Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

jueves, 6 de agosto de 2026

Castigado por pensar: este sabio no se arrodilló ante el sectarismo

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

 


CASTIGADO POR PENSAR: LA VENGANZA DEL SECTARISMO

El texto que sigue no es solamente el lamento de un sabio herido: es una acusación contra una cultura que se beneficia del conocimiento de sus hombres libres, pero los abandona cuando se niegan a someterse. Y no se trata solo del poder político, se trata de algo mucho más profundo.

El shaykh ´Adab al-amsh es un sabio de vastísima formación, con décadas dedicadas al estudio, la investigación, la enseñanza universitaria y el servicio al conocimiento islámico. Sin embargo, su independencia intelectual y su negativa a convertir las escuelas, las identidades sectarias o las autoridades heredadas en objetos de obediencia incuestionable tuvieron un precio devastador, como él mismo lo expresa en estas líneas de tono sumamente personal.

Publicaremos después la reflexión posterior de él mismo, después de que él recibiera un sorprendete comentario a las palabras que aparecen traducidas a continuación. 

 

Asuntos sociales:

¿Estás arrepentido?

En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.

Uno de mis antiguos amigos vino a visitarme. Al verme cabizbajo y triste, incapaz de conversar con él y atenderlo como correspondía a un huésped querido, me dijo:

—Allah, exaltado sea, dice: «Y si se os dice: “Regresad”, entonces regresad; eso es más puro para vosotros».

Si mi visita no es oportuna, me marcharé sin molestarme, ¡por Allah! Pero ¿qué te sucede? Cuéntamelo. Me entristece verte enfermo, afligido, como si no fueras tú mismo.

Le dije:

—No te recuerdo antes del tercer grado de primaria. Nuestra amistad se mantiene desde entonces hasta hoy. Vivimos juntos ocho años en la noble Meca, seis años en Iraq y cerca de diez años en Jordania. ¿Lo recuerdas?

Me miró fijamente, con sorpresa, y respondió:

—¡Por supuesto que lo recuerdo, con todos sus detalles!

Le pregunté:

—¿Tú me tienes miedo?

Respondió:

—¡Por Allah, eres una persona intimidante! Pero yo no te temo, porque respetas a tus maestros y colegas, eres paciente con ellos, y jamás he oído que hayas insultado o golpeado a ninguno. Por eso no te tengo miedo. ¿Qué pretendes con esta pregunta?

Le dije:

—Soy musulmán, creyente y practicante de la excelencia espiritual, según creo. Soy profesor universitario y poseo los grados de licenciatura, maestría y doctorado, todos obtenidos con calificación de excelencia.

Tengo más de veinte libros publicados y más de cien investigaciones, además de mi labor de edición crítica, verificación y documentación de las cadenas y fuentes de los Ṣaī de al-Bujārī, Muslim e Ibn ibbān.

¿No resulta llamativo que ninguna universidad, facultad ni instituto haya querido contratarme para enseñar desde 1996 hasta nuestro encuentro de hoy, en la noche del primero de agosto de 2026?

¿Soy acaso la persona más ignorante de toda la comunidad que posee un doctorado?

¿Soy el peor doctor del mundo árabe?

¿Cometo, según lo que tú conoces de mí, actos obscenos o inmorales?

¿Es realmente mi situación un decreto divino coercitivo, mediante el cual Allah, exaltado sea, quiere empobrecerme hasta el punto de que no he tenido ingreso económico alguno desde el 1 de enero de 2018 hasta este mismo instante?

Todos mis gastos han sido cubiertos mediante préstamos benévolos sin interés, cuya cuantía ya alcanza cientos de miles de dólares. Temo morir antes de poder devolverlos, y temo que, debido a su enorme magnitud, mis hijos se nieguen a pagarlos después de mi muerte.

¿Debo decirte, hermano mío, que ya no encuentro a nadie que quiera prestarme dinero, del mismo modo que tampoco encuentro a nadie dispuesto a comprar el excelente terreno que heredé de mi padre —que Allah, exaltado sea, tenga misericordia de él— para que pueda pagar mis deudas con su valor?

¿Hasta tal punto merezco este castigo y esta privación, mientras muchos doctores que fueron alumnos míos encuentran empleos con salarios elevados que los libran de la angustia de las deudas abrumadoras?

Dime, por Allah: ¿por qué tú posees una casa en amā, un apartamento en Damasco, un automóvil y decenas de miles de dólares, cuando únicamente tienes una licenciatura?

Mientras que yo no he podido comprar ni siquiera una habitación ni una bicicleta, y no poseo un solo dólar, salvo aquello que consigo prestado.

¿Es esta la justicia del Sapientísimo Proveedor?

¿O es la injusticia de los musulmanes?

Mi amigo me respondió:

—¿Acaso sé yo algo que tú ignoras? ¿Qué podría contestarte?

Sin duda, Allah, exaltado sea, posee una sabiduría en este sufrimiento tuyo. Pero es imposible que tú atribuyas injusticia al Señor de los mundos. ¡Lejos de ti semejante pensamiento!

¡Oh, shayj Adab! Tú no te pareces a ninguno de los sabios ni de los doctores, y ninguno de ellos se parece a ti.

En realidad, no perteneces, en las cuestiones doctrinales e intelectuales, a ninguno de los madhhabs de Ahl al-Sunna.

Proclamas abierta y públicamente que no eres de Ahl al-Sunna y que no consideras que Ahl al-Sunna sean, por sí solos, la gente de la verdad y el grupo salvado, ni que ellos sean toda la comunidad musulmana mientras los demás se encuentran extraviados.

¡Y no solamente eso!

También has dicho que no te consideras obligado a imitar a Abū Bakr, ʿUmar, ʿUthmān, ʿAlī, etcétera.

Ahl al-Sunna es una corriente con límites que no deben ser traspasados. Cada uno de sus madhhabs posee sus propios fundamentos, filosofía y sabios, mientras que tú no consideras que todo eso merezca ser sacralizado.

Y quienes no pertenecen a Ahl al-Sunna te consideran un enemigo encarnizado.

Mañana y noche arremetes contra los rāfiíes, ridiculizas sus mentes y sus creencias y desacreditas a sus sabios.

Declaras incrédulos a los nuṣayríes, los drusos, los ismailíes y los yazidíes, así como al nacionalismo, el secularismo, el judaísmo y el cristianismo.

¿Y después esperas que los musulmanes y los no musulmanes sean justos contigo?

Según mi apreciación personal, todos se benefician de tu conocimiento cuando este fortalece su confianza en sus propios madhhabs y tendencias, pero apartan la vista de aquello que contiene una crítica o menoscabo de sus propias posiciones.

Tú mismo afirmas que quien se limita a imitar es ignorante, aunque posea un doctorado. Eso significa que toda la comunidad es ignorante, porque todos los sabios son imitadores.

Por eso no me parece justo que pidas a la gente que se preocupe por tu sufrimiento, tus enfermedades y tus necesidades.

Además, ahora no puedes caminar ni cien pasos sin ayuda.

Es decir, han transcurrido setenta y nueve años de tu vida, durante los cuales soportaste sus pruebas y dificultades. ¿Acaso eres ahora incapaz de soportar lo que queda de estos «días del ocaso»?

Y a vosotros, hermanos míos y queridos amigos de mi página, os pregunto:

¿Merece una persona de pensamiento libre pasar toda su vida en la pobreza, la opresión y el desconocimiento?

¿Contiene esta publicación una lección para toda persona libre, íntegra y honorable, cuya conclusión sería la siguiente: «Guárdate de contradecir al sectarismo abominable y a sus caciques, al estrecho confesionalismo y a sus guardianes, y a los políticos serviles y despreciables y a sus secuaces»?

Y alabado sea Allah en toda circunstancia.

ʿAllāmah al-Sharīf 'Adāb al-amsh al-usaynī, que Allah le proteja.

Traducido de su página personal de Facebook. 

