Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

viernes, 14 de agosto de 2026

Lo que las fórmulas simples no cuentan sobre los hadices

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

 


Detrás de certezas fáciles en asuntos del hadiz: el conocimiento más allá de las pasiones


Quien comienza a estudiar la ciencia del hadiz suele encontrarse con afirmaciones que parecen muy claras: este transmisor es fiable, aquel es débil; este relato es auténtico, aquel no lo es. Pero cuando uno profundiza en las fuentes y observa cómo trabajaron realmente los grandes maestros, aparecen algunas sorpresas. Conceptos que hoy parecen perfectamente definidos no explican cómo transmisores considerados débiles aparecen centenares de veces en grandes colecciones; y al-Bujārī y Muslim, aun siendo las dos máximas referencias del hadiz suní, hicieron elecciones significativamente diferentes, por ejemplo.

Eso, y la necesidad de mirar más allá de las pasiones, es lo más interesante del texto de Shaykh ´Adaab al-amsh que se traduce a continuación, respetando abajo su título original. Sus ejemplos concretos plantean preguntas que merecen ser pensadas: cuánto de lo que hoy presentamos como una clasificación exacta fue en realidad juicio humano; cuánto se ha simplificado con el paso de los siglos; y por qué investigar críticamente estas cuestiones no significa despreciar a los grandes maestros, sino tomarse en serio el mismo trabajo intelectual que ellos realizaron.


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En el camino del conocimiento:
¿Por qué te odian los sabios?

En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso.

«¿Has visto a quien ha tomado por dios a su propia pasión? ¿Acaso tú vas a ser su protector?»
[Corán 25:43]

Dicho esto: uno de los estimados hermanos me escribió diciéndome que había oído a algunas personas de conocimiento hablar mal de ʿAdāb al-amsh. ¿Cuál es la razón de ello?

Digo, y de Allah procede el éxito:

Se ha transmitido que el Mensajero de Allah, el Profeta Muhammad (), dijo:

«Ninguno de vosotros tendrá verdadera fe hasta que su inclinación siga aquello que yo he traído».

Al margen de que la cadena de transmisión de este hadiz esté próxima a ser auténtica o lejos de serlo, su significado es absolutamente correcto.

Entre los significados de al-hawā (الهوى, al-hawā) en árabe está la inclinación del alma hacia el deseo. También significa amor: hawayahu, yahwāhu —amar a alguien—, así como amor apasionado, y puede darse tanto respecto del bien como del mal. Otro de sus significados es «la voluntad del alma».

Los sentidos de al-hawā que aparecen en el Noble Corán se presentan únicamente en contextos de censura. Y puesto que uno de los significados de al-hawā es «la voluntad del alma», la orientación de una persona hacia otra mediante el odio o el amor tiene causas racionales, afectivas y psicológicas.

Para el pobre ʿAdāb, el sabio (ʿālim) es aquel que posee la capacidad de ponderar entre opiniones contradictorias a partir de sus respectivas pruebas.

En cuanto al muqallid (المقلّد, al-muqallid: quien sigue una escuela por imitación o adhesión) —hanafí, shafiʿí, zaydí, yaʿfarí, etc.—, no posee una voluntad intelectual independiente; más bien, en sus comportamientos y sentimientos es prisionero de su inclinación doctrinal de escuela.

Por consiguiente, si todos los muqallids del mundo me amasen, alabaría a Allah porque, a mi juicio, habrían coincidido con la verdad. Y si todos los muqallids del mundo me odiasen —siempre que no hubiese insultos ni perjuicios—, ello no alteraría en absoluto la serenidad de mi corazón. No concedo el menor peso al taqlīd ni a los muqallids, aunque no los odio; al contrario, suplico por ellos.

Aquí surge entonces la pregunta: ¿quiénes son esos sabios mujtahids que me odian?

Algunas personas piensan que quienes se dedican al takhrīj del hadiz (تخريج الحديث, takhrīj al-adīth: rastreo, documentación y evaluación de las vías de transmisión de los hadices) son mujtahids. Esto es falso. Más bien, estas personas están profundamente sumidas en la rigidez del taqlīd.

Cuando uno de los especialistas del jar wa-l-taʿdīl (الجرح والتعديل: crítica y acreditación de transmisores) dice: «Fulano es thiqa [fiable]», los ves aferrarse con fuerza a esa palabra y convertirla en el criterio del juicio sobre el hadiz.

Sin embargo, el concepto de thiqa (ثقة, fiable) varía de un sabio a otro, y la palabra misma no constituye un término técnico preciso. Un crítico puede emplearla queriendo expresar la rectitud moral (ʿadāla); puede emplearla queriendo decir que no conoce ninguna crítica contra el transmisor; puede referirse con ella a su precisión (ab); puede querer decir simplemente que no es un transmisor abandonado (matrūk); puede querer expresar que su conducta y sus modales son rectos; e incluso puede utilizarla alguien que, para empezar, ni siquiera es un crítico especializado. Pero ellos se aferran a esta palabra porque no tienen más remedio que recurrir a ella.

Entre los usos más extraños de esta «palabra sagrada» está que el crítico diga de alguien que no transmitió en toda su vida más que dos o tres hadices: «thiqa»; mientras que de quien transmitió mil hadices, pero se equivocó en cierto número de ellos, diga: «débil» (aʿīf) o «abandonado» (matrūk).

Este es un grave defecto metodológico para el cual los sabios no han encontrado una salida científica distinta de buscar una transmisión corroborante (mutābiʿ) o un testimonio paralelo (shāhid).

El Imam Ahmad transmitió en su Musnad 739 hadices de ʿAbd Allāh ibn Lahīʿa al-aramī, pese a que él mismo y otros críticos lo consideraron débil.

Y Ahmad transmitió 435 hadices de Sharīk ibn ʿAbd Allāh al-Nakhaʿī, el juez, pese a que él mismo y otros lo consideraron débil.

Mientras tanto, Ahmad dice de Sulaymān ibn Abī al-Mughīra al-ʿAbsī:

«Thiqa, khiyār»: fiable y excelente.

Y dice de ʿAbd al-amīd ibn Rāfiʿ:

«Un shaykh fiable».

¡Y, sin embargo, no transmitió de ninguno de los dos ni un solo hadiz en su Musnad!

Y más sorprendente todavía: si el Imam al-Bujārī transmite abundantemente de ʿIkrima, el liberto de Ibn ʿAbbās, o de Ismāʿīl ibn Abī Uways, declaramos auténticos los hadices de ʿIkrima y de Ibn Abī Uways, ¡a pesar de que Muslim se abstuvo por completo de utilizarlos como transmisores en los que fundamentar su argumentación!

Y si el Imam Muslim transmite abundantemente los hadices de Abū al-Zubayr, de Jābir, declaramos auténticos los hadices de Abū al-Zubayr provenientes de Jābir —que en Muslim superan los 200 hadices—, mientras que al-Bujārī no transmitió ni un solo hadiz de Abū al-Zubayr, de Jābir, en el que este fuese el único transmisor de esa vía.

Por tanto, cuando gente como esta se ensaña conmigo, me insulta y me menosprecia, ello se debe a que ese es su nivel científico en materia de hadiz.

De lo contrario, dime: ¿en qué he ofendido yo a algún sabio contemporáneo, o siquiera a algún sabihondo, salvo que se trate de alguien desviado en materia doctrinal o de un agente al servicio de gobernantes criminales y serviles?

Finalmente: los Ahl al-Sunna —incluidos los hanafíes, respecto de los cuales al-Bujārī tenía una determinada posición— hoy lo veneran y lanzan un ataque arrollador contra cualquiera que rebaje su rango o declare débil uno solo de sus hadices.

Sin embargo, Muammad ibn Yayā al-Dhuhlī, Abū ātim al-Rāzī y Abū Zurʿa al-Rāzī lo abandonaron en vida.

Fue expulsado de su tierra y murió a la vera del camino, sin tener consigo más que a un servidor fiel.

¿Acaso no tenemos en alguien como al-Bujārī —que Allah, Altísimo, tenga misericordia de él— un ejemplo que seguir?

Y alabado sea Allah en toda circunstancia.

ʿAllāmah al-Sharīf ´Adāb al-amsh al-usaynī, que Allah le proteja.

 



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