Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

miércoles, 5 de agosto de 2026

Por esto hay gente que abandona el Islam

En el Nombre de Dios,
el Misericordioso, el Compasivo

 



Cuando enseñanzas no auténticas dañan

Introducción

Hay errores religiosos que no permanecen encerrados en los libros. Entran en las mezquitas, se repiten en los círculos de enseñanza, llegan a los hogares y terminan modelando la relación de los padres con sus hijos. Cuando una afirmación es presentada como palabra o enseñanza del Profeta Muhammad (), adquiere para el creyente una autoridad inmensa. Por eso, atribuirle una enseñanza sin haber comprobado suficientemente su autenticidad no es una negligencia menor: puede convertir una costumbre cultural, una inclinación autoritaria o una forma de violencia heredada en una supuesta exigencia del Islam.

Un adī [hadith, hadiz] es un relato que atribuye al Profeta Muhammad () determinadas palabras, acciones, aprobaciones o características. Junto con el Sagrado Corán, los hadices constituyen una fuente fundamental para conocer la Sunna, es decir, el ejemplo normativo y la orientación profética. Precisamente por esa importancia, los sabios musulmanes desarrollaron las ciencias del adī, mediante las cuales se examinan tanto la cadena de transmisores —el isnād— como el contenido transmitido —el matn—. No todo lo que aparece introducido por las palabras «el Profeta dijo» posee el mismo grado de autenticidad.

El texto que presentamos tiene por autor a Tahsin Alam. En su texto, el autor critica afirmaciones de Mawlānā Muammad Zakariyyā al-Kāndahlawī, fallecido en 1982, un influyente sabio indio de orientación deobandí, maestro de adī y autor de numerosas obras. Su libro Faāʾil-e-Aʿmāl —«Las virtudes de las obras»— ocupa un lugar especialmente importante dentro de la Jamāʿat al-Tablīgh o movimiento tablighí: ha sido traducido a numerosos idiomas y se lee habitualmente en sus reuniones, viajes de predicación y círculos familiares. Por tanto, no estamos ante unas líneas marginales, sino ante un texto que ha influido en la formación religiosa y doméstica de millones de musulmanes.

La crítica de Tahsin Alam debe leerse con la urgencia que merece. La cuestión no es si los niños deben recibir educación, aprender la oración o adquirir disciplina. La cuestión es si pueden reunirse relatos débiles, cadenas problemáticas y máximas sin fuente para construir, en nombre del Profeta Muhammad (), una pedagogía de la vara. Cuando la dureza humana se reviste con la autoridad de Allah y de Su Mensajero, el daño no solamente alcanza el cuerpo del niño: puede deformar para siempre su imagen del Islam, de la oración y del propio Profeta de la Misericordia ().


Texto de Tahsin Alam

«Por esto la gente abandona el Islam»

Voy a citar, fragmento por fragmento, a Zakariyyā Kāndahlawī —fallecido en 1982— a partir de su célebre Faāʾil-e-Aʿmāl, y responderé a cada fragmento a medida que avancemos. Lean sus palabras y después lean las mías.

Él cita:

عَنْ مُعَاذِ بْنِ جَبَلٍ رَضِيَ اللهُ عَنْهُ... وَأَنْفِقْ عَلَى أَهْلِكَ مِنْ طَوْلِكَ وَلَا تَرْفَعْ عَنْهُمْ عَصَاكَ أَدَبًا وَأَخِفْهُمْ فِى اللهِ
رواه أحمد والطبراني في الكبير وغيرهم

«Gasta en los miembros de tu familia de acuerdo con tus posibilidades; mantén la vara suspendida sobre ellos como advertencia y para castigarlos cuando descuiden sus deberes hacia Allah».

Yo respondo:

Este es un adī débil.

Un adī débil —aʿīf— es un relato cuya cadena de transmisión está interrumpida o presenta algún defecto.

La cadena de transmisión es la sucesión de personas que fueron comunicando el relato, una a la siguiente, hasta remontarse al Profeta Muhammad ().

Cuando esa sucesión contiene una interrupción o un transmisor problemático, no podemos tener la certeza suficiente de que el Profeta Muhammad () haya pronunciado realmente esas palabras.

[Nota: En la terminología técnica, un adī aʿīf no es necesariamente un relato inventado. Significa que no reúne todas las condiciones exigidas para ser clasificado como ṣaī —auténtico o sólido— o asan —aceptable o bueno—. Su debilidad puede deberse a una ruptura en la cadena, a problemas de memoria o credibilidad de algún transmisor, o a otras anomalías.]

El shayj Shuʿayb al-Arnaʾū afirmó que, en este caso, la cadena está interrumpida entre sus diferentes niveles.

No se puede construir una regla que autorice a golpear a los niños sobre la base de un relato que quizá nunca fue pronunciado.

Él afirma:

«De acuerdo con este adī, no debemos prescindir de la vara al impedir que los niños se vuelvan indisciplinados y hagan cuanto les apetezca».

Yo respondo:

Toma un relato débil y lo convierte en una regla educativa destinada a millones de hombres.