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Oh Allah bendica a Shaykh ´Adab y dale buena salud y amplios medios y que su legado sea preservado con espíritu renovado de investigación por nuestras generaciones.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Por esto hay gente que abandona el Islam

En el Nombre de Dios,
el Misericordioso, el Compasivo

 



Cuando enseñanzas no auténticas dañan

Introducción

Hay errores religiosos que no permanecen encerrados en los libros. Entran en las mezquitas, se repiten en los círculos de enseñanza, llegan a los hogares y terminan modelando la relación de los padres con sus hijos. Cuando una afirmación es presentada como palabra o enseñanza del Profeta Muhammad (), adquiere para el creyente una autoridad inmensa. Por eso, atribuirle una enseñanza sin haber comprobado suficientemente su autenticidad no es una negligencia menor: puede convertir una costumbre cultural, una inclinación autoritaria o una forma de violencia heredada en una supuesta exigencia del Islam.

Un adī [hadith, hadiz] es un relato que atribuye al Profeta Muhammad () determinadas palabras, acciones, aprobaciones o características. Junto con el Sagrado Corán, los hadices constituyen una fuente fundamental para conocer la Sunna, es decir, el ejemplo normativo y la orientación profética. Precisamente por esa importancia, los sabios musulmanes desarrollaron las ciencias del adī, mediante las cuales se examinan tanto la cadena de transmisores —el isnād— como el contenido transmitido —el matn—. No todo lo que aparece introducido por las palabras «el Profeta dijo» posee el mismo grado de autenticidad.

El texto que presentamos tiene por autor a Tahsin Alam. En su texto, el autor critica afirmaciones de Mawlānā Muammad Zakariyyā al-Kāndahlawī, fallecido en 1982, un influyente sabio indio de orientación deobandí, maestro de adī y autor de numerosas obras. Su libro Faāʾil-e-Aʿmāl —«Las virtudes de las obras»— ocupa un lugar especialmente importante dentro de la Jamāʿat al-Tablīgh o movimiento tablighí: ha sido traducido a numerosos idiomas y se lee habitualmente en sus reuniones, viajes de predicación y círculos familiares. Por tanto, no estamos ante unas líneas marginales, sino ante un texto que ha influido en la formación religiosa y doméstica de millones de musulmanes.

La crítica de Tahsin Alam debe leerse con la urgencia que merece. La cuestión no es si los niños deben recibir educación, aprender la oración o adquirir disciplina. La cuestión es si pueden reunirse relatos débiles, cadenas problemáticas y máximas sin fuente para construir, en nombre del Profeta Muhammad (), una pedagogía de la vara. Cuando la dureza humana se reviste con la autoridad de Allah y de Su Mensajero, el daño no solamente alcanza el cuerpo del niño: puede deformar para siempre su imagen del Islam, de la oración y del propio Profeta de la Misericordia ().


Texto de Tahsin Alam

«Por esto la gente abandona el Islam»

Voy a citar, fragmento por fragmento, a Zakariyyā Kāndahlawī —fallecido en 1982— a partir de su célebre Faāʾil-e-Aʿmāl, y responderé a cada fragmento a medida que avancemos. Lean sus palabras y después lean las mías.

Él cita:

عَنْ مُعَاذِ بْنِ جَبَلٍ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ... وَأَنْفِقْ عَلَى أَهْلِكَ مِنْ طَوْلِكَ وَلَا تَرْفَعْ عَنْهُمْ عَصَاكَ أَدَبًا وَأَخِفْهُمْ فِى اللهِ
رواه أحمد والطبراني في الكبير وغيرهم

«Gasta en los miembros de tu familia de acuerdo con tus posibilidades; mantén la vara suspendida sobre ellos como advertencia y para castigarlos cuando descuiden sus deberes hacia Allah».

Yo respondo:

Este es un adī débil.

Un adī débil —aʿīf— es un relato cuya cadena de transmisión está interrumpida o presenta algún defecto.

La cadena de transmisión es la sucesión de personas que fueron comunicando el relato, una a la siguiente, hasta remontarse al Profeta Muhammad ().

Cuando esa sucesión contiene una interrupción o un transmisor problemático, no podemos tener la certeza suficiente de que el Profeta Muhammad () haya pronunciado realmente esas palabras.

[Nota: En la terminología técnica, un adī aʿīf no es necesariamente un relato inventado. Significa que no reúne todas las condiciones exigidas para ser clasificado como ṣaī —auténtico o sólido— o asan —aceptable o bueno—. Su debilidad puede deberse a una ruptura en la cadena, a problemas de memoria o credibilidad de algún transmisor, o a otras anomalías.]

El shayj Shuʿayb al-Arnaʾū afirmó que, en este caso, la cadena está interrumpida entre sus diferentes niveles.

No se puede construir una regla que autorice a golpear a los niños sobre la base de un relato que quizá nunca fue pronunciado.

Él afirma:

«De acuerdo con este adī, no debemos prescindir de la vara al impedir que los niños se vuelvan indisciplinados y hagan cuanto les apetezca».

Yo respondo:

Toma un relato débil y lo convierte en una regla educativa destinada a millones de hombres.

Pero Allah describió a Su propio Profeta Muhammad () de esta manera:

فَبِمَا رَحْمَةٍ مِّنَ اللَّهِ لِنتَ لَهُمْ ۖ وَلَوْ كُنتَ فَظًّا غَلِيظَ الْقَلْبِ لَانفَضُّوا مِنْ حَوْلِكَ

«Por una misericordia procedente de Allah fuiste amable con ellos. Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían dispersado y alejado de ti» (Sura Āl ʿImrān, 3:159).

Si la dureza hace que creyentes adultos se alejen, ¿qué puede hacerle a un niño pequeño?

Él afirma:

«En algunas ocasiones es necesario utilizar la vara. Es lamentable que, por amor, no utilicemos la vara desde el principio y que después, cuando los niños ya se han echado a perder, lloremos y nos quejemos de ellos».

Yo respondo:

Nunca es necesario.

ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella—, quien convivió con el Profeta Muhammad (), dijo:

مَا ضَرَبَ رَسُولُ اللَّهِ شَيْئًا قَطُّ بِيَدِهِ، وَلَا امْرَأَةً، وَلَا خَادِمًا

«El Mensajero de Allah () jamás golpeó nada con su mano: ni a una mujer ni a un sirviente» (Ṣaī Muslim, 2328).

El mejor ser humano que haya vivido educó a niños y tuvo sirvientes en su hogar, y ni una sola vez utilizó la vara.

¿Cómo puede ser entonces «necesaria» para nosotros?

Él afirma:

«Prescindir de la vara y echar a perder al niño no constituye bondad alguna. ¿Quién querría evitar que un niño fuera sometido a una operación quirúrgica recomendada por un médico por la sencilla razón de que esta le causaría dolor?».

Yo respondo:

Esta es una falsa equivalencia.

Una falsa equivalencia es un error de razonamiento mediante el cual se colocan dos realidades diferentes una al lado de la otra y se actúa como si fueran iguales.

Una operación quirúrgica cura: la realiza una mano capacitada y responde a una razón médica claramente determinada.

Golpear con ira a un niño asustado no cura nada.

Ambas cosas no son comparables; por tanto, la comparación no demuestra absolutamente nada.

Él afirma:

«Se ha transmitido que el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo en numerosas ocasiones: “Ordena a tu hijo que realice la oración cuando tenga siete años y golpéalo si la descuida después de cumplir diez años”».

Yo respondo:

Mi maestro, el shayj Akram Nadwī, ha escrito específicamente acerca de este adī.

Es un adī débil.

[Nota: La ṣalāt es la oración ritual obligatoria que los musulmanes realizan cinco veces al día. El relato mencionado suele citarse para sostener que los padres deben comenzar a ordenar la oración a los siete años y que podrían recurrir al castigo físico a partir de los diez.]

Él afirma:

«arat ʿAbd Allāh ibn Masʿūd —que Allah esté complacido con él— dijo: “Proteged la oración de vuestros hijos e inculcadles buenos hábitos”».

Yo respondo:

Este relato también es débil.

En al-Muʿjam al-Kabīr de al-abarānī, su cadena contiene a Abū Nuʿaym irār ibn Ṣurad, a quien los especialistas calificaron como débil —véase al-Haythamī, Majmaʿ al-Zawāʾid, número 1631—.

Incluso en la versión transmitida por al-Bayhaqī —al-Sunan al-Kubrā, 5/586— la cadena es objeto de discusión.

En cualquier caso, observen lo que el texto dice realmente: enseñad buenos hábitos a los niños.

No dice absolutamente nada acerca de golpearlos.

[Nota: Un relato atribuido a un Compañero del Profeta, en lugar de al Profeta mismo, suele denominarse aar. Puede tener valor religioso o histórico, pero no posee automáticamente el mismo rango que un adī profético auténtico.]

Él afirma:

«Luqmān el Sabio solía decir: “Utilizar la vara con el niño es tan indispensable como el agua para los campos”».

Yo respondo:

No he podido encontrar esta frase en ninguna fuente fiable.

No posee cadena de transmisión alguna.

Se presenta como una enseñanza sapiencial de Luqmān, pero no existe nada que permita rastrearla hasta él.

[Nota: Luqmān es el sabio mencionado en la sura 31 del Sagrado Corán. El Corán reproduce sus consejos a su hijo, centrados en el monoteísmo, la oración, la paciencia, la humildad y las buenas maneras; no le atribuye esta comparación entre la vara y el agua.]

Él afirma:

«Se ha transmitido que el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Una persona que amonesta a sus hijos obtiene de Allah una recompensa mayor que la que recibiría por gastar aproximadamente siete libras de grano en Su camino”».

Yo respondo:

Este relato aparece en al-Tirmiī —número 1951— y al-Suyūī lo clasificó como débil —aʿīf—.

Otro ladrillo débil en el muro.

Él afirma:

«En otro adī, el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Que Allah bendiga a la persona que mantiene un látigo colgado en su casa para amonestar a los miembros de su familia”».

Yo respondo:

Estas son exactamente las palabras que decidió utilizar.

Al-Zaylaʿī, en Takhrīj al-Kashshāf —1/316—, señala que su cadena contiene a ʿAbbād ibn Kaīr, a quien al-Bujārī, Ibn Maʿīn y al-Nasāʾī calificaron como débil.

Débil otra vez.

Él afirma:

«En otra ocasión dijo: “Ningún padre puede conceder a sus hijos nada mejor que enseñarles buenos modales”».

Yo respondo:

Este relato aparece en al-Bayhaqī —al-Sunan al-Kubrā, 5/587—, y al-Bujārī señaló que el transmisor ni siquiera llegó a conocer al Profeta Muhammad ().

Y observen que incluso este relato habla de enseñar buenos modales, no de utilizar la vara.

Hagamos, por tanto, el recuento.

El adī que sirve de fundamento es débil.

El relato que dice «golpeadlos a los diez años» está gravemente cuestionado.

El aar atribuido a Ibn Masʿūd es débil.

La frase atribuida a Luqmān carece por completo de fuente.

El relato sobre la medida de grano es débil.

El relato que ordena «colgar un látigo» es débil.

El relato sobre los «buenos modales» posee una cadena interrumpida.

Cada uno de los ladrillos es débil o inexistente.

No existe ni un solo relato sólido que ordene a un padre golpear a su hijo para disciplinarlo.

Ahora contemplemos la verdadera Sunna.

[Nota: La Sunna es el camino y ejemplo del Profeta Muhammad (), conocido a través de sus enseñanzas, su conducta y los relatos transmitidos sobre él. Tahsin Alam contrapone aquí una acumulación de textos débiles a comportamientos proféticos establecidos mediante hadices considerados auténticos.]

Anas —que Allah esté complacido con él— sirvió al Profeta Muhammad () desde que era niño y relató:

خَدَمْتُ النَّبِيَّ عَشْرَ سِنِينَ، فَمَا قَالَ لِي أُفٍّ

«Serví al Profeta Muhammad () durante diez años y ni una sola vez me dijo “uff”; nunca me preguntó por qué había hecho algo ni por qué había dejado de hacerlo» (Ṣaī al-Bujārī, 6038; Ṣaī Muslim, 2309).

(«Uff» es una expresión mínima de fastidio o irritación.)

Diez años teniendo a un niño a su servicio, y ni una sola palabra hiriente.

Un jefe tribal llamado al-Aqraʿ vio al Profeta Muhammad () besar a su nieto y dijo:

«Tengo diez hijos y nunca he besado a ninguno de ellos».

El Profeta Muhammad () lo miró y dijo:

مَنْ لَا يَرْحَمْ لَا يُرْحَمْ

«Quien no muestra misericordia no recibirá misericordia» (Ṣaī al-Bujārī, 5997; Ṣaī Muslim, 2318).

Otro hombre se mostró sorprendido de que besara a los niños. El Profeta Muhammad () le respondió:

أَوَأَمْلِكُ لَكَ أَنْ نَزَعَ اللَّهُ مِنْ قَلْبِكَ الرَّحْمَةَ

«¿Qué puedo hacer por ti si Allah ha arrancado la misericordia de tu corazón?» (Ṣaī al-Bujārī, 5998).

¿Cuál de las dos es, entonces, la Sunna?

¿Un relato débil acerca de un látigo colgado en la pared?

¿O el Profeta de la Misericordia (), quien durante diez años no levantó una sola vez la mano —ni siquiera la voz— contra un niño?

No arrojamos por la borda el Sagrado Corán y la Sunna auténtica para salvar un adī débil.

Hacemos exactamente lo contrario.

El Profeta Muhammad () fue enviado como Ramatan li-l-ʿĀlamīn —«una misericordia para todos los mundos»—.

Esa misericordia debía alcanzar, antes que a nadie, a las personas más pequeñas e indefensas del hogar:

nuestros hijos.

اللهم اشهد

¡Oh Allah, sé Tú mi testigo!

—Tahsin Alam


Comentario final

El núcleo de la denuncia de Tahsin Alam es legítimo y urgente: no puede utilizarse la autoridad sagrada del Profeta Muhammad () con ligereza, y mucho menos para presentar la violencia doméstica como una expresión de fidelidad religiosa. Un relato débil no debe convertirse, mediante la repetición y la retórica piadosa, en una licencia general para que los padres golpeen a sus hijos. Tampoco puede sustituirse el carácter profético —fundado en la misericordia, la paciencia y el dominio de la ira— por una pedagogía de intimidación permanente.

Precisamente por ello hay que rechazar el procedimiento justamente denunciado por Tahsin Alam: acumular relatos débiles, máximas sin cadena y frases atribuidas a personajes venerables para crear la impresión de que el látigo constituye una pieza indispensable de la educación islámica. Enseñar la oración es una obligación de amor y responsabilidad; enseñar a un niño a relacionar la oración con el miedo a ser golpeado puede, por el contrario, sembrar en él una aversión que permanezca durante toda su vida. En efecto, así es como algunos niños no solamente terminan huyendo de sus padres, sino también de la imagen deformada de Allah y del Islam que sus padres les impusieron.


Sorpresas en nuestra historia y nuestra cultura de los hadices

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

 


Sorpresas en nuestra historia y nuestra cultura de los hadices: contra el fanatismo

No comparto la tesis del autor sobre la conveniencia de dejar de lado determinados hadices relativos a las virtudes. Sin embargo, esa tesis fue materia de otro artículo suyo y en éste, más bien, el autor a propósito de dicha tesis da a conocer algunos aspectos sorprendentes de nuestra historia inicial islámica y de la cultura de hadices que se ha generado en la tradición. Hay así numerosas observaciones históricas y metodológicas poco conocidas, así como datos que invitan a revisar muchas ideas preconcebidas que damos por sentadas.

Debemos entonces comprender la complejidad de nuestra tradición, escapar de las visiones unilaterales y combatir el fanatismo, las actitudes irracionales y favorecer una relación más madura, equilibrada y razonable con nuestra historia, nuestra cultura de los hadices y la diversidad existente dentro de la Ummah.

El autor, uno de los más destacados especialistas en las ciencias del hadiz, experto además en varias otras ciencias islámicas, y profundo conocedor de los textos no solo sunníes sino también de las otras escuelas del Islam, sostiene aquí un intenso intercambio y debate con otro especialista del hadiz.

