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| En el Nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo |
Detrás de certezas fáciles en asuntos del hadiz: el conocimiento más allá de las pasiones
Quien comienza a estudiar la ciencia del hadiz
suele encontrarse con afirmaciones que parecen muy claras: este transmisor es
fiable, aquel es débil; este relato es auténtico, aquel no lo es. Pero cuando
uno profundiza en las fuentes y observa cómo trabajaron realmente los grandes
maestros, aparecen algunas sorpresas. Conceptos que hoy parecen perfectamente
definidos no explican cómo transmisores
considerados débiles aparecen centenares de veces en grandes colecciones; y
al-Bujārī y Muslim, aun siendo las dos máximas referencias del hadiz suní,
hicieron elecciones significativamente diferentes, por ejemplo.
Eso, y la necesidad de mirar más allá de las pasiones, es lo más interesante del texto de Shaykh ´Adaab
al-Ḥamsh que se traduce a continuación, respetando abajo su título original. Sus ejemplos concretos plantean
preguntas que merecen ser pensadas: cuánto de lo que hoy presentamos como una
clasificación exacta fue en realidad juicio humano; cuánto se ha simplificado
con el paso de los siglos; y por qué investigar críticamente estas cuestiones
no significa despreciar a los grandes maestros, sino tomarse en serio el mismo
trabajo intelectual que ellos realizaron.
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En el
camino del conocimiento:
¿Por
qué te odian los sabios?
En el nombre de Allah, el Compasivo, el
Misericordioso.
Dicho esto: uno de los estimados hermanos me
escribió diciéndome que había oído a algunas personas de conocimiento hablar
mal de ʿAdāb al-Ḥamsh. ¿Cuál es la razón de ello?
Digo, y de Allah procede el éxito:
Se ha transmitido que el Mensajero de Allah, el
Profeta Muhammad (ﷺ), dijo:
«Ninguno de vosotros tendrá verdadera fe hasta que
su inclinación siga aquello que yo he traído».
Al margen de que la cadena de transmisión de este
hadiz esté próxima a ser auténtica o lejos de serlo, su significado es
absolutamente correcto.
Entre los significados de al-hawā (الهوى, al-hawā) en árabe
está la inclinación del alma hacia el deseo. También significa amor: hawayahu,
yahwāhu —amar a alguien—, así como amor apasionado, y puede darse tanto
respecto del bien como del mal. Otro de sus significados es «la voluntad del
alma».
Los sentidos de al-hawā que aparecen en el
Noble Corán se presentan únicamente en contextos de censura. Y puesto que uno
de los significados de al-hawā es «la voluntad del alma», la orientación
de una persona hacia otra mediante el odio o el amor tiene causas racionales,
afectivas y psicológicas.
Para el pobre ʿAdāb, el sabio
(ʿālim) es aquel que
posee la capacidad de ponderar entre opiniones contradictorias a partir de sus
respectivas pruebas.
En cuanto al muqallid (المقلّد, al-muqallid: quien sigue una escuela por imitación o
adhesión) —hanafí, shafiʿí, zaydí, yaʿfarí, etc.—, no posee una
voluntad intelectual independiente; más bien, en sus comportamientos y
sentimientos es prisionero de su inclinación doctrinal de escuela.
Por consiguiente, si todos los muqallids
del mundo me amasen, alabaría a Allah porque, a mi juicio, habrían coincidido
con la verdad. Y si todos los muqallids del mundo me odiasen —siempre
que no hubiese insultos ni perjuicios—, ello no alteraría en absoluto la
serenidad de mi corazón. No concedo el menor peso al taqlīd ni a los muqallids,
aunque no los odio; al contrario, suplico por ellos.
Aquí surge entonces la pregunta: ¿quiénes son
esos sabios mujtahids que me odian?
Algunas personas piensan que quienes se dedican al
takhrīj del hadiz (تخريج الحديث, takhrīj al-ḥadīth: rastreo, documentación y
evaluación de las vías de transmisión de los hadices) son mujtahids. Esto es falso. Más bien, estas
personas están profundamente sumidas en la rigidez del taqlīd.
Cuando uno de los especialistas del jarḥ wa-l-taʿdīl (الجرح والتعديل: crítica y acreditación
de transmisores) dice: «Fulano es thiqa
[fiable]», los ves aferrarse con fuerza a esa palabra y convertirla en el
criterio del juicio sobre el hadiz.