Pero Allah describió a Su propio Profeta Muhammad () de esta manera:

فَبِمَا رَحْمَةٍ مِّنَ اللَّهِ لِنتَ لَهُمْ ۖ وَلَوْ كُنتَ فَظًّا غَلِيظَ الْقَلْبِ لَانفَضُّوا مِنْ حَوْلِكَ

«Por una misericordia procedente de Allah fuiste amable con ellos. Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían dispersado y alejado de ti» (Sura Āl ʿImrān, 3:159).

Si la dureza hace que creyentes adultos se alejen, ¿qué puede hacerle a un niño pequeño?

Él afirma:

«En algunas ocasiones es necesario utilizar la vara. Es lamentable que, por amor, no utilicemos la vara desde el principio y que después, cuando los niños ya se han echado a perder, lloremos y nos quejemos de ellos».

Yo respondo:

Nunca es necesario.

ʿĀʾisha —que Allah esté complacido con ella—, quien convivió con el Profeta Muhammad (), dijo:

مَا ضَرَبَ رَسُولُ اللَّهِ شَيْئًا قَطُّ بِيَدِهِ، وَلَا امْرَأَةً، وَلَا خَادِمًا

«El Mensajero de Allah () jamás golpeó nada con su mano: ni a una mujer ni a un sirviente» (Ṣaī Muslim, 2328).

El mejor ser humano que haya vivido educó a niños y tuvo sirvientes en su hogar, y ni una sola vez utilizó la vara.

¿Cómo puede ser entonces «necesaria» para nosotros?

Él afirma:

«Prescindir de la vara y echar a perder al niño no constituye bondad alguna. ¿Quién querría evitar que un niño fuera sometido a una operación quirúrgica recomendada por un médico por la sencilla razón de que esta le causaría dolor?».

Yo respondo:

Esta es una falsa equivalencia.

Una falsa equivalencia es un error de razonamiento mediante el cual se colocan dos realidades diferentes una al lado de la otra y se actúa como si fueran iguales.

Una operación quirúrgica cura: la realiza una mano capacitada y responde a una razón médica claramente determinada.

Golpear con ira a un niño asustado no cura nada.

Ambas cosas no son comparables; por tanto, la comparación no demuestra absolutamente nada.

Él afirma:

«Se ha transmitido que el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo en numerosas ocasiones: “Ordena a tu hijo que realice la oración cuando tenga siete años y golpéalo si la descuida después de cumplir diez años”».

Yo respondo:

Mi maestro, el shayj Akram Nadwī, ha escrito específicamente acerca de este adī.

Es un adī débil.

[Nota: La ṣalāt es la oración ritual obligatoria que los musulmanes realizan cinco veces al día. El relato mencionado suele citarse para sostener que los padres deben comenzar a ordenar la oración a los siete años y que podrían recurrir al castigo físico a partir de los diez.]

Él afirma:

«arat ʿAbd Allāh ibn Masʿūd —que Allah esté complacido con él— dijo: “Proteged la oración de vuestros hijos e inculcadles buenos hábitos”».

Yo respondo:

Este relato también es débil.

En al-Muʿjam al-Kabīr de al-abarānī, su cadena contiene a Abū Nuʿaym irār ibn Ṣurad, a quien los especialistas calificaron como débil —véase al-Haythamī, Majmaʿ al-Zawāʾid, número 1631—.

Incluso en la versión transmitida por al-Bayhaqī —al-Sunan al-Kubrā, 5/586— la cadena es objeto de discusión.

En cualquier caso, observen lo que el texto dice realmente: enseñad buenos hábitos a los niños.

No dice absolutamente nada acerca de golpearlos.

[Nota: Un relato atribuido a un Compañero del Profeta, en lugar de al Profeta mismo, suele denominarse aar. Puede tener valor religioso o histórico, pero no posee automáticamente el mismo rango que un adī profético auténtico.]

Él afirma:

«Luqmān el Sabio solía decir: “Utilizar la vara con el niño es tan indispensable como el agua para los campos”».

Yo respondo:

No he podido encontrar esta frase en ninguna fuente fiable.

No posee cadena de transmisión alguna.

Se presenta como una enseñanza sapiencial de Luqmān, pero no existe nada que permita rastrearla hasta él.

[Nota: Luqmān es el sabio mencionado en la sura 31 del Sagrado Corán. El Corán reproduce sus consejos a su hijo, centrados en el monoteísmo, la oración, la paciencia, la humildad y las buenas maneras; no le atribuye esta comparación entre la vara y el agua.]

Él afirma:

«Se ha transmitido que el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Una persona que amonesta a sus hijos obtiene de Allah una recompensa mayor que la que recibiría por gastar aproximadamente siete libras de grano en Su camino”».

Yo respondo:

Este relato aparece en al-Tirmiī —número 1951— y al-Suyūī lo clasificó como débil —aʿīf—.

Otro ladrillo débil en el muro.

Él afirma:

«En otro adī, el Profeta —que Allah le bendiga y le conceda paz— dijo: “Que Allah bendiga a la persona que mantiene un látigo colgado en su casa para amonestar a los miembros de su familia”».

Yo respondo:

Estas son exactamente las palabras que decidió utilizar.