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Cuestiones de hadiz:
¿Es obligatorio adoptar los hadices sobre las virtudes (faāʾil)?

En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.

«Los primeros precursores entre los emigrantes (al-Muhājirūn) y los auxiliares (al-Anṣār), así como quienes los siguieron con excelencia: Allah está complacido con ellos y ellos están complacidos con Él». (Sagrado Corán. Surah at Tawbah; 9:100)

Dicho esto:

Siempre he considerado, y sigo considerando, que una de las mayores desgracias de la comunidad islámica, y una de las que más ha afectado a la conciencia colectiva de los musulmanes, son los libros de transmisión de hadices.

Sí, los libros de transmisión de hadices, en los que los partidarios de las pasiones sectarias encuentran más de lo que necesitan para justificar sus inclinaciones y sus innovaciones religiosas.

Ni siquiera excluyo las colecciones auténticas de Ahl al-Sunna —los Ṣaī de al-Bujārī, Muslim, Ibn Juzaimah e Ibn ibbān—, obras que contienen lo más auténtico que se ha atribuido al Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con él y con su familia, respecto de sus cualidades personales, sus virtudes, sus méritos, sus palabras, sus actos y sus aprobaciones.

No tengo duda de que estas son las mejores colecciones de narraciones para todos los musulmanes, tanto sunníes como chiíes e ibadíes.

En una de mis publicaciones propuse dejar de lado los hadices sobre las virtudes de determinadas personas dentro de la cultura musulmana contemporánea, aplicando el principio jurídico de que «evitar los perjuicios tiene prioridad sobre procurar los beneficios».

El perjuicio, en este caso, consiste en el derramamiento de sangre de los musulmanes debido al fanatismo sectario construido sobre tales narraciones.

El beneficio consiste en exaltar y magnificar a quienes cada grupo considera dignos de veneración.

Por ello propuse limitarse a los textos generales del Corán sobre el mérito de los Compañeros, por ejemplo, para evitar intensificar los conflictos entre las propias escuelas sunníes, sin mencionar ya las luchas sangrientas entre los sunníes y otros grupos.

Entonces nuestro maestro, el erudito especialista en hadiz, el doctor Mahmūd Saʿīd Muammad Mamdū, que Allah lo preserve y le conceda bienestar, escribió una extensa publicación titulada:

«Los hadices sobre las virtudes... y las normas jurídicas».

En ella se dedicó a refutar lo que yo había escrito, considerando que evitar recurrir a los hadices sobre las virtudes de determinadas personas equivalía a la palabra de Allah:

«¿Acaso creéis en una parte del Libro y rechazáis otra?».

Presentaré algunos de sus argumentos y los discutiré, no como una respuesta contra él ni con el deseo de corregir algunas de sus ideas —pues él nunca se retracta de nada que haya dicho, porque considera que ello disminuiría su prestigio científico y social—.

Más de una vez me dijo:

«Shéij ʿAdāb, ¿acaso ignoro que en los dos Ṣaī hay hadices débiles y rechazables? Pero si empezamos a debilitar hadices de los dos Ṣaī, ¿qué haremos entonces con los hadices del Musnad de Zayd y con las compilaciones de Ahl al-Bayt?».

Es decir: sus cadenas de transmisión son tan débiles que ni siquiera alcanzan el nivel de las narraciones aisladas del Muʿjam al-Ṣaghīr de al-abarānī.

Nuestro estimado maestro dijo:

«6. Los hadices sobre las virtudes no son simples relatos de méritos; esa es una comprensión superficial. En realidad contienen normas jurídicas y características particulares; esa es la comprensión correcta de ellos.

¿Y quién puede suspender la aplicación de las normas jurídicas contenidas en los hadices sobre las virtudes?

¿Acaso ha descendido revelación después del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él y con su familia? ¿O se trata simplemente del parloteo de un extraviado?».

Dice el humilde ʿAdāb:

Observa, querido lector, las palabras del shéij Mamūd: confusas, equívocas y despectivas hacia mi humilde persona («el parloteo de un extraviado»).

Respondo:

Nosotros no afirmamos que exista revelación después del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él y con su familia, y nos refugiamos en Allah de la idea de dejar de lado o ignorar cualquier hadiz auténtico que contenga una creencia secundaria o una norma jurídica.

Eso no lo sostiene ni ʿAdāb ni quienes tienen mucho menos conocimiento que él.

Sin embargo, mi postura parte de dos fundamentos.

El primero es la palabra del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él y con su familia:

«Basta como pecado para una persona narrar todo cuanto oye».

Lo recoge Muslim en la introducción de su Ṣaī, en el capítulo «La prohibición de narrar todo lo que uno oye» (n.º 5).

¿Acaso las narraciones de hadices están exentas de esta advertencia?

El segundo fundamento es la enseñanza de dos nobles Compañeros, a quienes el shéij Mamūd ama y venera.

Nuestro señor, el Imam ʿAlī, la paz sea con él, dijo:

«Hablad a la gente de aquello que puedan comprender. ¿Acaso queréis que desmientan a Allah y a Su Mensajero?».

Lo transmite al-Bujārī en el Libro del conocimiento, capítulo «Quien reserva ciertos conocimientos para algunas personas por temor a que otros no los comprendan» (n.º 127).

Y nuestro señor ʿAbd Allāh ibn Masʿūd, que Allah esté complacido con él, dijo:

«Siempre que hables a una gente de algo que su entendimiento no pueda abarcar, ello será motivo de prueba para algunos de ellos».

Lo recoge Muslim en la introducción de su Ṣaī.

Nuestro shéij Mamūd sabe demasiado bien para ignorar que los sunníes —quienes él mismo afirma representar— prohibieron transmitir los hadices que relatan los defectos de algunos Compañeros e hicieron de sus principios doctrinales:

«Abstenerse de hablar sobre las discordias y conflictos que ocurrieron entre los Compañeros».

Algunos de sus sabios incluso consideraron que transmitir un hadiz que censurara a cualquier Compañero, por grave que hubiera sido su conducta, era un indicio de zandaqa (herejía encubierta).

Tampoco ignora el shéij Mamūd que Mālik desaprobaba transmitir los hadices relativos a los atributos divinos, que son centenares.

Y tampoco ignora que todos los hadices sobre las virtudes del Imam ʿAlī estaban registrados en los cuadernos de al-Zuhrī y Mālik, pero ninguno de ellos transmitió un solo hadiz de ese conjunto, tal como afirma el gran hafiz Ibn ibbān y como muestran los hechos.

¿Acaso todos ellos son personas que «creyeron en una parte del Libro y rechazaron otra»?

¿Y son sus palabras, como las mías, «el parloteo de un extraviado»?

Nuestro shéij Mamūd dijo:

«Entre los hadices sobre las virtudes están:

"Tú ocupas respecto de mí el lugar que Hārūn ocupó respecto de Mūsā".

"Aquel de quien yo soy su mawlā, ʿAlī es también su mawlā".

"A ʿAmmār lo matará el grupo rebelde; él los llama al Paraíso y ellos lo llaman al Fuego".

"Dejo entre vosotros las dos cargas preciosas (al-thaqalayn)".

Así como las virtudes de los Anṣār, de los dos Santuarios, la multiplicación de las recompensas, el viaje religioso hacia ellos y muchas otras».

Dice el humilde ʿAdāb:

Al igual que mi maestro Mamūd, creo en la autenticidad de todos los hadices que él ha citado en ese párrafo.

Hadices que expresan una sensibilidad próxima [en ese aspecto] a la del chiismo, tal como ocurre también conmigo. [Nota: en ese aspecto de la primacía del Imam ´Alí en particular, ya que el autor como se observa del texto no es chií]

Sin embargo, todos los Compañeros, excepto los Banū Hāshim y otros cinco nobles Compañeros, no solo dejaron de transmitirlos, sino que se apartaron completamente de ellos. Entre esos Compañeros estaban quienes los sunníes consideran los mejores de todos: Abū Bakr, ʿUmar y ʿUthmān.

Con el paso del tiempo, todo el madhhab sunní se edificó sobre el alejamiento respecto de Ahl al-Bayt, negándoles sus derechos económicos y atreviéndose incluso a encarcelarlos, perseguirlos y matarlos cuando reclamaban lo que consideraban sus derechos.

Esta inmensa escuela —mil quinientos millones de musulmanes— jamás aceptará que Ahl al-Bayt posean una distinción especial respecto del resto de la creación y seguirá combatiéndolos y oprimiéndolos cada vez que reclamen un derecho.

Tras el éxito de la revolución siria y el alzamiento de la bandera omeya, la tendencia naṣibí se fortaleció. Llegó a ser tan habitual menospreciar públicamente a Ahl al-Bayt y rebajar la posición del Imam ʿAlī como beber un vaso de agua fría.

Y hablar de las virtudes de Ahl al-Bayt pasó a interpretarse como un apoyo a los rāfiíes, de quienes nuestro shéij Mamūd dice que no deben ser objeto de campañas de desprestigio porque aman y apoyan a Ahl al-Bayt.

Mientras tanto, hace la vista gorda ante los diversos crímenes cometidos por los más miserables de entre ellos en Siria y en otros lugares. ¡Que sobre ellos recaigan la maldición de Allah, de los ángeles y de toda la humanidad!

Nuestro shéij Mamūd dijo:

«7. Estos hadices auténticos sobre las virtudes están relacionados con normas jurídicas, y sobre ellos se han construido escuelas jurídicas. No está permitido apartarse de las normas derivadas de estas pruebas.

No nos importa que una persona las ignore, que una secta abandone su significado, que un grupo desconozca las vías de su autenticidad y hable con ignorancia, que un ignorante pretenda ser sabio, que un laicista solo crea en los textos como historia o los destruya, o que un coranista ciego y extraviado no sepa lo que dice. La verdad no se conoce por la opinión de una secta.

Nuestra posición es: "Di: Allah; luego déjalos entregados a sus discusiones y juegos".

¿Acaso vamos a abandonar la explicación profética por seguir una pasión, una secta o la ignorancia?

¡Gloria a Ti! Esto es una enorme calumnia».

Dice el humilde ʿAdāb:

Todo eso son generalizaciones, exageraciones y dramatizaciones que ni yo ni ningún sabio musulmán necesitamos.

¿Qué normas jurídicas concretas se derivan de muchos de los hadices sobre las virtudes?

¿Que ʿAlī es el mawlā de los creyentes?

Mil quinientos millones de sunníes te responderán que de ahí no se deriva ninguna norma jurídica; simplemente fue una forma de consolar al Imam ʿAlī después de que algunos criticaran ciertas de sus actuaciones.

¿Que ʿAlī ama a Allah y a Su Mensajero?

Ellos responden con las palabras de Allah:

«Los creyentes son los que más intensamente aman a Allah».

Y también:

«Allah traerá un pueblo al que Él amará y que lo amará».

¿Hablas de seguir a las dos cargas preciosas?

Debilitaron la versión «El Libro de Allah y mi familia (ʿitratī)» y adoptaron la versión «El Libro de Allah y mi Sunnah». Esa es la única que escriben en sus compilaciones y la única que enseñan en las escuelas.

La generación de los Compañeros —salvo unos pocos individuos— no prestó atención alguna a estos hadices, y la comunidad los siguió en ello.

Entonces, ¿dónde está esa legislación obligatoria que, según tú, contienen estos hadices? ¿Es aceptable acusar a los Compañeros y a toda la comunidad de haber ignorado normas legislativas establecidas por el Mensajero?

Nuestro shéij Mamūd dijo:

«8. La reforma de la comunidad no se consigue destruyendo sus fundamentos ni imponiendo restricciones a su Sunnah y a las normas jurídicas derivadas de ella».

Dice el humilde ʿAdāb:

Si los hadices sobre las virtudes del Imam ʿAlī y de Ahl al-Bayt forman parte de los fundamentos inmutables de la religión, como afirmas, entonces los primeros en destruirlos fueron los propios Compañeros, quienes se apartaron del Imam ʿAlī. Muchos de ellos llegaron incluso a odiarlo, y el más cercano a él, al-Zubayr, luchó contra él alegando que el Imam «había cambiado».

¡Shéij Mamūd!

Sería más apropiado para alguien que ya ha superado los ochenta años hablar de aquello que le sirva de salvación ante Allah.

Porque hoy la mayoría de los imames chiíes —zaydíes, duodecimanos e ismailíes, así como las ramas derivadas de ellos— solo sostienen posturas que desgarran a la comunidad, incrementan sus enfrentamientos y consolidan el sectarismo.

Y la mayoría de los dirigentes chiíes actuales y de sus seguidores albergan un profundo rencor y no vacilan en matar a un musulmán sunní ante la menor sospecha. Lo ocurrido en Siria no está lejos de vosotros: gobernaron, corrompieron y no respetaron ni pacto ni protección respecto de los musulmanes.

Yo, este humilde siervo, no estoy satisfecho con toda la historia del sunnismo, desde el día de la Saqīfah hasta nuestros días.

Sí, shéij.

Ni siquiera estoy satisfecho con los treinta años que suelen llamarse el Califato Rectamente Guiado.

Sin embargo, distingo entre los aspectos correctos, buenos y positivos de nuestra historia, las circunstancias de necesidad y los errores propios de los seres humanos.

La actitud de los chiíes actuales no es así.

En cualquier caso, considero al shéij Mamūd Saʿīd Mamdū uno de los grandes sabios vinculados a Ahl al-Bayt. Incluso creo que fue él quien me dio el sobrenombre de «Defensor de la Descendencia del Profeta» (Nāṣir al-ʿItrah).

Por ello le profeso respeto y consideración.

Y le ruego que invoque por mí para que pase del extravío al recto camino y a la guía.

Y Allah es Quien mejor sabe.

Alabado sea Allah en toda circunstancia.

Escrito por: ʿAllāmah al-Sharīf ´Adāb al-Hamsh al-Ḥusaynī, que Allah le proteja.

[Traducido con IA, a partir de su publicación en Facebook]



martes, 28 de julio de 2026

Las imágenes: ¿halal o haram en el Islam? Respuesta detallada de un experto

 

En el Nonbre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo



LAS IMÁGENES: ¿HALAL (permitidas) O HARAM (prohibidas) EN EL ISLAM? RESPUESTA DETALLADA DE UN EXPERTO


PREGUNTA: «As-salāmu ʿalaykum, hermano. Quisiera pedir una opinión erudita acerca de la licitud del arte. Yo solía ser artista de anime y me ganaba la vida dibujando. Pero después, cuando retorné al Islam [es decir, cuando se convortió al Islam], algunos de mis hermanos de nuestra mezquita local me dijeron que eso estaba prohibido, porque existe un hadiz que dice que quienes hacen imágenes serán castigados severamente. 

Ahora bien, he estado viendo que existen matices al respecto, y mi intención era principalmente utilizarlo con fines narrativos. ¿Cuál es tu posición sobre esto y cuál debería ser la postura islámica respecto de esta cuestión?»

RESPUESTA:

Y esta es mi respuesta:

Wa ʿalaykum as-salām wa ramatullāh, hermano.

Las narraciones que amenazan a los muṣawwirūn —a quienes hacen imágenes— son auténticas y severas, y no voy a descartarlas con un gesto. Pero la autenticidad nos dice qué es lo que dice un texto, no los límites de su significado [es decir, no qué significa y qué no].

Así que no discutamos basándonos en sentimientos.

Discutamos como lo hacen los juristas: partiendo de los primeros principios, y veamos exactamente hasta dónde alcanza la prohibición.

I. LAS PRUEBAS DE LA LICITUD

El fundamento de toda esta cuestión es una máxima sobre la cual existe acuerdo. Léela antes que cualquier otra cosa, porque todo lo que viene después se deriva de ella:

"الأصل في الأشياء الإباحة"

«La regla por defecto respecto de todas las cosas es la licitud.»

Esto se fundamenta en las palabras de Dios: «Él es Quien creó para vosotros todo cuanto hay en la tierra» (al-Baqara 2:29), y: «Ha sometido a vuestro servicio cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra» (al-Jāthiya 45:13).

