú me tienes miedo?

Respondió:

—¡Por Allah, eres una persona intimidante! Pero yo no te temo, porque respetas a tus maestros y colegas, eres paciente con ellos, y jamás he oído que hayas insultado o golpeado a ninguno. Por eso no te tengo miedo. ¿Qué pretendes con esta pregunta?

Le dije:

—Soy musulmán, creyente y practicante de la excelencia espiritual, según creo. Soy profesor universitario y poseo los grados de licenciatura, maestría y doctorado, todos obtenidos con calificación de excelencia.

Tengo más de veinte libros publicados y más de cien investigaciones, además de mi labor de edición crítica, verificación y documentación de las cadenas y fuentes de los Ṣaī de al-Bujārī, Muslim e Ibn ibbān.

¿No resulta llamativo que ninguna universidad, facultad ni instituto haya querido contratarme para enseñar desde 1996 hasta nuestro encuentro de hoy, en la noche del primero de agosto de 2026?

¿Soy acaso la persona más ignorante de toda la comunidad que posee un doctorado?

¿Soy el peor doctor del mundo árabe?

¿Cometo, según lo que tú conoces de mí, actos obscenos o inmorales?

¿Es realmente mi situación un decreto divino coercitivo, mediante el cual Allah, exaltado sea, quiere empobrecerme hasta el punto de que no he tenido ingreso económico alguno desde el 1 de enero de 2018 hasta este mismo instante?

Todos mis gastos han sido cubiertos mediante préstamos benévolos sin interés, cuya cuantía ya alcanza cientos de miles de dólares. Temo morir antes de poder devolverlos, y temo que, debido a su enorme magnitud, mis hijos se nieguen a pagarlos después de mi muerte.

¿Debo decirte, hermano mío, que ya no encuentro a nadie que quiera prestarme dinero, del mismo modo que tampoco encuentro a nadie dispuesto a comprar el excelente terreno que heredé de mi padre —que Allah, exaltado sea, tenga misericordia de él— para que pueda pagar mis deudas con su valor?

¿Hasta tal punto merezco este castigo y esta privación, mientras muchos doctores que fueron alumnos míos encuentran empleos con salarios elevados que los libran de la angustia de las deudas abrumadoras?

Dime, por Allah: ¿por qué tú posees una casa en amā, un apartamento en Damasco, un automóvil y decenas de miles de dólares, cuando únicamente tienes una licenciatura?

Mientras que yo no he podido comprar ni siquiera una habitación ni una bicicleta, y no poseo un solo dólar, salvo aquello que consigo prestado.

¿Es esta la justicia del Sapientísimo Proveedor?

¿O es la injusticia de los musulmanes?

Mi amigo me respondió:

—¿Acaso sé yo algo que tú ignoras? ¿Qué podría contestarte?

Sin duda, Allah, exaltado sea, posee una sabiduría en este sufrimiento tuyo. Pero es imposible que tú atribuyas injusticia al Señor de los mundos. ¡Lejos de ti semejante pensamiento!

¡Oh, shayj Adab! Tú no te pareces a ninguno de los sabios ni de los doctores, y ninguno de ellos se parece a ti.

En realidad, no perteneces, en las cuestiones doctrinales e intelectuales, a ninguno de los madhhabs de Ahl al-Sunna.

Proclamas abierta y públicamente que no eres de Ahl al-Sunna y que no consideras que Ahl al-Sunna sean, por sí solos, la gente de la verdad y el grupo salvado, ni que ellos sean toda la comunidad musulmana mientras los demás se encuentran extraviados.

¡Y no solamente eso!

También has dicho que no te consideras obligado a imitar a Abū Bakr, ʿUmar, ʿUthmān, ʿAlī, etcétera.

Ahl al-Sunna es una corriente con límites que no deben ser traspasados. Cada uno de sus madhhabs posee sus propios fundamentos, filosofía y sabios, mientras que tú no consideras que todo eso merezca ser sacralizado.

Y quienes no pertenecen a Ahl al-Sunna te consideran un enemigo encarnizado.

Mañana y noche arremetes contra los rāfiíes, ridiculizas sus mentes y sus creencias y desacreditas a sus sabios.

Declaras incrédulos a los nuṣayríes, los drusos, los ismailíes y los yazidíes, así como al nacionalismo, el secularismo, el judaísmo y el cristianismo.

¿Y después esperas que los musulmanes y los no musulmanes sean justos contigo?

Según mi apreciación personal, todos se benefician de tu conocimiento cuando este fortalece su confianza en sus propios madhhabs y tendencias, pero apartan la vista de aquello que contiene una crítica o menoscabo de sus propias posiciones.