Sin embargo, el concepto de thiqa (ثقة, fiable) varía de un
sabio a otro, y la palabra misma no constituye un término técnico preciso. Un
crítico puede emplearla queriendo expresar la rectitud moral (ʿadāla); puede
emplearla queriendo decir que no conoce ninguna crítica contra el transmisor;
puede referirse con ella a su precisión (ḍabṭ); puede querer decir simplemente que no es un transmisor
abandonado (matrūk); puede querer expresar que su conducta y sus modales
son rectos; e incluso puede utilizarla alguien que, para empezar, ni siquiera
es un crítico especializado. Pero ellos se aferran a esta palabra porque no
tienen más remedio que recurrir a ella.
Entre los usos más extraños de esta «palabra
sagrada» está que el crítico diga de alguien que no transmitió en toda su vida
más que dos o tres hadices: «thiqa»; mientras que de quien transmitió
mil hadices, pero se equivocó en cierto número de ellos, diga: «débil» (ḍaʿīf) o «abandonado» (matrūk).
Este es un grave defecto metodológico para el cual
los sabios no han encontrado una salida científica distinta de buscar una
transmisión corroborante (mutābiʿ) o un testimonio paralelo (shāhid).
El Imam Ahmad transmitió en su Musnad 739
hadices de ʿAbd Allāh ibn Lahīʿa al-Ḥaḍramī, pese a que él mismo y
otros críticos lo consideraron débil.
Y Ahmad transmitió 435 hadices de Sharīk
ibn ʿAbd Allāh al-Nakhaʿī, el juez, pese a que él mismo
y otros lo consideraron débil.
Mientras tanto, Ahmad dice de Sulaymān ibn Abī
al-Mughīra al-ʿAbsī:
«Thiqa, khiyār»: fiable y excelente.
Y dice de ʿAbd al-Ḥamīd ibn Rāfiʿ:
«Un shaykh fiable».
¡Y, sin embargo, no transmitió de ninguno de los
dos ni un solo hadiz en su Musnad!
Y más sorprendente todavía: si el Imam al-Bujārī
transmite abundantemente de ʿIkrima, el liberto de Ibn ʿAbbās, o de Ismāʿīl ibn Abī Uways, declaramos auténticos
los hadices de ʿIkrima y de Ibn Abī Uways, ¡a pesar de que Muslim se
abstuvo por completo de utilizarlos como transmisores en los que fundamentar su
argumentación!
Y si el Imam Muslim transmite abundantemente los
hadices de Abū al-Zubayr, de Jābir, declaramos auténticos los hadices de Abū
al-Zubayr provenientes de Jābir —que en Muslim superan los 200 hadices—,
mientras que al-Bujārī no transmitió ni un solo hadiz de Abū al-Zubayr, de
Jābir, en el que este fuese el único transmisor de esa vía.
Por tanto, cuando gente como esta se ensaña
conmigo, me insulta y me menosprecia, ello se debe a que ese es su nivel
científico en materia de hadiz.
De lo contrario, dime: ¿en qué he ofendido yo a
algún sabio contemporáneo, o siquiera a algún sabihondo, salvo que se trate de
alguien desviado en materia doctrinal o de un agente al servicio de gobernantes
criminales y serviles?
Finalmente: los Ahl al-Sunna —incluidos los
hanafíes, respecto de los cuales al-Bujārī tenía una determinada posición— hoy
lo veneran y lanzan un ataque arrollador contra cualquiera que rebaje su rango
o declare débil uno solo de sus hadices.
Sin embargo, Muḥammad ibn Yaḥyā al-Dhuhlī, Abū Ḥātim al-Rāzī y Abū Zurʿa al-Rāzī lo
abandonaron en vida.
Fue expulsado de su tierra y murió a la vera del
camino, sin tener consigo más que a un servidor fiel.
¿Acaso no tenemos en alguien como al-Bujārī —que
Allah, Altísimo, tenga misericordia de él— un ejemplo que seguir?
Y alabado sea Allah en toda circunstancia.
ʿAllāmah al-Sharīf ´Adāb al-Ḥamsh al-Ḥusaynī, que Allah le proteja.


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