De esta máxima se deriva todo el método: la carga de la prueba recae sobre quien sostiene que algo está prohibido, nunca sobre quien sostiene que está permitido; y una cosa solamente deja de estar comprendida dentro de la licitud en la medida precisa en que una prueba clara la excluye de ella.

Para prohibir universalmente una práctica se necesita exactamente una de dos cosas:

A. un texto decisivo e inequívoco; o
B. un consenso vinculante (ijmāʿ).

Mantén presente este criterio.

Todo el caso que sigue se reduce a una sola pregunta: ¿existe un texto de esa naturaleza, o un consenso de esa naturaleza, que prive a todo dibujo de su licitud originaria?

No existe.

Observa.

1. EL PROPIO CORÁN NO TRATA DE LA MISMA MANERA A TODAS LAS FIGURAS

﴿يَعْمَلُونَ لَهُ مَا يَشَاءُ مِن مَّحَارِيبَ وَتَمَاثِيلَ وَجِفَانٍ كَالْجَوَابِ وَقُدُورٍ رَّاسِيَاتٍ﴾

«Hacían para él cuanto deseaba: elevadas estancias, estatuas (tamāthīl), grandes recipientes como albercas y enormes calderos firmemente asentados.» (Sabaʾ 34:13)

Los yinn fabricaban estatuas para Sulaymān —la paz sea con él—, y el Corán enumera esto entre los favores que Dios le concedió. La propia Escritura distingue el vocabulario: por una parte, tamāthīl, figuras que no son objeto de adoración; por otra, aṣnām y anṣāb, ídolos.

Solamente los ídolos son condenados.

Y puesto que el credo de los profetas no cambia de uno a otro (al-Shūrā 42:13), algo que constituía una bendición en tiempos de Sulaymān no puede ser, por su propia esencia, un pecado gravísimo.

Por consiguiente, la cuestión no puede resolverse mediante un texto general e indiscriminado, porque la propia Escritura ya ha dividido la categoría.

2. LOS TEXTOS DE PROHIBICIÓN IDENTIFICAN SU PROPIA CAUSA

El hadiz no nos deja adivinar por qué quienes hacen imágenes son amenazados. Nos lo dice: el pecado es la muāhāt, la imitación de la creación de Dios como rival de ella. Y los juristas añaden el segundo componente de la causa: la veneración.

"بل إنّ مجرّد تعظيم التّمثال يكفي للتّحريم سدّاً لذريعة الانتقال من التّعظيم إلى العبادة"

«En efecto, el mero hecho de que una estatua sea venerada basta para prohibirla, como forma de cerrar el medio por el cual se puede pasar de la veneración a la adoración propiamente dicha.»

La prohibición es, por tanto, un sadd al-dharīʿa: el cierre de un camino que conduce al shirk, la asociación de algo con Dios.

Y una norma construida sobre una causa gira junto con esa causa: está presente allí donde la causa está presente y está ausente allí donde la causa está ausente (al-ukm yadūru maʿa ʿillatihi wujūdan wa ʿadaman).

Un texto que declara expresamente su causa no es, por definición, el texto general e inequívoco que exigiría una prohibición universal.

3. LOS PROPIOS COMPAÑEROS HACÍAN Y UTILIZABAN IMÁGENES DE SERES VIVOS

Aquí está la prueba que resuelve cómo entendió realmente estos textos la primera generación: su propia conducta.

Llevaban figuras de seres vivos grabadas en los anillos-sello que utilizaban todos los días para sellar sus cartas.

ʿImrān ibn uṣayn —que Dios esté complacido con él—:

"كان خاتم عمران بن حصين نقشه تمثال رجل متقلد سيفاً، قال إبراهيم: فرأيته أنا في خاتم عندنا في طين، فقال أبي: هذا خاتم عمران بن حصين"

«El grabado del anillo-sello de ʿImrān ibn uṣayn era la figura (timthāl) de un hombre ceñido con una espada. Ibrāhīm [ibn ʿAāʾ] dijo: yo mismo lo vi [impreso] sobre un sello de arcilla que teníamos, y mi padre dijo: “Este es el anillo de ʿImrān ibn uṣayn”.» (Muṣannaf Ibn Abī Shayba, n.º 25104)

Anas ibn Mālik —que Dios esté complacido con él—:

"وكان في خاتم أنس ذئبٌ أو ثعلب"

«En el anillo-sello de Anas había un lobo, o un zorro.» (Ibn Saʿd, al-abaqāt al-Kubrā, 7/13)

Y estos dos no fueron los únicos.

Las mismas colecciones registran los sellos grabados de Abū Mūsā al-Ashʿarī —un león entre dos hombres—, udhayfa —dos grullas frente a frente— y al-Nuʿmān ibn Muqarrin —un ciervo—, según lo transmitido por Ibn Abī Shayba y por al-aāwī en Shar Maʿānī al-Āthār.

Observa cuidadosamente lo que esto significa.

No eran imágenes ocultas, ni imágenes degradadas. Eran representaciones talladas de hombres y animales, impresas sobre arcilla y cera, utilizadas abiertamente en los asuntos cotidianos por los mismos Compañeros a quienes iba dirigida la advertencia.

Todo un grupo de ellos hacía esto, y ninguno fue reprendido.

Ese no es el comportamiento de personas que entendiesen que los textos prohibían, como tal, representar seres vivos.

4. Y DEJARON EN PIE LAS ESTATUAS DEL MUNDO CONQUISTADO

Cuando Saʿd ibn Abī Waqqāṣ entró en el salón de Cosroes (Īwān Kisrā), rezó dentro de él y lo convirtió en lugar de oración:

"وفيه تماثيل الجصّ: رجالٌ وخيل... ولم يمتنع ولا المسلمون لذلك وتركوها على حالها"

«En él había estatuas de yeso: hombres y caballos... Ni él ni los musulmanes se abstuvieron por ello, y las dejaron exactamente como estaban.» (al-abarī, Tārīkh, 2/464; al-Dhahabī, Tārīkh al-Islām, 3/158)

En Egipto entraron en el territorio más de trescientos Compañeros (al-Suyūī, usn al-Muāara, 1/166), cuyas ciudades, comenzando por ʿAyn Shams, estaban llenas de estatuas colosales (Ibn Kathīr, al-Bidāya wa-l-Nihāya, 7/98).

Vieron la Esfinge y las figuras talladas en las pirámides, y ninguno de ellos objetó. El propio ʿAlī gobernó Iraq y no ordenó destruir ninguna de sus estatuas.

Hicieron imágenes y preservaron imágenes, en todas las tierras en las que esas imágenes no eran objeto de adoración.

5. HACER UNA IMAGEN NO ES LO MISMO QUE POSEERLA O UTILIZARLA

"يذهب جمهور العلماء إلى أنّه لا يلزم من تحريم الصّور تحريم اقتنائها أو تحريم استعمالها"

«La mayoría de los eruditos sostiene que de la prohibición de las imágenes no se sigue necesariamente que esté también prohibido poseerlas o utilizarlas.» (al-Mawsūʿa al-Fiqhiyya al-Kuwaitiyya, voz al-taṣwīr)

Los textos de amenaza mencionan únicamente el acto de realizarlas. Los informes contrarios a la mera posesión no mencionan castigo alguno, de modo que, a lo sumo, se trataría de una cuestión menor; y el propio al-Nawawī llamó la atención sobre esta distinción.

6. LOS JUGUETES INFANTILES ESTÁN EXPRESAMENTE EXCEPTUADOS, LO QUE DESTRUYE DE RAÍZ LA TEORÍA DE LA «SEMEJANZA»

"إنّ هذا الإجماع محلّه غير لعب الأطفال"

«Este consenso se aplica a todo excepto a los juguetes de los niños.» (Ibn ajar, Fat al-Bārī, 10/388)

ʿĀʾisha —que Dios esté complacido con ella— jugaba con muñecas, una de las cuales era «un caballo con dos alas» (Abū Dāwūd 4932), y el Profeta Muhammad () lo aprobó (al-Bukhārī 6130; Muslim 2440).

Si el simple hecho de fabricar la semejanza de un ser vivo constituyese en sí mismo el delito, semejante excepción no podría existir.

La excepción demuestra que la prohibición nunca tuvo por objeto la semejanza en cuanto tal.

7. LAS IMÁGENES REBAJADAS Y NO VENERADAS NUNCA FUERON OBJETO DE REPROCHE, Y ESTA ES LA POSICIÓN EQUILIBRADA DE LA MAYORÍA DE LOS ERUDITOS

ʿIkrima, transmitiendo la práctica de los Compañeros:

"كانوا يكرهون ما نُصِبَ من التماثيل نصباً، ولا يرون بأساً بما وطئته الأقدام"

«Consideraban reprobables las estatuas que eran erigidas y colocadas en alto [para ser honradas], pero no veían inconveniente en aquellas que eran pisadas por los pies.»

Muammad ibn Sīrīn:

"كانوا لا يرون ما وُطِئَ وبُسِطَ من التصاوير مثل الذي نُصِبَ"

«No consideraban que las imágenes que eran pisadas o extendidas [como revestimientos del suelo] perteneciesen a la misma categoría que aquellas que eran colocadas en alto [sobre un pedestal].»

El juicio de Ibn ʿAbd al-Barr sobre este enfoque en su conjunto:

"هذا أعدل المذاهب وأوسطها في هذا الباب وعليه أكثر العلماء"

«Esta es la más justa y equilibrada de las posiciones sobre esta cuestión, y es la postura sostenida por la mayoría de los eruditos.» (al-Tamhīd, 21/199)

8. GRANDES JURISTAS FABRICARON FIGURAS, Y EL PROPIO PROFETA LAS UTILIZÓ

Al-Qarāfī, uno de los principales teóricos del derecho mālikí (m. 684/1285), «solía fabricar él mismo estatuas, como menciona en su propio libro».

Un maestro de la misma ciencia mediante la cual se derivan las normas jurídicas no veía pecado en fabricar personalmente figuras tridimensionales.

Y el Profeta Muhammad ():

"استعمل وسائد ومرافق فيها صور، ولكنّه كان ينقض التّصاليب ويزيلها"

«Utilizaba cojines y almohadones que tenían imágenes sobre ellos, pero destruía y retiraba las cruces.» (los cojines: Muslim 2107; las cruces: al-Bukhārī 5952)

Su propio criterio diferenciador era la sacralización, no la imagen.

Toleraba el cojín con figuras y destruía la cruz porque la cruz era un objeto de devoción y el cojín no lo era.

9. POR TANTO, NO EXISTE CONSENSO. LOS ERUDITOS DE LA UMMA DISCREPARON REALMENTE

Esta es la conclusión que las pruebas imponen, y resulta fatal para cualquiera que afirme que la cuestión del dibujo ha quedado cerrada mediante ijmāʿ.

La lectura permisiva y contextual constituye la posición expresa de autoridades de todas las escuelas y de todos los siglos:

ʿIkrima al-Barbarī (m. ca. 105/723) y Muammad ibn Sīrīn (m. 110/729): los primeros Sucesores que transmitieron la distinción de los Compañeros entre la imagen honrada y aquella que era pisada.

— Abū Saʿīd al-Iṣakhrī (m. 328/940, shāfiʿí): sostuvo abiertamente que la prohibición estaba vinculada a la proximidad de aquella generación con la idolatría y que posteriormente dejó de aplicarse. Sus palabras cierran esta publicación.

— Qāī ʿIyā (m. 544/1149, mālikí): transmitió que la mayoría de los juristas permitía comprar muñecas.

— Ibn ʿAbd al-Barr (m. 463/1071, mālikí): declaró que la lectura contextual era la más equilibrada de las posiciones y que era sostenida por la mayoría de los eruditos.

— Al-Qarāfī (m. 684/1285, mālikí): fabricaba figuras con sus propias manos.

— Al-Nawawī (m. 676/1277, shāfiʿí): distinguió entre el acto de fabricar y los actos de poseer y utilizar.

— Ibn ajar al-ʿAsqalānī (m. 852/1449, shāfiʿí): afirmó la excepción relativa a los juguetes e interpretó que la amenaza dependía de la intención.

— Ibn ibbān (m. 354/965): restringió el informe relativo a «los ángeles» a los ángeles de la revelación.

— Y en nuestra propia época, la licitud general de dibujos y figuras constituye la posición declarada de Muammad al-Ghazālī, Yūsuf al-Qaraāwī, ʿAlī Jumʿa —antiguo Gran Muftí de Egipto— y otros.

LA CONCLUSIÓN QUE LAS PRUEBAS IMPONEN

Ahora aplica a todo lo que acabas de leer el criterio planteado al comienzo.

La regla por defecto es la licitud. No existe ningún texto inequívoco que prohíba dibujar una figura en cuanto tal, porque todo texto relevante o bien declara su propia causa —la rivalidad con Dios, la veneración—, o bien está restringido por sus propios transmisores y por la práctica de las personas entre las cuales fue revelado.

Y manifiestamente tampoco existe consenso: los Compañeros llevaban criaturas vivientes representadas en los sellos que utilizaban diariamente y dejaron en pie las estatuas de los imperios; los Sucesores distinguieron entre la imagen honrada y aquella que era pisada; y reconocidos imames de los distintos madhāhib dictaminaron a favor de la licitud.

Una cuestión respecto de la cual los Compañeros actuaron libremente y los imames discreparon abiertamente no es, por la propia definición de la palabra, una cuestión cerrada mediante ijmāʿ.

Por tanto, solamente queda abierta una conclusión.

La prohibición mantiene toda su fuerza exactamente allí donde subsiste su causa: la fabricación de un ídolo, o de una imagen destinada a ser venerada como rival de Dios. Eso es arām, y continúa siendo arām en todas las épocas; y ello ni siquiera principalmente en virtud de los textos sobre taṣwīr —la realización de imágenes—, sino por los textos, mucho más graves, relativos al tawīd, la unicidad absoluta de Dios.

Pero todo aquello que se encuentre fuera de esa causa —el dibujo realizado para contar una historia, para enseñar, para plasmar un rostro, para alegrar a un niño— nunca dejó, desde un principio, de estar comprendido dentro de la regla originaria de licitud.

No es algo meramente tolerado a regañadientes.

Es alāl.

II. LAS PRUEBAS DE LA PROHIBICIÓN Y LA RESPUESTA A CADA UNA

AFIRMACIÓN 1

"أشدّ الناس عذاباً يوم القيامة المصوّرون"

«Las personas que recibirán el castigo más severo el Día de la Resurrección serán quienes hacen imágenes.» (al-Bukhārī 5950; Muslim 2109)

Respuesta: El propio hadiz declara dentro de su texto la causa:

"أنّهم يضاهون بخلق الله، والمضاهاة هي المشاكلة"

«[La razón] es que pretenden imitar la creación de Dios; y esta imitación (muāhāt) significa producir una cosa con Su misma semejanza, como rival de ella.»

Se trata del fabricante de ídolos que establece una semejanza para que sea venerada en lugar de Dios, no del artista que dibuja una escena.

El castigo está ligado a la rivalidad, y esa rivalidad es precisamente lo que no se encuentra en la narración artística de una historia.

AFIRMACIÓN 2

"يُقال لهم يوم القيامة: أحيوا ما خلقتم"

«Se les dirá el Día de la Resurrección: “Dad vida a aquello que habéis creado”.» (al-Bukhārī 5951; Muslim 2108)

Junto con el hadiz sagrado:

"ومن أظلم ممّن ذهب يخلق خلقاً كخلقي"

«¿Y quién es más injusto que aquel que se propone crear una creación semejante a Mi creación?» (al-Bukhārī 5953; Muslim 2111)

Respuesta: Ibn ajar interpretó la expresión «se propone» (dhahaba) en el sentido de «intenciona y pretende» (qaṣada).

Según esta lectura, el pecado consiste en la intención desafiante: una persona que realmente se propone imitar el poder creador de Dios y atribuírselo a sí misma.

Entonces Dios pone de manifiesto su incapacidad ordenándole insuflar vida en aquello que hizo.

El narrador que dibuja un personaje para transmitir una historia no pretende nada semejante.

AFIRMACIÓN 3

"لا تدخل الملائكة بيتاً فيه كلبٌ ولا صورة"

«Los ángeles no entran en una casa en la que haya un perro o una imagen.» (al-Bukhārī 3225; Muslim 2106)

Respuesta: La opinión más fuerte es que se refiere a los ángeles de la revelación (malāʾikat al-way), no a todos los ángeles, pues los ángeles registradores asignados a cada persona entran en todas las casas.

Ibn ibbān restringió específicamente este informe al Profeta Muhammad ().

Y, de manera decisiva, el texto no menciona castigo alguno, de modo que a partir de él no puede establecerse ningún pecado mayor.

AFIRMACIÓN 4

"أن لا تدع تمثالاً إلا طمسته، ولا قبراً مشرفاً إلا سويته"

«[El Profeta Muhammad () me envió con la misión] de no dejar estatua alguna sin borrarla, ni tumba elevada alguna sin nivelarla.» (informe de ʿAlī, Muslim 969)

Junto con los informes acerca de borrar las cortinas figurativas.

Respuesta: Los propios Compañeros no aplicaron esta orden a las imágenes que no eran objeto de adoración: Ctesifonte y Egipto permanecen como prueba física y viviente del límite que ellos entendieron, al igual que las figuras de sus propios anillos.

AFIRMACIÓN 5

"وأجمعوا على منع ما كان له ظلّ ووجوب تغييره"

«Fueron unánimes en prohibir todo aquello que proyectase sombra [es decir, las figuras tridimensionales], y en la obligación de modificarlo.» (al-Nawawī, Shar Ṣaī Muslim, 14/82)

Respuesta: La propia precisión de Ibn ajar desmantela la afirmación de que este consenso sea absoluto, pues el consenso excluye expresamente los juguetes infantiles.

Y la práctica ininterrumpida de los Compañeros, que dejaron en pie las figuras de Persia y Egipto, contradice cualquier lectura general e indiscriminada.

Un consenso que admite excepciones no constituye consenso sobre la totalidad de la cuestión.

III. LA CONCLUSIÓN: EL DICTAMEN DE UN JURISTA CLÁSICO

Todo lo anterior conduce a un único dictamen; y para que nadie pueda descartarlo como una adaptación liberal moderna, que sopese las palabras de un jurista shāfiʿí que murió hace once siglos.

El imam Abū Saʿīd al-Iṣakhrī (m. 328 H), según lo recoge al-Māwardī en su fundamental enciclopedia shāfiʿí al-āwī al-Kabīr (9/564), dijo:

"إنما كان التحريم على عهد النبي صلى الله عليه وسلم لقرب عهدهم بالأصنام ومشاهدتهم بعبادتها، ليستقر في نفوسهم بطلان عبادتها وزوال تعظيمها. وهذا المعنى قد زال في وقتنا لما قد استقر في النفوس من العدول عن تعظيمها، فزال حكم تحريمها وحظر استعمالها. وقد كان في الجاهلية من يعبد كل ما استحسن من حجر أو شجر، فلو كان حكم الحظر باقياً لكان استعمال كل ما استحسن حراماً."

«La prohibición existió únicamente en la época del Profeta Muhammad (), debido a lo cercana que estaba su época [al tiempo] de los ídolos y porque habían presenciado su adoración; fue impuesta para que se asentase firmemente en sus almas la falsedad de adorar ídolos y desapareciese su veneración.

Pero esta razón ha desaparecido ya en nuestro propio tiempo, puesto que se ha asentado firmemente en las almas de las personas el apartarse de la veneración de semejantes cosas.

Por consiguiente, ha desaparecido la norma que las prohibía, así como la prohibición de utilizarlas.

Y durante la época de la ignorancia había quienes adoraban cualquier cosa que les pareciese hermosa, ya fuese una piedra o un árbol; de manera que, si la norma de prohibición siguiese todavía vigente, tendría que estar prohibido utilizar cualquier cosa que a una persona le pareciese hermosa [algo que nadie sostiene].»

Lee eso de nuevo, y observa la fecha.

Hace más de mil años, un importante jurista de la escuela shāfiʿí, cuyas palabras quedaron preservadas en una de las obras jurídicas centrales de la escuela, declaró que la propia prohibición estaba vinculada a una causa, que esa causa era el recuerdo todavía vivo de la idolatría, y que una vez desaparecida esa causa, desaparecía con ella la norma.

Este es el punto más lejano de un camino que los Compañeros ya habían abierto.

El argumento que he expuesto ante ti no constituye una concesión a la época del teléfono inteligente.

Es fiqh reflexionado de los imames, puesto por escrito en el siglo IV de la era islámica.

Así que dibuja con la conciencia tranquila.

Cuando tu arte sirve a un bien lícito, los juristas sostuvieron que incluso puede elevarse desde lo meramente permitido hasta lo recomendado y, en determinados casos, hasta lo obligatorio, cuando se convierte en un medio eficaz de enseñar y de llamar a la verdad.

والله أعلم بالصواب

Y Allah sabe mejor lo que es correcto.

BASE DE LA INVESTIGACIÓN

La síntesis precedente se basa en el tratado tradicionalista ukm al-Ṣuwar wa-l-Tamāthīl —«El dictamen sobre las imágenes y las estatuas»—, atribuido al shaykh Muammad ibn Amīn, cuyo original árabe se encuentra en:

http://www.ibnamin.com/statue.htm

junto con la traducción inglesa anotada de Ikram Hawramani en:

https://hawramani.com/a-traditionalist-critique-of.../....

 Por: Tasīn ʿĀlam

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Tasīn ʿĀlam es un erudito musulmán formado en las disciplinas islámicas tradicionales, especializado en fiqh —jurisprudencia islámica— y adīth —tradición profética—, con un especial interés en integrar las ciencias islámicas clásicas con las disciplinas académicas modernas. Su formación fundamental incluye la memorización completa del Sagrado Corán (if al-Qurʾān) y la culminación del programa de ʿĀlimiyya correspondiente al currículo del Dars-i Niāmī.

Tras completar sus estudios fundamentales, prosiguió varias especializaciones avanzadas. Recibió ijāza —la licencia tradicional de autorización académica— para leer y enseñar las diez variantes menores y mayores de recitación del Corán (al-Qirāʾāt al-ʿAshr) bajo la dirección del shaykh ʿUthmān Khān, de Canadá, y del shaykh Miṣbā Widin, de Egipto.

En derecho islámico se especializó bajo la dirección del distinguido jurista Muftī ʿAzīz Ramān al-Dehlawī, de la India, de quien recibió ijāza para ejercer como jurisconsulto (muftī) y emitir fatāwā —dictámenes jurídicos islámicos—.

Realizó sus estudios avanzados de adīth con el shaykh Dr. asan aydar al-Wāʾilī, de Yemen; el Prof. Dr. Mohammed Abullais al-Khairabadi, de Malasia; y el shaykh Dr. ʿAbdullāh al-Judaiʿ, del Reino Unido. Estos estudios se concentraron en las obras clásicas de ʿilal al-adīth —la ciencia del análisis de defectos sutiles u ocultos en las narraciones— y en el takhrīj al-adīth —la localización y verificación de las fuentes de los hadices—.

Como complemento de su formación tradicional, obtuvo con distinción sendas maestrías en Estudios Islámicos y Árabe Clásico por la Charles Sturt University, Australia.

Firme defensor de la tradición del isnād —la cadena de transmisión académica—, su principal ámbito de especialización continúa siendo la ciencia del adīth. Ha recibido más de 255 ijāzāt de destacados eruditos de diversas partes del mundo y posee algunas de las cadenas de transmisión por audición directa (asānīd samāʿiyya) más breves y elevadas de Australia para las Nueve Colecciones Canónicas de adīth. Estas cadenas lo conectan directamente con aquellos textos fundamentales mediante una línea ininterrumpida de transmisión erudita.

En la actualidad está completando estudios universitarios de pregrado en Psicología en la University of Adelaide [Australia], con el propósito de convertirse en psicólogo clínico.