Al-Zaylaʿī, en Takhrīj al-Kashshāf —1/316—, señala que su cadena contiene a ʿAbbād ibn Kaīr, a quien al-Bujārī, Ibn Maʿīn y al-Nasāʾī calificaron como débil.

Débil otra vez.

Él afirma:

«En otra ocasión dijo: “Ningún padre puede conceder a sus hijos nada mejor que enseñarles buenos modales”».

Yo respondo:

Este relato aparece en al-Bayhaqī —al-Sunan al-Kubrā, 5/587—, y al-Bujārī señaló que el transmisor ni siquiera llegó a conocer al Profeta Muhammad ().

Y observen que incluso este relato habla de enseñar buenos modales, no de utilizar la vara.

Hagamos, por tanto, el recuento.

El adī que sirve de fundamento es débil.

El relato que dice «golpeadlos a los diez años» está gravemente cuestionado.

El aar atribuido a Ibn Masʿūd es débil.

La frase atribuida a Luqmān carece por completo de fuente.

El relato sobre la medida de grano es débil.

El relato que ordena «colgar un látigo» es débil.

El relato sobre los «buenos modales» posee una cadena interrumpida.

Cada uno de los ladrillos es débil o inexistente.

No existe ni un solo relato sólido que ordene a un padre golpear a su hijo para disciplinarlo.

Ahora contemplemos la verdadera Sunna.

[Nota: La Sunna es el camino y ejemplo del Profeta Muhammad (), conocido a través de sus enseñanzas, su conducta y los relatos transmitidos sobre él. Tahsin Alam contrapone aquí una acumulación de textos débiles a comportamientos proféticos establecidos mediante hadices considerados auténticos.]

Anas —que Allah esté complacido con él— sirvió al Profeta Muhammad () desde que era niño y relató:

خَدَمْتُ النَّبِيَّ عَشْرَ سِنِينَ، فَمَا قَالَ لِي أُفٍّ

«Serví al Profeta Muhammad () durante diez años y ni una sola vez me dijo “uff”; nunca me preguntó por qué había hecho algo ni por qué había dejado de hacerlo» (Ṣaī al-Bujārī, 6038; Ṣaī Muslim, 2309).

(«Uff» es una expresión mínima de fastidio o irritación.)

Diez años teniendo a un niño a su servicio, y ni una sola palabra hiriente.

Un jefe tribal llamado al-Aqraʿ vio al Profeta Muhammad () besar a su nieto y dijo:

«Tengo diez hijos y nunca he besado a ninguno de ellos».

El Profeta Muhammad () lo miró y dijo:

مَنْ لَا يَرْحَمْ لَا يُرْحَمْ

«Quien no muestra misericordia no recibirá misericordia» (Ṣaī al-Bujārī, 5997; Ṣaī Muslim, 2318).

Otro hombre se mostró sorprendido de que besara a los niños. El Profeta Muhammad () le respondió:

أَوَأَمْلِكُ لَكَ أَنْ نَزَعَ اللَّهُ مِنْ قَلْبِكَ الرَّحْمَةَ

«¿Qué puedo hacer por ti si Allah ha arrancado la misericordia de tu corazón?» (Ṣaī al-Bujārī, 5998).

¿Cuál de las dos es, entonces, la Sunna?

¿Un relato débil acerca de un látigo colgado en la pared?

¿O el Profeta de la Misericordia (), quien durante diez años no levantó una sola vez la mano —ni siquiera la voz— contra un niño?

No arrojamos por la borda el Sagrado Corán y la Sunna auténtica para salvar un adī débil.

Hacemos exactamente lo contrario.

El Profeta Muhammad () fue enviado como Ramatan li-l-ʿĀlamīn —«una misericordia para todos los mundos»—.

Esa misericordia debía alcanzar, antes que a nadie, a las personas más pequeñas e indefensas del hogar:

nuestros hijos.

اللهم اشهد

¡Oh Allah, sé Tú mi testigo!

—Tahsin Alam


Comentario final

El núcleo de la denuncia de Tahsin Alam es legítimo y urgente: no puede utilizarse la autoridad sagrada del Profeta Muhammad () con ligereza, y mucho menos para presentar la violencia doméstica como una expresión de fidelidad religiosa. Un relato débil no debe convertirse, mediante la repetición y la retórica piadosa, en una licencia general para que los padres golpeen a sus hijos. Tampoco puede sustituirse el carácter profético —fundado en la misericordia, la paciencia y el dominio de la ira— por una pedagogía de intimidación permanente.

Precisamente por ello hay que rechazar el procedimiento justamente denunciado por Tahsin Alam: acumular relatos débiles, máximas sin cadena y frases atribuidas a personajes venerables para crear la impresión de que el látigo constituye una pieza indispensable de la educación islámica. Enseñar la oración es una obligación de amor y responsabilidad; enseñar a un niño a relacionar la oración con el miedo a ser golpeado puede, por el contrario, sembrar en él una aversión que permanezca durante toda su vida. En efecto, así es como algunos niños no solamente terminan huyendo de sus padres, sino también de la imagen deformada de Allah y del Islam que sus padres les impusieron.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario