Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

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martes, 18 de agosto de 2026

La protección al menor: ir más allá de la Tradición en nombre de la Revelación

 

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo



La protección al menor: ir más allá de la Tradición en nombre de la Revelación


Introducción

El texto de Tahsin Alam que sigue aborda un asunto particularmente delicado: cómo una parte de la literatura jurídica y moral islámica premoderna, clásica, trató el riesgo de la atracción sexual de hombres adultos hacia muchachos imberbes, y qué ocurre cuando esas formulaciones se trasladan sin más al presente. Su argumento no es que los juristas clásicos aprobaran tales conductas —al contrario, varios de los textos citados las condenan expresamente—, sino que el centro de gravedad de su análisis estaba puesto con frecuencia en proteger al adulto de caer en pecado, más que en construir un sistema destinado a proteger al menor frente al adulto.

Una renovación jurídica seria (tajdīd fiqhī) no tiene por qué comenzar negando la tradición, sino preguntándose si los principios que ella misma transmite  —prohibición del daño, bloqueo de los medios que conducen al daño, tutela del vulnerable, responsabilidad de quien ejerce autoridad y consideración del interés efectivo— exigen hoy mecanismos que los juristas de otras épocas no sintieron necesario formular en nuestros términos institucionales. En materia de infancia, precisamente porque el daño puede ser irreversible, la prudencia jurídica debería inclinarse hacia salvaguardas especialmente fuertes.

Se introduce entre corchetes allí donde el texto necesita precisión lingüística, histórica, jurídica o conceptual. 

 

¿PROTÉGETE A TI MISMO O PROTEGE AL NIÑO?

Por: Tahsin Alam 

Advertencia de contenido: la siguiente publicación contiene material perturbador. Léase con cautela.

 En 2013 alguien publicó un hilo en un foro salafí.*

 Lo llamó un regalo.

 Un regalo para sus hermanos, decía.

 Había reunido dichos de los sabios y los compartía por amor.

 El tema de aquel «regalo» eran los muchachos imberbes.

 La palabra árabe es أَمْرَد (amrad).

Su plural es مُرْدَان (murdān).

Ibn Manẓūr lo define en Lisān al-ʿArab como un joven que ha llegado a la edad en que debería comenzar a aparecerle la barba, cuyo bigote ya ha comenzado a crecer, pero cuya barba todavía no ha salido.

En un castellano sencillo: un muchacho de unos doce a dieciséis años.

El hilo reúne advertencia tras advertencia acerca de sentarse con tales muchachos.

Se cita a al-Bayhaqī por el encabezado de un capítulo de su al-Sunan al-Kubrā. El encabezado trata de mirar con deseo al muchacho imberbe.

Se cita a Saʿīd ibn al-Musayyib diciendo que, si ves a un hombre mirando fijamente a un muchacho imberbe, debes desconfiar de él.

Se cita a Ibn Taymiyya diciendo que sentir placer sexual por un amrad, tocarlo o mirarlo de esa manera está prohibido por consenso de los musulmanes, del mismo modo que lo está respecto de una mujer ajena.

Ibn al-Jawzī escribe en Ṣayd al-Khāṭir que había visto a hombres de conocimiento que habían llegado a los ochenta años y todavía permanecían en esa condición.

Vuelve a leer esa última frase.

Ochenta años.

Quiero ser cuidadoso aquí.

Estos hombres no estaban defendiendo nada de esto.

Lo estaban prohibiendo.

Ibn Taymiyya lo dice claramente.

Eso importa, y no voy a fingir lo contrario.

Pero mira la forma del argumento.

En todos estos textos, el muchacho aparece como una fitna.

[Fitna (فِتْنَة): aquí significa ocasión de tentación o prueba moral; no debe entenderse como si el menor fuese moralmente culpable de provocar el deseo del adulto.]

 Es una tentación.

 Es un peligro para el alma del hombre adulto.

 Todo el peso moral recae sobre la seguridad espiritual del adulto:

 Baja la mirada.

 No te sientes con él.

 No permitas que se acerque a tu círculo.

 Protégete.

 Casi en ningún lugar alguien dice lo que debería resultar evidente:

 que un hombre adulto que desea sexualmente a un niño de trece años no está simplemente «enfrentándose a una tentación».

Ese hombre está roto.

Y el muchacho no es el peligro.

El muchacho es quien está en peligro.

Ésa es la laguna.

Y no es pequeña.


LA PARTE QUE LO EMPEORA


Cuando un tema produce vergüenza, ocurre además otra cosa.

El control de calidad empieza a deteriorarse.

Hay un dicho que circula constantemente sobre este asunto.

Dice que quien muera amando a los muchachos imberbes será castigado en su tumba con la mitad del castigo de toda la gente de la Tierra.

 Se lo cita como dicho del profeta Muhammad (ﷺ).

 En ocasiones se lo atribuye a Ibn ʿAbbās.

 No tiene isnād.

 Ninguno.

 [Isnād (إِسْنَاد): cadena de transmisores mediante la cual se atribuye una narración a una autoridad anterior.]

Investigadores han buscado su cadena y no han encontrado absolutamente nada.

IslamWeb no pudo localizarlo.

Organismos de fatwā yemeníes y ḥaḍramíes lo han calificado de inventado y carente de fundamento.

Un erudito observó que quienquiera que lo inventase probablemente pretendía asustar a la gente para apartarla de un pecado real y, al hacerlo, incurrió en el pecado de mentir acerca del Profeta.

De modo que la tradición identifica un peligro real y, después, algunas personas inventan ḥadices alrededor de él porque los textos auténticos les parecen insuficientes.

Eso constituye una señal de alarma que ningún estudiante serio debería ignorar.


POR QUÉ ÉSTE ES UN ARGUMENTO A FAVOR DE LA REFORMA

 

Ésta es, en realidad, la cuestión que quiero plantear.

Nadie está pidiendo que se queme ningún libro.

Al-Bayhaqī permanece en la biblioteca.

Ibn al-Jawzī permanece en la biblioteca.

Lo que se pide es algo más pequeño y, a la vez, más difícil:

Que digamos abiertamente cuál era el marco desde el que aquellos textos hablaban y cuál no era.

Porque cuando copias y pegas esos pasajes en un foro moderno, sin contextualización histórica y sin comentario alguno, presentándolos como un «regalo», estás transmitiéndole simultáneamente dos mensajes a un joven musulmán.

Le estás diciendo que aquella atracción era un peligro común y esperable incluso entre hombres piadosos.

Y le estás diciendo que la respuesta correcta consiste en que el adulto deje de sentarse junto al muchacho.

De ahí nace la confusión.

Un lector joven encuentra este material y parece disponer de dos salidas.

- Decide que toda la tradición está corrompida y la abandona.

- O acepta sin reservas todo su marco conceptual y acaba creyendo realmente que la respuesta ante un adulto que desea a un niño consiste simplemente en cambiar dónde se sienta.

Ambas cosas producen daño.

La segunda es peor, porque entra en el sótano de una mezquita o en el dormitorio de una madrasa y no produce absolutamente ninguna protección efectiva.

 

LO QUE DIRÍA LA OTRA PARTE

 

La versión más sólida de la respuesta tradicionalista sería ésta:

Aquellos sabios se tomaban la moral muy en serio.

Identificaron un peligro acerca del cual muchas sociedades permanecían en silencio.

Cerraron la puerta antes de que se produjera el daño.

Ibn Taymiyya declaró aquello prohibido por consenso, no simplemente como una opinión personal.

Júzgalos dentro de su siglo, no del nuestro.

Eso es justo, y lo acepto.

Pero identificar una tentación no equivale a proteger a una posible víctima.

Una regla que sólo existe dentro de un círculo de estudio no sobrevive al contacto con automóviles, teléfonos, mensajes privados y acceso sin supervisión.