Tú mismo afirmas que quien se limita a imitar es ignorante, aunque posea un doctorado. Eso significa que toda la comunidad es ignorante, porque todos los sabios son imitadores.

Por eso no me parece justo que pidas a la gente que se preocupe por tu sufrimiento, tus enfermedades y tus necesidades.

Además, ahora no puedes caminar ni cien pasos sin ayuda.

Es decir, han transcurrido setenta y nueve años de tu vida, durante los cuales soportaste sus pruebas y dificultades. ¿Acaso eres ahora incapaz de soportar lo que queda de estos «días del ocaso»?

Y a vosotros, hermanos míos y queridos amigos de mi página, os pregunto:

¿Merece una persona de pensamiento libre pasar toda su vida en la pobreza, la opresión y el desconocimiento?

¿Contiene esta publicación una lección para toda persona libre, íntegra y honorable, cuya conclusión sería la siguiente: «Guárdate de contradecir al sectarismo abominable y a sus caciques, al estrecho confesionalismo y a sus guardianes, y a los políticos serviles y despreciables y a sus secuaces»?

Y alabado sea Allah en toda circunstancia.

ʿAllāmah al-Sharīf 'Adāb al-amsh al-usaynī, que Allah le proteja.

Traducido de su página personal de Facebook. 

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Oh Allah bendica a Shaykh ´Adab y dale buena salud y amplios medios y que su legado sea preservado con espíritu renovado de investigación por nuestras generaciones.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Por esto hay gente que abandona el Islam

En el Nombre de Dios,
el Misericordioso, el Compasivo

 



Cuando enseñanzas no auténticas dañan

Introducción

Hay errores religiosos que no permanecen encerrados en los libros. Entran en las mezquitas, se repiten en los círculos de enseñanza, llegan a los hogares y terminan modelando la relación de los padres con sus hijos. Cuando una afirmación es presentada como palabra o enseñanza del Profeta Muhammad (), adquiere para el creyente una autoridad inmensa. Por eso, atribuirle una enseñanza sin haber comprobado suficientemente su autenticidad no es una negligencia menor: puede convertir una costumbre cultural, una inclinación autoritaria o una forma de violencia heredada en una supuesta exigencia del Islam.

Un adī [hadith, hadiz] es un relato que atribuye al Profeta Muhammad () determinadas palabras, acciones, aprobaciones o características. Junto con el Sagrado Corán, los hadices constituyen una fuente fundamental para conocer la Sunna, es decir, el ejemplo normativo y la orientación profética. Precisamente por esa importancia, los sabios musulmanes desarrollaron las ciencias del adī, mediante las cuales se examinan tanto la cadena de transmisores —el isnād— como el contenido transmitido —el matn—. No todo lo que aparece introducido por las palabras «el Profeta dijo» posee el mismo grado de autenticidad.

El texto que presentamos tiene por autor a Tahsin Alam. En su texto, el autor critica afirmaciones de Mawlānā Muammad Zakariyyā al-Kāndahlawī, fallecido en 1982, un influyente sabio indio de orientación deobandí, maestro de adī y autor de numerosas obras. Su libro Faāʾil-e-Aʿmāl —«Las virtudes de las obras»— ocupa un lugar especialmente importante dentro de la Jamāʿat al-Tablīgh o movimiento tablighí: ha sido traducido a numerosos idiomas y se lee habitualmente en sus reuniones, viajes de predicación y círculos familiares. Por tanto, no estamos ante unas líneas marginales, sino ante un texto que ha influido en la formación religiosa y doméstica de millones de musulmanes.

La crítica de Tahsin Alam debe leerse con la urgencia que merece. La cuestión no es si los niños deben recibir educación, aprender la oración o adquirir disciplina. La cuestión es si pueden reunirse relatos débiles, cadenas problemáticas y máximas sin fuente para construir, en nombre del Profeta Muhammad (), una pedagogía de la vara. Cuando la dureza humana se reviste con la autoridad de Allah y de Su Mensajero, el daño no solamente alcanza el cuerpo del niño: puede deformar para siempre su imagen del Islam, de la oración y del propio Profeta de la Misericordia ().


Texto de Tahsin Alam

«Por esto la gente abandona el Islam»

Voy a citar, fragmento por fragmento, a Zakariyyā Kāndahlawī —fallecido en 1982— a partir de su célebre Faāʾil-e-Aʿmāl, y responderé a cada fragmento a medida que avancemos. Lean sus palabras y después lean las mías.

Él cita:

عَنْ مُعَاذِ بْنِ جَبَلٍ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ... وَأَنْفِقْ عَلَى أَهْلِكَ مِنْ طَوْلِكَ وَلَا تَرْفَعْ عَنْهُمْ عَصَاكَ أَدَبًا وَأَخِفْهُمْ فِى اللهِ
رواه أحمد والطبراني في الكبير وغيرهم

«Gasta en los miembros de tu familia de acuerdo con tus posibilidades; mantén la vara suspendida sobre ellos como advertencia y para castigarlos cuando descuiden sus deberes hacia Allah».

Yo respondo:

Este es un adī débil.

Un adī débil —aʿīf— es un relato cuya cadena de transmisión está interrumpida o presenta algún defecto.

La cadena de transmisión es la sucesión de personas que fueron comunicando el relato, una a la siguiente, hasta remontarse al Profeta Muhammad ().

Cuando esa sucesión contiene una interrupción o un transmisor problemático, no podemos tener la certeza suficiente de que el Profeta Muhammad () haya pronunciado realmente esas palabras.

[Nota: En la terminología técnica, un adī aʿīf no es necesariamente un relato inventado. Significa que no reúne todas las condiciones exigidas para ser clasificado como ṣaī —auténtico o sólido— o asan —aceptable o bueno—. Su debilidad puede deberse a una ruptura en la cadena, a problemas de memoria o credibilidad de algún transmisor, o a otras anomalías.]

El shayj Shuʿayb al-Arnaʾū afirmó que, en este caso, la cadena está interrumpida entre sus diferentes niveles.

No se puede construir una regla que autorice a golpear a los niños sobre la base de un relato que quizá nunca fue pronunciado.

Él afirma:

«De acuerdo con este adī, no debemos prescindir de la vara al impedir que los niños se vuelvan indisciplinados y hagan cuanto les apetezca».

Yo respondo:

Toma un relato débil y lo convierte en una regla educativa destinada a millones de hombres.

Pero Allah describió a Su propio Profeta Muhammad () de esta manera:

فَبِمَا رَحْمَةٍ مِّنَ اللَّهِ لِنتَ لَهُمْ ۖ وَلَوْ كُنتَ فَظًّا غَلِيظَ الْقَلْبِ لَانفَضُّوا مِنْ حَوْلِكَ

«Por una misericordia procedente de Allah fuiste amable con ellos. Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían dispersado y alejado de ti» (Sura Āl ʿImrān, 3:159).

Si la dureza hace que creyentes adultos se alejen, ¿qué puede hacerle a un niño pequeño?

Él afirma:

«En algunas ocasiones es necesario utilizar la vara. Es lamentable que, por amor, no utilicemos la vara desde el principio y que después, cuando los niños ya se han echado a perder, lloremos y nos quejemos de ellos».

Yo respondo:

Nunca es necesario.

ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella—, quien convivió con el Profeta Muhammad (), dijo:

مَا ضَرَبَ رَسُولُ اللَّهِ شَيْئًا قَطُّ بِيَدِهِ، وَلَا امْرَأَةً، وَلَا خَادِمًا

«El Mensajero de Allah () jamás golpeó nada con su mano: ni a una mujer ni a un sirviente» (Ṣaī Muslim, 2328).

El mejor ser humano que haya vivido educó a niños y tuvo sirvientes en su hogar, y ni una sola vez utilizó la vara.

¿Cómo puede ser entonces «necesaria» para nosotros?

Él afirma:

«Prescindir de la vara y echar a perder al niño no constituye bondad alguna. ¿Quién querría evitar que un niño fuera sometido a una operación quirúrgica recomendada por un médico por la sencilla razón de que esta le causaría dolor?».

Yo respondo:

Esta es una falsa equivalencia.

Una falsa equivalencia es un error de razonamiento mediante el cual se colocan dos realidades diferentes una al lado de la otra y se actúa como si fueran iguales.

Una operación quirúrgica cura: la realiza una mano capacitada y responde a una razón médica claramente determinada.

Golpear con ira a un niño asustado no cura nada.

Ambas cosas no son comparables; por tanto, la comparación no demuestra absolutamente nada.

Él afirma:

«Se ha transmitido que el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo en numerosas ocasiones: “Ordena a tu hijo que realice la oración cuando tenga siete años y golpéalo si la descuida después de cumplir diez años”».

Yo respondo:

Mi maestro, el shayj Akram Nadwī, ha escrito específicamente acerca de este adī.

Es un adī débil.

[Nota: La ṣalāt es la oración ritual obligatoria que los musulmanes realizan cinco veces al día. El relato mencionado suele citarse para sostener que los padres deben comenzar a ordenar la oración a los siete años y que podrían recurrir al castigo físico a partir de los diez.]

Él afirma:

«arat ʿAbd Allāh ibn Masʿūd —que Allah esté complacido con él— dijo: “Proteged la oración de vuestros hijos e inculcadles buenos hábitos”».

Yo respondo:

Este relato también es débil.

En al-Muʿjam al-Kabīr de al-abarānī, su cadena contiene a Abū Nuʿaym irār ibn Ṣurad, a quien los especialistas calificaron como débil —véase al-Haythamī, Majmaʿ al-Zawāʾid, número 1631—.

Incluso en la versión transmitida por al-Bayhaqī —al-Sunan al-Kubrā, 5/586— la cadena es objeto de discusión.

En cualquier caso, observen lo que el texto dice realmente: enseñad buenos hábitos a los niños.

No dice absolutamente nada acerca de golpearlos.

[Nota: Un relato atribuido a un Compañero del Profeta, en lugar de al Profeta mismo, suele denominarse aar. Puede tener valor religioso o histórico, pero no posee automáticamente el mismo rango que un adī profético auténtico.]

Él afirma:

«Luqmān el Sabio solía decir: “Utilizar la vara con el niño es tan indispensable como el agua para los campos”».

Yo respondo:

No he podido encontrar esta frase en ninguna fuente fiable.

No posee cadena de transmisión alguna.

Se presenta como una enseñanza sapiencial de Luqmān, pero no existe nada que permita rastrearla hasta él.

[Nota: Luqmān es el sabio mencionado en la sura 31 del Sagrado Corán. El Corán reproduce sus consejos a su hijo, centrados en el monoteísmo, la oración, la paciencia, la humildad y las buenas maneras; no le atribuye esta comparación entre la vara y el agua.]

Él afirma:

«Se ha transmitido que el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Una persona que amonesta a sus hijos obtiene de Allah una recompensa mayor que la que recibiría por gastar aproximadamente siete libras de grano en Su camino”».

Yo respondo:

Este relato aparece en al-Tirmiī —número 1951— y al-Suyūī lo clasificó como débil —aʿīf—.

Otro ladrillo débil en el muro.

Él afirma:

«En otro adī, el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Que Allah bendiga a la persona que mantiene un látigo colgado en su casa para amonestar a los miembros de su familia”».

Yo respondo:

Estas son exactamente las palabras que decidió utilizar.

Al-Zaylaʿī, en Takhrīj al-Kashshāf —1/316—, señala que su cadena contiene a ʿAbbād ibn Kaīr, a quien al-Bujārī, Ibn Maʿīn y al-Nasāʾī calificaron como débil.

Débil otra vez.

Él afirma:

«En otra ocasión dijo: “Ningún padre puede conceder a sus hijos nada mejor que enseñarles buenos modales”».

Yo respondo:

Este relato aparece en al-Bayhaqī —al-Sunan al-Kubrā, 5/587—, y al-Bujārī señaló que el transmisor ni siquiera llegó a conocer al Profeta Muhammad ().

Y observen que incluso este relato habla de enseñar buenos modales, no de utilizar la vara.

Hagamos, por tanto, el recuento.

El adī que sirve de fundamento es débil.

El relato que dice «golpeadlos a los diez años» está gravemente cuestionado.

El aar atribuido a Ibn Masʿūd es débil.

La frase atribuida a Luqmān carece por completo de fuente.

El relato sobre la medida de grano es débil.

El relato que ordena «colgar un látigo» es débil.

El relato sobre los «buenos modales» posee una cadena interrumpida.

Cada uno de los ladrillos es débil o inexistente.

No existe ni un solo relato sólido que ordene a un padre golpear a su hijo para disciplinarlo.

Ahora contemplemos la verdadera Sunna.

[Nota: La Sunna es el camino y ejemplo del Profeta Muhammad (), conocido a través de sus enseñanzas, su conducta y los relatos transmitidos sobre él. Tahsin Alam contrapone aquí una acumulación de textos débiles a comportamientos proféticos establecidos mediante hadices considerados auténticos.]

Anas —que Allah esté complacido con él— sirvió al Profeta Muhammad () desde que era niño y relató:

خَدَمْتُ النَّبِيَّ عَشْرَ سِنِينَ، فَمَا قَالَ لِي أُفٍّ

«Serví al Profeta Muhammad () durante diez años y ni una sola vez me dijo “uff”; nunca me preguntó por qué había hecho algo ni por qué había dejado de hacerlo» (Ṣaī al-Bujārī, 6038; Ṣaī Muslim, 2309).

(«Uff» es una expresión mínima de fastidio o irritación.)

Diez años teniendo a un niño a su servicio, y ni una sola palabra hiriente.

Un jefe tribal llamado al-Aqraʿ vio al Profeta Muhammad () besar a su nieto y dijo:

«Tengo diez hijos y nunca he besado a ninguno de ellos».

El Profeta Muhammad () lo miró y dijo:

مَنْ لَا يَرْحَمْ لَا يُرْحَمْ

«Quien no muestra misericordia no recibirá misericordia» (Ṣaī al-Bujārī, 5997; Ṣaī Muslim, 2318).

Otro hombre se mostró sorprendido de que besara a los niños. El Profeta Muhammad () le respondió:

أَوَأَمْلِكُ لَكَ أَنْ نَزَعَ اللَّهُ مِنْ قَلْبِكَ الرَّحْمَةَ

«¿Qué puedo hacer por ti si Allah ha arrancado la misericordia de tu corazón?» (Ṣaī al-Bujārī, 5998).

¿Cuál de las dos es, entonces, la Sunna?

¿Un relato débil acerca de un látigo colgado en la pared?

¿O el Profeta de la Misericordia (), quien durante diez años no levantó una sola vez la mano —ni siquiera la voz— contra un niño?

No arrojamos por la borda el Sagrado Corán y la Sunna auténtica para salvar un adī débil.

Hacemos exactamente lo contrario.

El Profeta Muhammad () fue enviado como Ramatan li-l-ʿĀlamīn —«una misericordia para todos los mundos»—.

Esa misericordia debía alcanzar, antes que a nadie, a las personas más pequeñas e indefensas del hogar:

nuestros hijos.

اللهم اشهد

¡Oh Allah, sé Tú mi testigo!

—Tahsin Alam


Comentario final

El núcleo de la denuncia de Tahsin Alam es legítimo y urgente: no puede utilizarse la autoridad sagrada del Profeta Muhammad () con ligereza, y mucho menos para presentar la violencia doméstica como una expresión de fidelidad religiosa. Un relato débil no debe convertirse, mediante la repetición y la retórica piadosa, en una licencia general para que los padres golpeen a sus hijos. Tampoco puede sustituirse el carácter profético —fundado en la misericordia, la paciencia y el dominio de la ira— por una pedagogía de intimidación permanente.

Precisamente por ello hay que rechazar el procedimiento justamente denunciado por Tahsin Alam: acumular relatos débiles, máximas sin cadena y frases atribuidas a personajes venerables para crear la impresión de que el látigo constituye una pieza indispensable de la educación islámica. Enseñar la oración es una obligación de amor y responsabilidad; enseñar a un niño a relacionar la oración con el miedo a ser golpeado puede, por el contrario, sembrar en él una aversión que permanezca durante toda su vida. En efecto, así es como algunos niños no solamente terminan huyendo de sus padres, sino también de la imagen deformada de Allah y del Islam que sus padres les impusieron.


Sorpresas en nuestra historia y nuestra cultura de los hadices

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

 


Sorpresas en nuestra historia y nuestra cultura de los hadices: contra el fanatismo

No comparto la tesis del autor sobre la conveniencia de dejar de lado determinados hadices relativos a las virtudes. Sin embargo, esa tesis fue materia de otro artículo suyo y en éste, más bien, el autor a propósito de dicha tesis da a conocer algunos aspectos sorprendentes de nuestra historia inicial islámica y de la cultura de hadices que se ha generado en la tradición. Hay así numerosas observaciones históricas y metodológicas poco conocidas, así como datos que invitan a revisar muchas ideas preconcebidas que damos por sentadas.

Debemos entonces comprender la complejidad de nuestra tradición, escapar de las visiones unilaterales y combatir el fanatismo, las actitudes irracionales y favorecer una relación más madura, equilibrada y razonable con nuestra historia, nuestra cultura de los hadices y la diversidad existente dentro de la Ummah.

El autor, uno de los más destacados especialistas en las ciencias del hadiz, experto además en varias otras ciencias islámicas, y profundo conocedor de los textos no solo sunníes sino también de las otras escuelas del Islam, sostiene aquí un intenso intercambio y debate con otro especialista del hadiz.

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Cuestiones de hadiz:
¿Es obligatorio adoptar los hadices sobre las virtudes (faāʾil)?

En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.

«Los primeros precursores entre los emigrantes (al-Muhājirūn) y los auxiliares (al-Anṣār), así como quienes los siguieron con excelencia: Allah está complacido con ellos y ellos están complacidos con Él». (Sagrado Corán. Surah at Tawbah; 9:100)

Dicho esto:

Siempre he considerado, y sigo considerando, que una de las mayores desgracias de la comunidad islámica, y una de las que más ha afectado a la conciencia colectiva de los musulmanes, son los libros de transmisión de hadices.

Sí, los libros de transmisión de hadices, en los que los partidarios de las pasiones sectarias encuentran más de lo que necesitan para justificar sus inclinaciones y sus innovaciones religiosas.

Ni siquiera excluyo las colecciones auténticas de Ahl al-Sunna —los Ṣaī de al-Bujārī, Muslim, Ibn Juzaimah e Ibn ibbān—, obras que contienen lo más auténtico que se ha atribuido al Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él y con su familia, respecto de sus cualidades personales, sus virtudes, sus méritos, sus palabras, sus actos y sus aprobaciones.

No tengo duda de que estas son las mejores colecciones de narraciones para todos los musulmanes, tanto sunníes como chiíes e ibadíes.

En una de mis publicaciones propuse dejar de lado los hadices sobre las virtudes de determinadas personas dentro de la cultura musulmana contemporánea, aplicando el principio jurídico de que «evitar los perjuicios tiene prioridad sobre procurar los beneficios».

El perjuicio, en este caso, consiste en el derramamiento de sangre de los musulmanes debido al fanatismo sectario construido sobre tales narraciones.

El beneficio consiste en exaltar y magnificar a quienes cada grupo considera dignos de veneración.

Por ello propuse limitarse a los textos generales del Corán sobre el mérito de los Compañeros, por ejemplo, para evitar intensificar los conflictos entre las propias escuelas sunníes, sin mencionar ya las luchas sangrientas entre los sunníes y otros grupos.

Entonces nuestro maestro, el erudito especialista en hadiz, el doctor Mahmūd Saʿīd Muammad Mamdū, que Allah lo preserve y le conceda bienestar, escribió una extensa publicación titulada:

«Los hadices sobre las virtudes... y las normas jurídicas».

En ella se dedicó a refutar lo que yo había escrito, considerando que evitar recurrir a los hadices sobre las virtudes de determinadas personas equivalía a la palabra de Allah:

«¿Acaso creéis en una parte del Libro y rechazáis otra?».

Presentaré algunos de sus argumentos y los discutiré, no como una respuesta contra él ni con el deseo de corregir algunas de sus ideas —pues él nunca se retracta de nada que haya dicho, porque considera que ello disminuiría su prestigio científico y social—.

Más de una vez me dijo:

«Shéij ʿAdāb, ¿acaso ignoro que en los dos Ṣaī hay hadices débiles y rechazables? Pero si empezamos a debilitar hadices de los dos Ṣaī, ¿qué haremos entonces con los hadices del Musnad de Zayd y con las compilaciones de Ahl al-Bayt?».

Es decir: sus cadenas de transmisión son tan débiles que ni siquiera alcanzan el nivel de las narraciones aisladas del Muʿjam al-Ṣaghīr de al-abarānī.

Nuestro estimado maestro dijo:

«6. Los hadices sobre las virtudes no son simples relatos de méritos; esa es una comprensión superficial. En realidad contienen normas jurídicas y características particulares; esa es la comprensión correcta de ellos.

¿Y quién puede suspender la aplicación de las normas jurídicas contenidas en los hadices sobre las virtudes?

¿Acaso ha descendido revelación después del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él y con su familia? ¿O se trata simplemente del parloteo de un extraviado?».

Dice el humilde ʿAdāb:

Observa, querido lector, las palabras del shéij Mamūd: confusas, equívocas y despectivas hacia mi humilde persona («el parloteo de un extraviado»).

Respondo:

Nosotros no afirmamos que exista revelación después del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él y con su familia, y nos refugiamos en Allah de la idea de dejar de lado o ignorar cualquier hadiz auténtico que contenga una creencia secundaria o una norma jurídica.

Eso no lo sostiene ni ʿAdāb ni quienes tienen mucho menos conocimiento que él.

Sin embargo, mi postura parte de dos fundamentos.

El primero es la palabra del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él y con su familia:

«Basta como pecado para una persona narrar todo cuanto oye».

Lo recoge Muslim en la introducción de su Ṣaī, en el capítulo «La prohibición de narrar todo lo que uno oye» (n.º 5).

¿Acaso las narraciones de hadices están exentas de esta advertencia?

El segundo fundamento es la enseñanza de dos nobles Compañeros, a quienes el shéij Mamūd ama y venera.

Nuestro señor, el Imam ʿAlī, la paz sea con él, dijo:

«Hablad a la gente de aquello que puedan comprender. ¿Acaso queréis que desmientan a Allah y a Su Mensajero?».

Lo transmite al-Bujārī en el Libro del conocimiento, capítulo «Quien reserva ciertos conocimientos para algunas personas por temor a que otros no los comprendan» (n.º 127).

Y nuestro señor ʿAbd Allāh ibn Masʿūd, que Allah esté complacido con él, dijo:

«Siempre que hables a una gente de algo que su entendimiento no pueda abarcar, ello será motivo de prueba para algunos de ellos».

Lo recoge Muslim en la introducción de su Ṣaī.

Nuestro shéij Mamūd sabe demasiado bien para ignorar que los sunníes —quienes él mismo afirma representar— prohibieron transmitir los hadices que relatan los defectos de algunos Compañeros e hicieron de sus principios doctrinales:

«Abstenerse de hablar sobre las discordias y conflictos que ocurrieron entre los Compañeros».

Algunos de sus sabios incluso consideraron que transmitir un hadiz que censurara a cualquier Compañero, por grave que hubiera sido su conducta, era un indicio de zandaqa (herejía encubierta).

Tampoco ignora el shéij Mamūd que Mālik desaprobaba transmitir los hadices relativos a los atributos divinos, que son centenares.

Y tampoco ignora que todos los hadices sobre las virtudes del Imam ʿAlī estaban registrados en los cuadernos de al-Zuhrī y Mālik, pero ninguno de ellos transmitió un solo hadiz de ese conjunto, tal como afirma el gran hafiz Ibn ibbān y como muestran los hechos.

¿Acaso todos ellos son personas que «creyeron en una parte del Libro y rechazaron otra»?

¿Y son sus palabras, como las mías, «el parloteo de un extraviado»?

Nuestro shéij Mamūd dijo:

«Entre los hadices sobre las virtudes están:

"Tú ocupas respecto de mí el lugar que Hārūn ocupó respecto de Mūsā".

"Aquel de quien yo soy su mawlā, ʿAlī es también su mawlā".

"A ʿAmmār lo matará el grupo rebelde; él los llama al Paraíso y ellos lo llaman al Fuego".

"Dejo entre vosotros las dos cargas preciosas (al-thaqalayn)".

Así como las virtudes de los Anṣār, de los dos Santuarios, la multiplicación de las recompensas, el viaje religioso hacia ellos y muchas otras».

Dice el humilde ʿAdāb:

Al igual que mi maestro Mamūd, creo en la autenticidad de todos los hadices que él ha citado en ese párrafo.

Hadices que expresan una sensibilidad próxima [en ese aspecto] a la del chiismo, tal como ocurre también conmigo. [Nota: en ese aspecto de la primacía del Imam ´Alí en particular, ya que el autor como se observa del texto no es chií]

Sin embargo, todos los Compañeros, excepto los Banū Hāshim y otros cinco nobles Compañeros, no solo dejaron de transmitirlos, sino que se apartaron completamente de ellos. Entre esos Compañeros estaban quienes los sunníes consideran los mejores de todos: Abū Bakr, ʿUmar y ʿUthmān.

Con el paso del tiempo, todo el madhhab sunní se edificó sobre el alejamiento respecto de Ahl al-Bayt, negándoles sus derechos económicos y atreviéndose incluso a encarcelarlos, perseguirlos y matarlos cuando reclamaban lo que consideraban sus derechos.

Esta inmensa escuela —mil quinientos millones de musulmanes— jamás aceptará que Ahl al-Bayt posean una distinción especial respecto del resto de la creación y seguirá combatiéndolos y oprimiéndolos cada vez que reclamen un derecho.

Tras el éxito de la revolución siria y el alzamiento de la bandera omeya, la tendencia naṣibí se fortaleció. Llegó a ser tan habitual menospreciar públicamente a Ahl al-Bayt y rebajar la posición del Imam ʿAlī como beber un vaso de agua fría.

Y hablar de las virtudes de Ahl al-Bayt pasó a interpretarse como un apoyo a los rāfiíes, de quienes nuestro shéij Mamūd dice que no deben ser objeto de campañas de desprestigio porque aman y apoyan a Ahl al-Bayt.

Mientras tanto, hace la vista gorda ante los diversos crímenes cometidos por los más miserables de entre ellos en Siria y en otros lugares. ¡Que sobre ellos recaigan la maldición de Allah, de los ángeles y de toda la humanidad!

Nuestro shéij Mamūd dijo:

«7. Estos hadices auténticos sobre las virtudes están relacionados con normas jurídicas, y sobre ellos se han construido escuelas jurídicas. No está permitido apartarse de las normas derivadas de estas pruebas.