Bajar la mirada no es una política de protección de menores.

No es una comprobación de antecedentes.

No es una obligación de informar a las autoridades.

No es una regla de presencia de dos adultos.

[El argumento relevante aquí es que cuando adultos poseen autoridad, intimidad o acceso continuado a menores, hacen falta controles institucionales además de exhortaciones morales individuales.]

La posición radicalmente antirreformista sostiene que nuestras herramientas heredadas son suficientes y que no necesitan adición alguna.

Mira cuáles son esas herramientas.

Después mira lo que realmente ha sucedido en nuestras instituciones.

Y dime, con absoluta seriedad, que son suficientes.

La reforma aquí no consiste en liberalismo.

Consiste en terminar una frase que la tradición comenzó pero nunca terminó.

Los sabios clásicos dijeron:

Protégete.

Pero ahora nosotros debemos decir:

Protege al menor.

 




viernes, 7 de agosto de 2026

La edad de Aisha (r.a.a.) al casarse

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo


Nuestra Madre Aisha,
que Allah esté complacido con ella,
fue maestra para su generación

 

La edad de ʿĀʾishah: una respuesta sencilla y honesta

Por: Ustadh Tahsin Alam

Alguien me hizo una pregunta legítima. A veces, personas no musulmanas mencionan la edad de ʿĀʾishah (esposa del Profeta Muhammad ﷺ) y preguntan cómo entienden los musulmanes este asunto. He aquí una forma sencilla de abordarlo que pretende ser honesta tanto para musulmanes como para no musulmanes.

Comencemos por aquello de lo que tenemos mayor certeza.

Para los musulmanes, la fuente más segura es el Noble Corán. Allah prometió preservarlo cuando dijo que Él hizo descender este Recuerdo y que Él mismo lo protegería (Corán 15:9). Ese es nuestro punto de partida. Y aquí está el aspecto fundamental: el Corán nunca nos dice explícitamente cuántos años tenía ʿĀʾishah cuando contrajo matrimonio. En nuestra fuente de mayor certeza, simplemente no encontramos ninguna cifra.

Entonces, ¿de dónde procede el número tan conocido?

Procede de un ḥadīṯ (حَدِيث, ḥadīth o hadiz: narración transmitida sobre palabras, acciones o aprobaciones del Profeta ﷺ).

Existe un conocido ḥadīṯ, recogido en las colecciones de al-Bujārī y Muslim, según el cual ʿĀʾishah fue desposada a los seis años y la convivencia matrimonial comenzó cuando tenía nueve.

Los ḥadīṯes tienen una enorme importancia, pero no poseen el mismo grado de certeza que el Corán.

Son transmisiones humanas, y las transmisiones pueden ser más o menos sólidas.

Durante mucho tiempo, la mayoría de los sabios aceptó este ḥadīṯ porque su isnād (إِسْنَاد, isnād: cadena de transmisores) parecía fiable. Sin embargo, examinar la cadena es solo un tipo de análisis. Nos informa acerca de la confiabilidad de quienes transmitieron la narración, pero, por sí solo, no demuestra necesariamente que el contenido haya sido transmitido sin error.

En tiempos recientes, algunos estudiosos respetados han examinado con mayor detenimiento el contenido de este relato y han llegado a conclusiones distintas respecto a la edad tradicional. Entre ellos se encuentran los siguientes.

El primero es el shaykh Ṣalāḥ al-Dīn al-Idlibī, especialista sirio en ciencias del ḥadīṯ. Él acepta que la cadena de transmisión es sólida. Su observación se dirige al contenido. Sostiene que la cifra probablemente sea un simple error. Su hipótesis es moderada: considera posible que ʿĀʾishah recordara de forma imprecisa su propia edad cuando habló de ello siendo ya una mujer anciana. Basándose en alrededor de diez indicios históricos, concluye que probablemente fue prometida en matrimonio hacia los catorce años y que la vida conyugal comenzó alrededor de los dieciocho. Añade cuidadosamente que su objetivo es únicamente reconstruir la historia con la mayor precisión posible; no considera que el Profeta ﷺ necesite ser defendido incluso si la edad menor fuese históricamente correcta.

El segundo es el Dr. Joshua Little, investigador no musulmán que dedicó toda su tesis doctoral precisamente a este ḥadīṯ.

Su conclusión es aún más contundente.

Afirma que el relato de los nueve años no se remonta realmente a ʿĀʾishah. Según su investigación, apareció posteriormente en Irak, transmitido por Hišām ibn ʿUrwah —quien, de hecho, era sobrino nieto de ʿĀʾishah—, en un contexto de intensas controversias entre diferentes grupos musulmanes. En resumen, considera que esta narración fue configurada por circunstancias históricas posteriores, más que preservada desde los primeros tiempos.

Ahora bien, ¿están todos los estudiosos de acuerdo con estas conclusiones? No.

Otros investigadores las han cuestionado. El conocido académico Jonathan Brown criticó el trabajo del Dr. Little, y este respondió con un extenso estudio en defensa de sus conclusiones. Del mismo modo, estudiosos tradicionales han respondido a los argumentos del shaykh al-Idlibī.

Este intercambio de argumentos es completamente normal. Así es como trabajan quienes investigan con seriedad cuestiones históricas complejas.

Por ello, la conclusión más honesta, tanto para musulmanes como para no musulmanes, es la siguiente: nuestra fuente de mayor certeza, el Noble Corán, no menciona ninguna edad.

Las fuentes de menor grado de certeza, como los ḥadīṯes y otros datos históricos, poseen por naturaleza un nivel inferior de certeza. Es semejante a intentar reconstruir con absoluta precisión acontecimientos ocurridos hace muchos siglos. Investigadores sinceros y rigurosos pueden estudiar las mismas evidencias y llegar a conclusiones distintas.

Cada persona puede valorar las pruebas y adoptar la opinión que considere más convincente.

Lo que ninguna persona intelectualmente honesta puede afirmar es conocer la verdad histórica sobre este asunto con una certeza absoluta del cien por cien.

Quien desee profundizar puede consultar el estudio del shaykh Ṣalāḥ al-Dīn al-Idlibī (disponible en inglés y en árabe) y la tesis doctoral completa del Dr. Joshua Little, publicada gratuitamente en internet.

Vínculos relacionados:

Estudio en inglés de shaykh Ṣalāḥ al-Dīn al-Idlibī 

Tesis doctoral en inglés del Dr. Joshua Little

Traducido de la publicación en inglés en el perfil personal de facebook de Tahsin Alam del 6 de agosto de 2026.



Notas personales

En cualquier caso, para quienes consideran que los ḥadīṯes que transmiten la edad de nuestra Madre ʿĀʾishah (رضي الله عنها) contienen información históricamente correcta, conviene recordar que ese dato debe entenderse dentro de su propio contexto histórico y debe medirse en relación a  significación legal actual en el Islam. 

En prácticamente todas las civilizaciones antiguas y medievales —incluidas las sociedades cristianas, judías, persas, romanas y europeas— eran socialmente aceptadas pautas de edad para el matrimonio que hoy suscitarían, bajo una sensibilidad marcadamente contemporánea, rechazo debido a la profunda transformación de las condiciones de vida, de la esperanza de vida, del concepto de infancia y de la madurez biológica y social. Juzgar directamente aquellas sociedades con categorías contemporáneas conduce con frecuencia a anacronismos históricos.

Asimismo, desde la perspectiva histórica, no existe evidencia alguna de que los contemporáneos del Profeta Muhammad (ﷺ), incluidos sus adversarios más acérrimos, formularan reproche alguno respecto a este matrimonio. Los enemigos del Profeta (ﷺ) le acusaron de numerosas cosas a lo largo de su misión, pero ninguna fuente temprana conserva una objeción de este tipo. Ello constituye un indicio importante de que dicho matrimonio no era percibido como algo excepcional dentro de las normas sociales de su tiempo. De hecho, una acusación contra él en este sentido tarda más de doce siglos en aparecer recién en Occidente, ya que en efecto en los propios países occidentales la edad de consentimiento para el matrimonio fue drásticamente distinta que la actual, bajo una cultura a su vez muy distinta que la actual en ese plano.

Por otro lado, hay que entender un aspecto clave al revisar las fuentes y aplicación del derecho islámico: No todo lo que "pasó" es lo que "se ordena", ni lo que "se permite hoy".

 Éste es el punto más importante y donde mucha gente se confunde.

 · Diferencia entre "Historia/Sirah" y "Ley/Shariah": Que algo ocurriera en la vida del Profeta, la paz sea con él, no lo convierte automáticamente en una ley obligatoria para todos los musulmanes. El Islam recoge muchísimos aspectos de su vida como fuente legal pero reconoce también que hubo prácticas eran "culturales" (urf) de la época.

Así por ejemplo: no se ordena ni se considera siquiera un acto de virtud que hoy en día una persona vaya de una ciudad a otra en un camello, pero eso es indudablemente parte de la vida del Profeta Muhammad, la bendición y la paz de Dios sean sobre el.

 · El Derecho Islámico Contextualiza: Los juristas musulmanes (fuqaha) desarrollaron un principio clave: "La ley, o la práctica de la ley, en algunos casos, cambia con el cambio de tiempo, lugar y circunstancias". Ellos siempre han contextualizado las enseñanzas que se reconoce que están sujetas a variación, distinguiendolas de las enseñanzas donde el Corán o la sunnah legislativa [el ejemplo profético] establecen un mandato o una recomendación.

De hecho, el propio Derecho Islámico permite que un gobernante regule aquellas materias que no han sido fijadas como necesidad o recomendación por un texto coránico o del Profeta, la paz sea con él. En ese caso, la autoridad puede establecer, para una época posterior, como la actual, facultado por el propio sistema islámico (Sagrado Corán, 4:59), condiciones o restricciones adicionales cuando hay un interés legítimo para el bien social que así lo justifique. A título de ejemplo, el Código de la Familia en Marruecos establece como regla general la edad matrimonial a partir de los 18 años, precisamente en ejercicio de la facultad de regulación del gobernante otorgada por el propio sistema islámico. 

Por eso, aunque el matrimonio de nuestra madre ʿĀʾishah a la edad mencionada por los hadices fuera, de ser el caso, un hecho histórico cierto, ninguna escuela de jurisprudencia islámica seria hoy diría que casarse con una niña de 9 años es un acto recomendado, virtuoso (hasanah) o incluso permitido en un contexto donde las condiciones sociales, médicas y educativas son radicalmente distintas.

Finalmente, regresando a la vida de nuestra madre ʿĀʾishah (رضي الله عنها), el matrimonio con ella dio lugar a una de las mayores autoridades del Islam. Ella transmitió más de dos mil ḥadīṯes, fue una de las principales juristas y maestras de la comunidad musulmana, y generaciones de los Ṣaḥābah (Compañeros del Profeta) y de los Tābiʿūn (los Seguidores de los Compañeros) acudieron a ella para aprender religión. Las fuentes islámicas describen una relación caracterizada por el afecto, el respeto mutuo y la extraordinaria contribución intelectual y espiritual de ʿĀʾishah (رضي الله عنها), muy lejos de la imagen simplista que con frecuencia presentan las polémicas contemporáneas.

Debe añadirse, para terminar, que otro de los grandes muḥaddiṯūn (مُحَدِّثُون, muḥaddithūn: especialistas en la ciencia del ḥadīṯ) de nuestra época, a quien difícilmente puede calificarse de liberal o reformista, ʿAllāmah al-Sharīf Adab al-Ḥamsh al-Ḥusaynī, que Allah le proteja, sostiene igualmente que estos ḥadīṯes no son históricamente confiables y que nuestra Madre ʿĀʾishah (رضي الله عنها) tenía una edad mayor cuando contrajo matrimonio. Su postura muestra que esta revisión crítica no constituye una innovación moderna ajena a la tradición, sino una posición defendida también desde el interior de la erudición tradicional especializada en el ḥadīṯ.





miércoles, 5 de agosto de 2026

Por esto hay gente que abandona el Islam

En el Nombre de Dios,
el Misericordioso, el Compasivo

 



Cuando enseñanzas no auténticas dañan

Introducción

Hay errores religiosos que no permanecen encerrados en los libros. Entran en las mezquitas, se repiten en los círculos de enseñanza, llegan a los hogares y terminan modelando la relación de los padres con sus hijos. Cuando una afirmación es presentada como palabra o enseñanza del Profeta Muhammad (ﷺ), adquiere para el creyente una autoridad inmensa. Por eso, atribuirle una enseñanza sin haber comprobado suficientemente su autenticidad no es una negligencia menor: puede convertir una costumbre cultural, una inclinación autoritaria o una forma de violencia heredada en una supuesta exigencia del Islam.

Un ḥadīṯ [hadith, hadiz] es un relato que atribuye al Profeta Muhammad (ﷺ) determinadas palabras, acciones, aprobaciones o características. Junto con el Sagrado Corán, los hadices constituyen una fuente fundamental para conocer la Sunna, es decir, el ejemplo normativo y la orientación profética. Precisamente por esa importancia, los sabios musulmanes desarrollaron las ciencias del ḥadīṯ, mediante las cuales se examinan tanto la cadena de transmisores —el isnād— como el contenido transmitido —el matn—. No todo lo que aparece introducido por las palabras «el Profeta dijo» posee el mismo grado de autenticidad.

El texto que presentamos tiene por autor a Tahsin Alam. En su texto, el autor critica afirmaciones de Mawlānā Muḥammad Zakariyyā al-Kāndahlawī, fallecido en 1982, un influyente sabio indio de orientación deobandí, maestro de ḥadīṯ y autor de numerosas obras. Su libro Faḍāʾil-e-Aʿmāl —«Las virtudes de las obras»— ocupa un lugar especialmente importante dentro de la Jamāʿat al-Tablīgh o movimiento tablighí: ha sido traducido a numerosos idiomas y se lee habitualmente en sus reuniones, viajes de predicación y círculos familiares. Por tanto, no estamos ante unas líneas marginales, sino ante un texto que ha influido en la formación religiosa y doméstica de millones de musulmanes.

La crítica de Tahsin Alam debe leerse con la urgencia que merece. La cuestión no es si los niños deben recibir educación, aprender la oración o adquirir disciplina. La cuestión es si pueden reunirse relatos débiles, cadenas problemáticas y máximas sin fuente para construir, en nombre del Profeta Muhammad (ﷺ), una pedagogía de la vara. Cuando la dureza humana se reviste con la autoridad de Allah y de Su Mensajero, el daño no solamente alcanza el cuerpo del niño: puede deformar para siempre su imagen del Islam, de la oración y del propio Profeta de la Misericordia (ﷺ).


Texto de Tahsin Alam

«Por esto la gente abandona el Islam»

Voy a citar, fragmento por fragmento, a Zakariyyā Kāndahlawī —fallecido en 1982— a partir de su célebre Faḍāʾil-e-Aʿmāl, y responderé a cada fragmento a medida que avancemos. Lean sus palabras y después lean las mías.

Él cita:

عَنْ مُعَاذِ بْنِ جَبَلٍ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ... وَأَنْفِقْ عَلَى أَهْلِكَ مِنْ طَوْلِكَ وَلَا تَرْفَعْ عَنْهُمْ عَصَاكَ أَدَبًا وَأَخِفْهُمْ فِى اللهِ
رواه أحمد والطبراني في الكبير وغيرهم

«Gasta en los miembros de tu familia de acuerdo con tus posibilidades; mantén la vara suspendida sobre ellos como advertencia y para castigarlos cuando descuiden sus deberes hacia Allah».

Yo respondo:

Este es un ḥadīṯ débil.

Un ḥadīṯ débil —ḍaʿīf— es un relato cuya cadena de transmisión está interrumpida o presenta algún defecto.

La cadena de transmisión es la sucesión de personas que fueron comunicando el relato, una a la siguiente, hasta remontarse al Profeta Muhammad (ﷺ).

Cuando esa sucesión contiene una interrupción o un transmisor problemático, no podemos tener la certeza suficiente de que el Profeta Muhammad (ﷺ) haya pronunciado realmente esas palabras.

[Nota: En la terminología técnica, un ḥadīṯ ḍaʿīf no es necesariamente un relato inventado. Significa que no reúne todas las condiciones exigidas para ser clasificado como ṣaḥīḥ —auténtico o sólido— o ḥasan —aceptable o bueno—. Su debilidad puede deberse a una ruptura en la cadena, a problemas de memoria o credibilidad de algún transmisor, o a otras anomalías.]

El shayj Shuʿayb al-Arnaʾūṭ afirmó que, en este caso, la cadena está interrumpida entre sus diferentes niveles.

No se puede construir una regla que autorice a golpear a los niños sobre la base de un relato que quizá nunca fue pronunciado.

Él afirma:

«De acuerdo con este ḥadīṯ, no debemos prescindir de la vara al impedir que los niños se vuelvan indisciplinados y hagan cuanto les apetezca».

Yo respondo:

Toma un relato débil y lo convierte en una regla educativa destinada a millones de hombres.

Pero Allah describió a Su propio Profeta Muhammad (ﷺ) de esta manera:

فَبِمَا رَحْمَةٍ مِّنَ اللَّهِ لِنتَ لَهُمْ ۖ وَلَوْ كُنتَ فَظًّا غَلِيظَ الْقَلْبِ لَانفَضُّوا مِنْ حَوْلِكَ

«Por una misericordia procedente de Allah fuiste amable con ellos. Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían dispersado y alejado de ti» (Sura Āl ʿImrān, 3:159).

Si la dureza hace que creyentes adultos se alejen, ¿qué puede hacerle a un niño pequeño?

Él afirma:

«En algunas ocasiones es necesario utilizar la vara. Es lamentable que, por amor, no utilicemos la vara desde el principio y que después, cuando los niños ya se han echado a perder, lloremos y nos quejemos de ellos».

Yo respondo:

Nunca es necesario.

ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella—, quien convivió con el Profeta Muhammad (ﷺ), dijo:

مَا ضَرَبَ رَسُولُ اللَّهِ ﷺ شَيْئًا قَطُّ بِيَدِهِ، وَلَا امْرَأَةً، وَلَا خَادِمًا

«El Mensajero de Allah (ﷺ) jamás golpeó nada con su mano: ni a una mujer ni a un sirviente» (Ṣaḥīḥ Muslim, 2328).

El mejor ser humano que haya vivido educó a niños y tuvo sirvientes en su hogar, y ni una sola vez utilizó la vara.

¿Cómo puede ser entonces «necesaria» para nosotros?

Él afirma:

«Prescindir de la vara y echar a perder al niño no constituye bondad alguna. ¿Quién querría evitar que un niño fuera sometido a una operación quirúrgica recomendada por un médico por la sencilla razón de que esta le causaría dolor?».

Yo respondo:

Esta es una falsa equivalencia.

Una falsa equivalencia es un error de razonamiento mediante el cual se colocan dos realidades diferentes una al lado de la otra y se actúa como si fueran iguales.

Una operación quirúrgica cura: la realiza una mano capacitada y responde a una razón médica claramente determinada.

Golpear con ira a un niño asustado no cura nada.

Ambas cosas no son comparables; por tanto, la comparación no demuestra absolutamente nada.

Él afirma:

«Se ha transmitido que el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo en numerosas ocasiones: “Ordena a tu hijo que realice la oración cuando tenga siete años y golpéalo si la descuida después de cumplir diez años”».

Yo respondo:

Mi maestro, el shayj Akram Nadwī, ha escrito específicamente acerca de este ḥadīṯ.

Es un ḥadīṯ débil.

[Nota: La ṣalāt es la oración ritual obligatoria que los musulmanes realizan cinco veces al día. El relato mencionado suele citarse para sostener que los padres deben comenzar a ordenar la oración a los siete años y que podrían recurrir al castigo físico a partir de los diez.]

Él afirma:

«Ḥaḍrat ʿAbd Allāh ibn Masʿūd —que Allah esté complacido con él— dijo: “Proteged la oración de vuestros hijos e inculcadles buenos hábitos”».

Yo respondo:

Este relato también es débil.

En al-Muʿjam al-Kabīr de al-Ṭabarānī, su cadena contiene a Abū Nuʿaym Ḍirār ibn Ṣurad, a quien los especialistas calificaron como débil —véase al-Haythamī, Majmaʿ al-Zawāʾid, número 1631—.

Incluso en la versión transmitida por al-Bayhaqī —al-Sunan al-Kubrā, 5/586— la cadena es objeto de discusión.

En cualquier caso, observen lo que el texto dice realmente: enseñad buenos hábitos a los niños.

No dice absolutamente nada acerca de golpearlos.

[Nota: Un relato atribuido a un Compañero del Profeta, en lugar de al Profeta mismo, suele denominarse aṯar. Puede tener valor religioso o histórico, pero no posee automáticamente el mismo rango que un ḥadīṯ profético auténtico.]

Él afirma:

«Luqmān el Sabio solía decir: “Utilizar la vara con el niño es tan indispensable como el agua para los campos”».

Yo respondo:

No he podido encontrar esta frase en ninguna fuente fiable.

No posee cadena de transmisión alguna.

Se presenta como una enseñanza sapiencial de Luqmān, pero no existe nada que permita rastrearla hasta él.

[Nota: Luqmān es el sabio mencionado en la sura 31 del Sagrado Corán. El Corán reproduce sus consejos a su hijo, centrados en el monoteísmo, la oración, la paciencia, la humildad y las buenas maneras; no le atribuye esta comparación entre la vara y el agua.]

Él afirma:

«Se ha transmitido que el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Una persona que amonesta a sus hijos obtiene de Allah una recompensa mayor que la que recibiría por gastar aproximadamente siete libras de grano en Su camino”».

Yo respondo:

Este relato aparece en al-Tirmiḏī —número 1951— y al-Suyūṭī lo clasificó como débil —ḍaʿīf—.

Otro ladrillo débil en el muro.

Él afirma:

«En otro ḥadīṯ, el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Que Allah bendiga a la persona que mantiene un látigo colgado en su casa para amonestar a los miembros de su familia”».

Yo respondo:

Estas son exactamente las palabras que decidió utilizar.

Al-Zaylaʿī, en Takhrīj al-Kashshāf —1/316—, señala que su cadena contiene a ʿAbbād ibn Kaṯīr, a quien al-Bujārī, Ibn Maʿīn y al-Nasāʾī calificaron como débil.

Débil otra vez.

Él afirma:

«En otra ocasión dijo: “Ningún padre puede conceder a sus hijos nada mejor que enseñarles buenos modales”».

Yo respondo:

Este relato aparece en al-Bayhaqī —al-Sunan al-Kubrā, 5/587—, y al-Bujārī señaló que el transmisor ni siquiera llegó a conocer al Profeta Muhammad (ﷺ).

Y observen que incluso este relato habla de enseñar buenos modales, no de utilizar la vara.

Hagamos, por tanto, el recuento.

El ḥadīṯ que sirve de fundamento es débil.

El relato que dice «golpeadlos a los diez años» está gravemente cuestionado.

El aṯar atribuido a Ibn Masʿūd es débil.

La frase atribuida a Luqmān carece por completo de fuente.

El relato sobre la medida de grano es débil.

El relato que ordena «colgar un látigo» es débil.

El relato sobre los «buenos modales» posee una cadena interrumpida.

Cada uno de los ladrillos es débil o inexistente.

No existe ni un solo relato sólido que ordene a un padre golpear a su hijo para disciplinarlo.

Ahora contemplemos la verdadera Sunna.

[Nota: La Sunna es el camino y ejemplo del Profeta Muhammad (ﷺ), conocido a través de sus enseñanzas, su conducta y los relatos transmitidos sobre él. Tahsin Alam contrapone aquí una acumulación de textos débiles a comportamientos proféticos establecidos mediante hadices considerados auténticos.]

Anas —que Allah esté complacido con él— sirvió al Profeta Muhammad (ﷺ) desde que era niño y relató:

خَدَمْتُ النَّبِيَّ ﷺ عَشْرَ سِنِينَ، فَمَا قَالَ لِي أُفٍّ

«Serví al Profeta Muhammad (ﷺ) durante diez años y ni una sola vez me dijo “uff”; nunca me preguntó por qué había hecho algo ni por qué había dejado de hacerlo» (Ṣaḥīḥ al-Bujārī, 6038; Ṣaḥīḥ Muslim, 2309).

(«Uff» es una expresión mínima de fastidio o irritación.)

Diez años teniendo a un niño a su servicio, y ni una sola palabra hiriente.

Un jefe tribal llamado al-Aqraʿ vio al Profeta Muhammad (ﷺ) besar a su nieto y dijo:

«Tengo diez hijos y nunca he besado a ninguno de ellos».

El Profeta Muhammad (ﷺ) lo miró y dijo:

مَنْ لَا يَرْحَمْ لَا يُرْحَمْ

«Quien no muestra misericordia no recibirá misericordia» (Ṣaḥīḥ al-Bujārī, 5997; Ṣaḥīḥ Muslim, 2318).

Otro hombre se mostró sorprendido de que besara a los niños. El Profeta Muhammad (ﷺ) le respondió:

أَوَأَمْلِكُ لَكَ أَنْ نَزَعَ اللَّهُ مِنْ قَلْبِكَ الرَّحْمَةَ

«¿Qué puedo hacer por ti si Allah ha arrancado la misericordia de tu corazón?» (Ṣaḥīḥ al-Bujārī, 5998).

¿Cuál de las dos es, entonces, la Sunna?

¿Un relato débil acerca de un látigo colgado en la pared?

¿O el Profeta de la Misericordia (ﷺ), quien durante diez años no levantó una sola vez la mano —ni siquiera la voz— contra un niño?

No arrojamos por la borda el Sagrado Corán y la Sunna auténtica para salvar un ḥadīṯ débil.

Hacemos exactamente lo contrario.

El Profeta Muhammad (ﷺ) fue enviado como Raḥmatan li-l-ʿĀlamīn —«una misericordia para todos los mundos»—.

Esa misericordia debía alcanzar, antes que a nadie, a las personas más pequeñas e indefensas del hogar:

nuestros hijos.

اللهم اشهد

¡Oh Allah, sé Tú mi testigo!

—Tahsin Alam


Comentario final

El núcleo de la denuncia de Tahsin Alam es legítimo y urgente: no puede utilizarse la autoridad sagrada del Profeta Muhammad (ﷺ) con ligereza, y mucho menos para presentar la violencia doméstica como una expresión de fidelidad religiosa. Un relato débil no debe convertirse, mediante la repetición y la retórica piadosa, en una licencia general para que los padres golpeen a sus hijos. Tampoco puede sustituirse el carácter profético —fundado en la misericordia, la paciencia y el dominio de la ira— por una pedagogía de intimidación permanente.

Precisamente por ello hay que rechazar el procedimiento justamente denunciado por Tahsin Alam: acumular relatos débiles, máximas sin cadena y frases atribuidas a personajes venerables para crear la impresión de que el látigo constituye una pieza indispensable de la educación islámica. Enseñar la oración es una obligación de amor y responsabilidad; enseñar a un niño a relacionar la oración con el miedo a ser golpeado puede, por el contrario, sembrar en él una aversión que permanezca durante toda su vida. En efecto, así es como algunos niños no solamente terminan huyendo de sus padres, sino también de la imagen deformada de Allah y del Islam que sus padres les impusieron.


martes, 28 de julio de 2026

Las imágenes: ¿halal o haram en el Islam? Respuesta detallada de un experto

 

En el Nonbre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo



LAS IMÁGENES: ¿HALAL (permitidas) O HARAM (prohibidas) EN EL ISLAM? RESPUESTA DETALLADA DE UN EXPERTO


PREGUNTA: «As-salāmu ʿalaykum, hermano. Quisiera pedir una opinión erudita acerca de la licitud del arte. Yo solía ser artista de anime y me ganaba la vida dibujando. Pero después, cuando retorné al Islam [es decir, cuando se convortió al Islam], algunos de mis hermanos de nuestra mezquita local me dijeron que eso estaba prohibido, porque existe un hadiz que dice que quienes hacen imágenes serán castigados severamente. 

Ahora bien, he estado viendo que existen matices al respecto, y mi intención era principalmente utilizarlo con fines narrativos. ¿Cuál es tu posición sobre esto y cuál debería ser la postura islámica respecto de esta cuestión?»

RESPUESTA:

Y esta es mi respuesta:

Wa ʿalaykum as-salām wa raḥmatullāh, hermano.

Las narraciones que amenazan a los muṣawwirūn —a quienes hacen imágenes— son auténticas y severas, y no voy a descartarlas con un gesto. Pero la autenticidad nos dice qué es lo que dice un texto, no los límites de su significado [es decir, no qué significa y qué no].

Así que no discutamos basándonos en sentimientos.

Discutamos como lo hacen los juristas: partiendo de los primeros principios, y veamos exactamente hasta dónde alcanza la prohibición.

I. LAS PRUEBAS DE LA LICITUD

El fundamento de toda esta cuestión es una máxima sobre la cual existe acuerdo. Léela antes que cualquier otra cosa, porque todo lo que viene después se deriva de ella:

"الأصل في الأشياء الإباحة"

«La regla por defecto respecto de todas las cosas es la licitud.»

Esto se fundamenta en las palabras de Dios: «Él es Quien creó para vosotros todo cuanto hay en la tierra» (al-Baqara 2:29), y: «Ha sometido a vuestro servicio cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra» (al-Jāthiya 45:13).

De esta máxima se deriva todo el método: la carga de la prueba recae sobre quien sostiene que algo está prohibido, nunca sobre quien sostiene que está permitido; y una cosa solamente deja de estar comprendida dentro de la licitud en la medida precisa en que una prueba clara la excluye de ella.

Para prohibir universalmente una práctica se necesita exactamente una de dos cosas:

A. un texto decisivo e inequívoco; o
B. un consenso vinculante (ijmāʿ).

Mantén presente este criterio.

Todo el caso que sigue se reduce a una sola pregunta: ¿existe un texto de esa naturaleza, o un consenso de esa naturaleza, que prive a todo dibujo de su licitud originaria?

No existe.

Observa.

1. EL PROPIO CORÁN NO TRATA DE LA MISMA MANERA A TODAS LAS FIGURAS

﴿يَعْمَلُونَ لَهُ مَا يَشَاءُ مِن مَّحَارِيبَ وَتَمَاثِيلَ وَجِفَانٍ كَالْجَوَابِ وَقُدُورٍ رَّاسِيَاتٍ﴾

«Hacían para él cuanto deseaba: elevadas estancias, estatuas (tamāthīl), grandes recipientes como albercas y enormes calderos firmemente asentados.» (Sabaʾ 34:13)

Los yinn fabricaban estatuas para Sulaymān —la paz sea con él—, y el Corán enumera esto entre los favores que Dios le concedió. La propia Escritura distingue el vocabulario: por una parte, tamāthīl, figuras que no son objeto de adoración; por otra, aṣnām y anṣāb, ídolos.

Solamente los ídolos son condenados.

Y puesto que el credo de los profetas no cambia de uno a otro (al-Shūrā 42:13), algo que constituía una bendición en tiempos de Sulaymān no puede ser, por su propia esencia, un pecado gravísimo.

Por consiguiente, la cuestión no puede resolverse mediante un texto general e indiscriminado, porque la propia Escritura ya ha dividido la categoría.

2. LOS TEXTOS DE PROHIBICIÓN IDENTIFICAN SU PROPIA CAUSA

El hadiz no nos deja adivinar por qué quienes hacen imágenes son amenazados. Nos lo dice: el pecado es la muḍāhāt, la imitación de la creación de Dios como rival de ella. Y los juristas añaden el segundo componente de la causa: la veneración.

"بل إنّ مجرّد تعظيم التّمثال يكفي للتّحريم سدّاً لذريعة الانتقال من التّعظيم إلى العبادة"

«En efecto, el mero hecho de que una estatua sea venerada basta para prohibirla, como forma de cerrar el medio por el cual se puede pasar de la veneración a la adoración propiamente dicha.»

La prohibición es, por tanto, un sadd al-dharīʿa: el cierre de un camino que conduce al shirk, la asociación de algo con Dios.

Y una norma construida sobre una causa gira junto con esa causa: está presente allí donde la causa está presente y está ausente allí donde la causa está ausente (al-ḥukm yadūru maʿa ʿillatihi wujūdan wa ʿadaman).

Un texto que declara expresamente su causa no es, por definición, el texto general e inequívoco que exigiría una prohibición universal.

3. LOS PROPIOS COMPAÑEROS HACÍAN Y UTILIZABAN IMÁGENES DE SERES VIVOS

Aquí está la prueba que resuelve cómo entendió realmente estos textos la primera generación: su propia conducta.

Llevaban figuras de seres vivos grabadas en los anillos-sello que utilizaban todos los días para sellar sus cartas.

ʿImrān ibn Ḥuṣayn —que Dios esté complacido con él—:

"كان خاتم عمران بن حصين نقشه تمثال رجل متقلد سيفاً، قال إبراهيم: فرأيته أنا في خاتم عندنا في طين، فقال أبي: هذا خاتم عمران بن حصين"

«El grabado del anillo-sello de ʿImrān ibn Ḥuṣayn era la figura (timthāl) de un hombre ceñido con una espada. Ibrāhīm [ibn ʿAṭāʾ] dijo: yo mismo lo vi [impreso] sobre un sello de arcilla que teníamos, y mi padre dijo: “Este es el anillo de ʿImrān ibn Ḥuṣayn”.» (Muṣannaf Ibn Abī Shayba, n.º 25104)

Anas ibn Mālik —que Dios esté complacido con él—:

"وكان في خاتم أنس ذئبٌ أو ثعلب"

«En el anillo-sello de Anas había un lobo, o un zorro.» (Ibn Saʿd, al-Ṭabaqāt al-Kubrā, 7/13)

Y estos dos no fueron los únicos.

Las mismas colecciones registran los sellos grabados de Abū Mūsā al-Ashʿarī —un león entre dos hombres—, Ḥudhayfa —dos grullas frente a frente— y al-Nuʿmān ibn Muqarrin —un ciervo—, según lo transmitido por Ibn Abī Shayba y por al-Ṭaḥāwī en Sharḥ Maʿānī al-Āthār.

Observa cuidadosamente lo que esto significa.

No eran imágenes ocultas, ni imágenes degradadas. Eran representaciones talladas de hombres y animales, impresas sobre arcilla y cera, utilizadas abiertamente en los asuntos cotidianos por los mismos Compañeros a quienes iba dirigida la advertencia.

Todo un grupo de ellos hacía esto, y ninguno fue reprendido.

Ese no es el comportamiento de personas que entendiesen que los textos prohibían, como tal, representar seres vivos.

4. Y DEJARON EN PIE LAS ESTATUAS DEL MUNDO CONQUISTADO

Cuando Saʿd ibn Abī Waqqāṣ entró en el salón de Cosroes (Īwān Kisrā), rezó dentro de él y lo convirtió en lugar de oración:

"وفيه تماثيل الجصّ: رجالٌ وخيل... ولم يمتنع ولا المسلمون لذلك وتركوها على حالها"

«En él había estatuas de yeso: hombres y caballos... Ni él ni los musulmanes se abstuvieron por ello, y las dejaron exactamente como estaban.» (al-Ṭabarī, Tārīkh, 2/464; al-Dhahabī, Tārīkh al-Islām, 3/158)

En Egipto entraron en el territorio más de trescientos Compañeros (al-Suyūṭī, Ḥusn al-Muḥāḍara, 1/166), cuyas ciudades, comenzando por ʿAyn Shams, estaban llenas de estatuas colosales (Ibn Kathīr, al-Bidāya wa-l-Nihāya, 7/98).

Vieron la Esfinge y las figuras talladas en las pirámides, y ninguno de ellos objetó. El propio ʿAlī gobernó Iraq y no ordenó destruir ninguna de sus estatuas.

Hicieron imágenes y preservaron imágenes, en todas las tierras en las que esas imágenes no eran objeto de adoración.

5. HACER UNA IMAGEN NO ES LO MISMO QUE POSEERLA O UTILIZARLA

"يذهب جمهور العلماء إلى أنّه لا يلزم من تحريم الصّور تحريم اقتنائها أو تحريم استعمالها"

«La mayoría de los eruditos sostiene que de la prohibición de las imágenes no se sigue necesariamente que esté también prohibido poseerlas o utilizarlas.» (al-Mawsūʿa al-Fiqhiyya al-Kuwaitiyya, voz al-taṣwīr)

Los textos de amenaza mencionan únicamente el acto de realizarlas. Los informes contrarios a la mera posesión no mencionan castigo alguno, de modo que, a lo sumo, se trataría de una cuestión menor; y el propio al-Nawawī llamó la atención sobre esta distinción.

6. LOS JUGUETES INFANTILES ESTÁN EXPRESAMENTE EXCEPTUADOS, LO QUE DESTRUYE DE RAÍZ LA TEORÍA DE LA «SEMEJANZA»

"إنّ هذا الإجماع محلّه غير لعب الأطفال"

«Este consenso se aplica a todo excepto a los juguetes de los niños.» (Ibn Ḥajar, Fatḥ al-Bārī, 10/388)

ʿĀʾisha —que Dios esté complacido con ella— jugaba con muñecas, una de las cuales era «un caballo con dos alas» (Abū Dāwūd 4932), y el Profeta Muhammad (ﷺ) lo aprobó (al-Bukhārī 6130; Muslim 2440).

Si el simple hecho de fabricar la semejanza de un ser vivo constituyese en sí mismo el delito, semejante excepción no podría existir.

La excepción demuestra que la prohibición nunca tuvo por objeto la semejanza en cuanto tal.

7. LAS IMÁGENES REBAJADAS Y NO VENERADAS NUNCA FUERON OBJETO DE REPROCHE, Y ESTA ES LA POSICIÓN EQUILIBRADA DE LA MAYORÍA DE LOS ERUDITOS

ʿIkrima, transmitiendo la práctica de los Compañeros:

"كانوا يكرهون ما نُصِبَ من التماثيل نصباً، ولا يرون بأساً بما وطئته الأقدام"

«Consideraban reprobables las estatuas que eran erigidas y colocadas en alto [para ser honradas], pero no veían inconveniente en aquellas que eran pisadas por los pies.»

Muḥammad ibn Sīrīn:

"كانوا لا يرون ما وُطِئَ وبُسِطَ من التصاوير مثل الذي نُصِبَ"

«No consideraban que las imágenes que eran pisadas o extendidas [como revestimientos del suelo] perteneciesen a la misma categoría que aquellas que eran colocadas en alto [sobre un pedestal].»

El juicio de Ibn ʿAbd al-Barr sobre este enfoque en su conjunto:

"هذا أعدل المذاهب وأوسطها في هذا الباب وعليه أكثر العلماء"

«Esta es la más justa y equilibrada de las posiciones sobre esta cuestión, y es la postura sostenida por la mayoría de los eruditos.» (al-Tamhīd, 21/199)

8. GRANDES JURISTAS FABRICARON FIGURAS, Y EL PROPIO PROFETA LAS UTILIZÓ

Al-Qarāfī, uno de los principales teóricos del derecho mālikí (m. 684/1285), «solía fabricar él mismo estatuas, como menciona en su propio libro».

Un maestro de la misma ciencia mediante la cual se derivan las normas jurídicas no veía pecado en fabricar personalmente figuras tridimensionales.

Y el Profeta Muhammad (ﷺ):

"استعمل وسائد ومرافق فيها صور، ولكنّه كان ينقض التّصاليب ويزيلها"

«Utilizaba cojines y almohadones que tenían imágenes sobre ellos, pero destruía y retiraba las cruces.» (los cojines: Muslim 2107; las cruces: al-Bukhārī 5952)

Su propio criterio diferenciador era la sacralización, no la imagen.

Toleraba el cojín con figuras y destruía la cruz porque la cruz era un objeto de devoción y el cojín no lo era.

9. POR TANTO, NO EXISTE CONSENSO. LOS ERUDITOS DE LA UMMA DISCREPARON REALMENTE

Esta es la conclusión que las pruebas imponen, y resulta fatal para cualquiera que afirme que la cuestión del dibujo ha quedado cerrada mediante ijmāʿ.

La lectura permisiva y contextual constituye la posición expresa de autoridades de todas las escuelas y de todos los siglos:

— ʿIkrima al-Barbarī (m. ca. 105/723) y Muḥammad ibn Sīrīn (m. 110/729): los primeros Sucesores que transmitieron la distinción de los Compañeros entre la imagen honrada y aquella que era pisada.

— Abū Saʿīd al-Iṣṭakhrī (m. 328/940, shāfiʿí): sostuvo abiertamente que la prohibición estaba vinculada a la proximidad de aquella generación con la idolatría y que posteriormente dejó de aplicarse. Sus palabras cierran esta publicación.

— Qāḍī ʿIyāḍ (m. 544/1149, mālikí): transmitió que la mayoría de los juristas permitía comprar muñecas.

— Ibn ʿAbd al-Barr (m. 463/1071, mālikí): declaró que la lectura contextual era la más equilibrada de las posiciones y que era sostenida por la mayoría de los eruditos.

— Al-Qarāfī (m. 684/1285, mālikí): fabricaba figuras con sus propias manos.

— Al-Nawawī (m. 676/1277, shāfiʿí): distinguió entre el acto de fabricar y los actos de poseer y utilizar.

— Ibn Ḥajar al-ʿAsqalānī (m. 852/1449, shāfiʿí): afirmó la excepción relativa a los juguetes e interpretó que la amenaza dependía de la intención.

— Ibn Ḥibbān (m. 354/965): restringió el informe relativo a «los ángeles» a los ángeles de la revelación.

— Y en nuestra propia época, la licitud general de dibujos y figuras constituye la posición declarada de Muḥammad al-Ghazālī, Yūsuf al-Qaraḍāwī, ʿAlī Jumʿa —antiguo Gran Muftí de Egipto— y otros.

LA CONCLUSIÓN QUE LAS PRUEBAS IMPONEN

Ahora aplica a todo lo que acabas de leer el criterio planteado al comienzo.

La regla por defecto es la licitud. No existe ningún texto inequívoco que prohíba dibujar una figura en cuanto tal, porque todo texto relevante o bien declara su propia causa —la rivalidad con Dios, la veneración—, o bien está restringido por sus propios transmisores y por la práctica de las personas entre las cuales fue revelado.

Y manifiestamente tampoco existe consenso: los Compañeros llevaban criaturas vivientes representadas en los sellos que utilizaban diariamente y dejaron en pie las estatuas de los imperios; los Sucesores distinguieron entre la imagen honrada y aquella que era pisada; y reconocidos imames de los distintos madhāhib dictaminaron a favor de la licitud.

Una cuestión respecto de la cual los Compañeros actuaron libremente y los imames discreparon abiertamente no es, por la propia definición de la palabra, una cuestión cerrada mediante ijmāʿ.

Por tanto, solamente queda abierta una conclusión.

La prohibición mantiene toda su fuerza exactamente allí donde subsiste su causa: la fabricación de un ídolo, o de una imagen destinada a ser venerada como rival de Dios. Eso es ḥarām, y continúa siendo ḥarām en todas las épocas; y ello ni siquiera principalmente en virtud de los textos sobre taṣwīr —la realización de imágenes—, sino por los textos, mucho más graves, relativos al tawḥīd, la unicidad absoluta de Dios.

Pero todo aquello que se encuentre fuera de esa causa —el dibujo realizado para contar una historia, para enseñar, para plasmar un rostro, para alegrar a un niño— nunca dejó, desde un principio, de estar comprendido dentro de la regla originaria de licitud.

No es algo meramente tolerado a regañadientes.

Es ḥalāl.

II. LAS PRUEBAS DE LA PROHIBICIÓN Y LA RESPUESTA A CADA UNA

AFIRMACIÓN 1

"أشدّ الناس عذاباً يوم القيامة المصوّرون"

«Las personas que recibirán el castigo más severo el Día de la Resurrección serán quienes hacen imágenes.» (al-Bukhārī 5950; Muslim 2109)

Respuesta: El propio hadiz declara dentro de su texto la causa:

"أنّهم يضاهون بخلق الله، والمضاهاة هي المشاكلة"

«[La razón] es que pretenden imitar la creación de Dios; y esta imitación (muḍāhāt) significa producir una cosa con Su misma semejanza, como rival de ella.»

Se trata del fabricante de ídolos que establece una semejanza para que sea venerada en lugar de Dios, no del artista que dibuja una escena.

El castigo está ligado a la rivalidad, y esa rivalidad es precisamente lo que no se encuentra en la narración artística de una historia.

AFIRMACIÓN 2

"يُقال لهم يوم القيامة: أحيوا ما خلقتم"

«Se les dirá el Día de la Resurrección: “Dad vida a aquello que habéis creado”.» (al-Bukhārī 5951; Muslim 2108)

Junto con el hadiz sagrado:

"ومن أظلم ممّن ذهب يخلق خلقاً كخلقي"

«¿Y quién es más injusto que aquel que se propone crear una creación semejante a Mi creación?» (al-Bukhārī 5953; Muslim 2111)

Respuesta: Ibn Ḥajar interpretó la expresión «se propone» (dhahaba) en el sentido de «intenciona y pretende» (qaṣada).

Según esta lectura, el pecado consiste en la intención desafiante: una persona que realmente se propone imitar el poder creador de Dios y atribuírselo a sí misma.

Entonces Dios pone de manifiesto su incapacidad ordenándole insuflar vida en aquello que hizo.

El narrador que dibuja un personaje para transmitir una historia no pretende nada semejante.

AFIRMACIÓN 3

"لا تدخل الملائكة بيتاً فيه كلبٌ ولا صورة"

«Los ángeles no entran en una casa en la que haya un perro o una imagen.» (al-Bukhārī 3225; Muslim 2106)

Respuesta: La opinión más fuerte es que se refiere a los ángeles de la revelación (malāʾikat al-waḥy), no a todos los ángeles, pues los ángeles registradores asignados a cada persona entran en todas las casas.

Ibn Ḥibbān restringió específicamente este informe al Profeta Muhammad (ﷺ).

Y, de manera decisiva, el texto no menciona castigo alguno, de modo que a partir de él no puede establecerse ningún pecado mayor.

AFIRMACIÓN 4

"أن لا تدع تمثالاً إلا طمسته، ولا قبراً مشرفاً إلا سويته"

«[El Profeta Muhammad (ﷺ) me envió con la misión] de no dejar estatua alguna sin borrarla, ni tumba elevada alguna sin nivelarla.» (informe de ʿAlī, Muslim 969)

Junto con los informes acerca de borrar las cortinas figurativas.

Respuesta: Los propios Compañeros no aplicaron esta orden a las imágenes que no eran objeto de adoración: Ctesifonte y Egipto permanecen como prueba física y viviente del límite que ellos entendieron, al igual que las figuras de sus propios anillos.

AFIRMACIÓN 5

"وأجمعوا على منع ما كان له ظلّ ووجوب تغييره"

«Fueron unánimes en prohibir todo aquello que proyectase sombra [es decir, las figuras tridimensionales], y en la obligación de modificarlo.» (al-Nawawī, Sharḥ Ṣaḥīḥ Muslim, 14/82)

Respuesta: La propia precisión de Ibn Ḥajar desmantela la afirmación de que este consenso sea absoluto, pues el consenso excluye expresamente los juguetes infantiles.

Y la práctica ininterrumpida de los Compañeros, que dejaron en pie las figuras de Persia y Egipto, contradice cualquier lectura general e indiscriminada.

Un consenso que admite excepciones no constituye consenso sobre la totalidad de la cuestión.

III. LA CONCLUSIÓN: EL DICTAMEN DE UN JURISTA CLÁSICO

Todo lo anterior conduce a un único dictamen; y para que nadie pueda descartarlo como una adaptación liberal moderna, que sopese las palabras de un jurista shāfiʿí que murió hace once siglos.

El imam Abū Saʿīd al-Iṣṭakhrī (m. 328 H), según lo recoge al-Māwardī en su fundamental enciclopedia shāfiʿí al-Ḥāwī al-Kabīr (9/564), dijo:

"إنما كان التحريم على عهد النبي صلى الله عليه وسلم لقرب عهدهم بالأصنام ومشاهدتهم بعبادتها، ليستقر في نفوسهم بطلان عبادتها وزوال تعظيمها. وهذا المعنى قد زال في وقتنا لما قد استقر في النفوس من العدول عن تعظيمها، فزال حكم تحريمها وحظر استعمالها. وقد كان في الجاهلية من يعبد كل ما استحسن من حجر أو شجر، فلو كان حكم الحظر باقياً لكان استعمال كل ما استحسن حراماً."

«La prohibición existió únicamente en la época del Profeta Muhammad (ﷺ), debido a lo cercana que estaba su época [al tiempo] de los ídolos y porque habían presenciado su adoración; fue impuesta para que se asentase firmemente en sus almas la falsedad de adorar ídolos y desapareciese su veneración.

Pero esta razón ha desaparecido ya en nuestro propio tiempo, puesto que se ha asentado firmemente en las almas de las personas el apartarse de la veneración de semejantes cosas.

Por consiguiente, ha desaparecido la norma que las prohibía, así como la prohibición de utilizarlas.

Y durante la época de la ignorancia había quienes adoraban cualquier cosa que les pareciese hermosa, ya fuese una piedra o un árbol; de manera que, si la norma de prohibición siguiese todavía vigente, tendría que estar prohibido utilizar cualquier cosa que a una persona le pareciese hermosa [algo que nadie sostiene].»

Lee eso de nuevo, y observa la fecha.

Hace más de mil años, un importante jurista de la escuela shāfiʿí, cuyas palabras quedaron preservadas en una de las obras jurídicas centrales de la escuela, declaró que la propia prohibición estaba vinculada a una causa, que esa causa era el recuerdo todavía vivo de la idolatría, y que una vez desaparecida esa causa, desaparecía con ella la norma.

Este es el punto más lejano de un camino que los Compañeros ya habían abierto.

El argumento que he expuesto ante ti no constituye una concesión a la época del teléfono inteligente.

Es fiqh reflexionado de los imames, puesto por escrito en el siglo IV de la era islámica.

Así que dibuja con la conciencia tranquila.

Cuando tu arte sirve a un bien lícito, los juristas sostuvieron que incluso puede elevarse desde lo meramente permitido hasta lo recomendado y, en determinados casos, hasta lo obligatorio, cuando se convierte en un medio eficaz de enseñar y de llamar a la verdad.

والله أعلم بالصواب

Y Allah sabe mejor lo que es correcto.

BASE DE LA INVESTIGACIÓN

La síntesis precedente se basa en el tratado tradicionalista Ḥukm al-Ṣuwar wa-l-Tamāthīl —«El dictamen sobre las imágenes y las estatuas»—, atribuido al shaykh Muḥammad ibn Amīn, cuyo original árabe se encuentra en:

http://www.ibnamin.com/statue.htm

junto con la traducción inglesa anotada de Ikram Hawramani en:

https://hawramani.com/a-traditionalist-critique-of.../....

 Por: Taḥsīn ʿĀlam

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Taḥsīn ʿĀlam es un erudito musulmán formado en las disciplinas islámicas tradicionales, especializado en fiqh —jurisprudencia islámica— y ḥadīth —tradición profética—, con un especial interés en integrar las ciencias islámicas clásicas con las disciplinas académicas modernas. Su formación fundamental incluye la memorización completa del Sagrado Corán (ḥifẓ al-Qurʾān) y la culminación del programa de ʿĀlimiyya correspondiente al currículo del Dars-i Niẓāmī.

Tras completar sus estudios fundamentales, prosiguió varias especializaciones avanzadas. Recibió ijāza —la licencia tradicional de autorización académica— para leer y enseñar las diez variantes menores y mayores de recitación del Corán (al-Qirāʾāt al-ʿAshr) bajo la dirección del shaykh ʿUthmān Khān, de Canadá, y del shaykh Miṣbāḥ Widin, de Egipto.

En derecho islámico se especializó bajo la dirección del distinguido jurista Muftī ʿAzīz Raḥmān al-Dehlawī, de la India, de quien recibió ijāza para ejercer como jurisconsulto (muftī) y emitir fatāwā —dictámenes jurídicos islámicos—.

Realizó sus estudios avanzados de ḥadīth con el shaykh Dr. Ḥasan Ḥaydar al-Wāʾilī, de Yemen; el Prof. Dr. Mohammed Abullais al-Khairabadi, de Malasia; y el shaykh Dr. ʿAbdullāh al-Judaiʿ, del Reino Unido. Estos estudios se concentraron en las obras clásicas de ʿilal al-ḥadīth —la ciencia del análisis de defectos sutiles u ocultos en las narraciones— y en el takhrīj al-ḥadīth —la localización y verificación de las fuentes de los hadices—.

Como complemento de su formación tradicional, obtuvo con distinción sendas maestrías en Estudios Islámicos y Árabe Clásico por la Charles Sturt University, Australia.

Firme defensor de la tradición del isnād —la cadena de transmisión académica—, su principal ámbito de especialización continúa siendo la ciencia del ḥadīth. Ha recibido más de 255 ijāzāt de destacados eruditos de diversas partes del mundo y posee algunas de las cadenas de transmisión por audición directa (asānīd samāʿiyya) más breves y elevadas de Australia para las Nueve Colecciones Canónicas de ḥadīth. Estas cadenas lo conectan directamente con aquellos textos fundamentales mediante una línea ininterrumpida de transmisión erudita.

En la actualidad está completando estudios universitarios de pregrado en Psicología en la University of Adelaide [Australia], con el propósito de convertirse en psicólogo clínico.