No nos importa que una persona las ignore, que una secta abandone su significado, que un grupo desconozca las vías de su autenticidad y hable con ignorancia, que un ignorante pretenda ser sabio, que un laicista solo crea en los textos como historia o los destruya, o que un coranista ciego y extraviado no sepa lo que dice. La verdad no se conoce por la opinión de una secta.

Nuestra posición es: "Di: Allah; luego déjalos entregados a sus discusiones y juegos".

¿Acaso vamos a abandonar la explicación profética por seguir una pasión, una secta o la ignorancia?

¡Gloria a Ti! Esto es una enorme calumnia».

Dice el humilde ʿAdāb:

Todo eso son generalizaciones, exageraciones y dramatizaciones que ni yo ni ningún sabio musulmán necesitamos.

¿Qué normas jurídicas concretas se derivan de muchos de los hadices sobre las virtudes?

¿Que ʿAlī es el mawlā de los creyentes?

Mil quinientos millones de sunníes te responderán que de ahí no se deriva ninguna norma jurídica; simplemente fue una forma de consolar al Imam ʿAlī después de que algunos criticaran ciertas de sus actuaciones.

¿Que ʿAlī ama a Allah y a Su Mensajero?

Ellos responden con las palabras de Allah:

«Los creyentes son los que más intensamente aman a Allah».

Y también:

«Allah traerá un pueblo al que Él amará y que lo amará».

¿Hablas de seguir a las dos cargas preciosas?

Debilitaron la versión «El Libro de Allah y mi familia (ʿitratī)» y adoptaron la versión «El Libro de Allah y mi Sunnah». Esa es la única que escriben en sus compilaciones y la única que enseñan en las escuelas.

La generación de los Compañeros —salvo unos pocos individuos— no prestó atención alguna a estos hadices, y la comunidad los siguió en ello.

Entonces, ¿dónde está esa legislación obligatoria que, según tú, contienen estos hadices? ¿Es aceptable acusar a los Compañeros y a toda la comunidad de haber ignorado normas legislativas establecidas por el Mensajero?

Nuestro shéij Mamūd dijo:

«8. La reforma de la comunidad no se consigue destruyendo sus fundamentos ni imponiendo restricciones a su Sunnah y a las normas jurídicas derivadas de ella».

Dice el humilde ʿAdāb:

Si los hadices sobre las virtudes del Imam ʿAlī y de Ahl al-Bayt forman parte de los fundamentos inmutables de la religión, como afirmas, entonces los primeros en destruirlos fueron los propios Compañeros, quienes se apartaron del Imam ʿAlī. Muchos de ellos llegaron incluso a odiarlo, y el más cercano a él, al-Zubayr, luchó contra él alegando que el Imam «había cambiado».

¡Shéij Mamūd!

Sería más apropiado para alguien que ya ha superado los ochenta años hablar de aquello que le sirva de salvación ante Allah.

Porque hoy la mayoría de los imames chiíes —zaydíes, duodecimanos e ismailíes, así como las ramas derivadas de ellos— solo sostienen posturas que desgarran a la comunidad, incrementan sus enfrentamientos y consolidan el sectarismo.

Y la mayoría de los dirigentes chiíes actuales y de sus seguidores albergan un profundo rencor y no vacilan en matar a un musulmán sunní ante la menor sospecha. Lo ocurrido en Siria no está lejos de vosotros: gobernaron, corrompieron y no respetaron ni pacto ni protección respecto de los musulmanes.

Yo, este humilde siervo, no estoy satisfecho con toda la historia del sunnismo, desde el día de la Saqīfah hasta nuestros días.

Sí, shéij.

Ni siquiera estoy satisfecho con los treinta años que suelen llamarse el Califato Rectamente Guiado.

Sin embargo, distingo entre los aspectos correctos, buenos y positivos de nuestra historia, las circunstancias de necesidad y los errores propios de los seres humanos.

La actitud de los chiíes actuales no es así.

En cualquier caso, considero al shéij Mamūd Saʿīd Mamdū uno de los grandes sabios vinculados a Ahl al-Bayt. Incluso creo que fue él quien me dio el sobrenombre de «Defensor de la Descendencia del Profeta» (Nāṣir al-ʿItrah).

Por ello le profeso respeto y consideración.

Y le ruego que invoque por mí para que pase del extravío al recto camino y a la guía.

Y Allah es Quien mejor sabe.

Alabado sea Allah en toda circunstancia.

Escrito por: ʿAllāmah al-Sharīf ´Adāb al-Hamsh al-Ḥusaynī, que Allah le proteja.

[Traducido con IA, a partir de su publicación en Facebook]