Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

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miércoles, 21 de marzo de 2012

Educación y autoestima

En el Nombre de  Dios,
el Misericordioso, el Compasivo



LA EDUCACIÓN Y LA AUTOESTIMA EN LA NIÑEZ


La gente del siglo 21 [la gente de hoy] está separando la gente de la religión. 

Esto es lo que les enseñan, cuando les dicen: `Ten autoestima.'

Las universidades están enseñando a la gente a volverse más ignorantes y más arrogantes y más necias y con más auto-estima, que significa: 'Ya no confíes más en tu Señor.  Sólo en ti'.  Eso es lo que significa. `Confía en ti mismo'. 

En la época de los Otomanos [el último gobierno legítimo del Islam, que duró hasta 1909] ellos construían un fundamento sólido. Antes incluso de que fueran a la escuela, le enseñaban a los niños.

‘¿Quién es tu Señor? Allah [Dios]. Puedes engañar aquí y allí pero Allah te va a observar.  Ten temor de Allah.’

Enseñaban así.  Les daban el temor a Allah y el amor a Allah. No puede haber sólo una de estas dos cosas [ambas deben estar].

`Si haces algo que no le agrada a Allah, cuidado, puedes ser castigado. Tú eres un siervo [de Dios].  Si haces las cosas que Allah ama, vas a ser recompensado. Y vas a obtener la paz'. 

Decían esto y educaban a sus hijos con estos modales. Enseñaban a sus hijos a decir, para todo: `Bismillahi Rahmani Rahim [En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo'. Enseñaban el amor al Profeta (la paz sea con él) por encima de todos [después de Allah]. 

¿Cómo puede salir un niño anarquista o terrorista cuando se les cría así? 

Fíjense ahora.  El que muere y el que es asesinado ni siquiera saben la razón. El que muere ya ni sabe por qué muere, el que mata ya no sabe por qué mata. 
Y es porque el shaytán [el demonio] ha entrado en medio.  Cuando el shaytan entra en medio, nos separa diciendo: kurdos, turcos, alevis, sunnis, cherquez, uzbeko.  

Y ahora la confusion está en todos lados por éstos que son criados en esas escuelas.

Así que su sistema está erróneo.  Fíjense los frutos que da. Del árbol que plantas, el fruto que obtienes es o un terrorista, o un mentiroso, o un gánster, o un jugador de fútbol [la vida como juego], o un rockero, o un punk, o un drogadicto o un homosexual.

Qué vergüenza decir esto.  Pero es real.

Dicen: `Somos Libres.  Podemos hacer lo que nos dé la gana.'

- Sheykh Abdul Kerim Effendi Hz.








jueves, 16 de febrero de 2012

Niños que proclaman el Nombre de Allah

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

Una mejor generación está en camino.  Para proclamar en alto el Nombre de Allah.  Algunas fotos extraordinarias del milagro del Islam.  Los verdaderos milagros sutiles que hablan de Haqq.

Algunas fotos:


Shaykh Nazim al Haqqani (qs), que Allah le dé larga vida y poderosa salud.
Su amor y dedicación a los niños es ejemplar.


Entrenados a los pies de Shaykh Abdul Kerim, khalipha de Maulana Shaykh Nazim,
en el más delicado adab.

¡Masha'Allah!

Shaykh Hassan Dyck, uno de los khaliphas de Shaykh Nazim, en una gira en España,
con el bebé Ibrahim escuchando  illahis -música de dhikr- en medio de la gente de dhikr de Allah.

La historia de uno de ellos ha sido compartida por hermanos nuestros, de modo que reproducimos aquí lo que se han animado a contar.

LA HISTORIA DE IBRAHIM

Sus padres son discípulos de Maulana Shaykh Nazim, de España.  Gente dedicada a recordar a Allah, gente a la que Shaykh Nazim les ha transmitido la belleza del dhikr.


Haqq” (La Realidad Divina) fue la primera palabra de Ibrahim, en un árabe claro y dulce. Y muy pronto se le empezó a escuchar recitando “Allah”.
Con tres meses ya pasaba largos ratos haciendo diker, es decir, repitiendo “Allah, Allah, Allah…“, una y otra vez, bella y acompasadamente, como una nana o una salmodia.
De nuevo, la pronunciación era impecable, incluida su Sachda, es decir, el énfasis adecuado en la Lam (la “ele” de Allah) y el deje sordo de la Ha (hache) final, como si el último aliento condensara toda la sacralidad de lo impronunciable, del noble aliento que viene depués de Al-Lahhh…
A veces, en una mezquita, templo o lugar de oración, a ese “Allah” claro y limpio le acompañba un “Huuuu” o un “Haqq“.
Ibrahim ya sabía los nombres de Dios antes de aprender ningún otro nombre. ¡MashalLah! Quienes lo conocen pueden atestiguarlo. Y su caso es el de otros tantos hijos de amigos y hermanos que se asombran al ver a sus pequeños pronunciando las palabras sagradas del Islam.
Cuando escucha el Azan (la llamada a la oración), Ibrahim se queda quieto, abre sus ojos muy atento, y eleva la mirada al infinito mientras entrelaza sus manitas, solemne y concentrado; siguiendo estrictamente el Adab (las buenas formas) de la llamada. Quien sabe lo que estará mirando, porque realmente da la impresión de que está viendo ángeles o “tayalis” bendiciones de luz derramándose en el espacio.
En los Hadrahs, rituales de danza sagrada, se mueve rítmicamente y baila feliz, participando activamente con los demás y alegrando los corazones de los asistentes.
El Tasbih o rosario es uno de sus objetos favoritos (curiosamente junto a las bolsitas de té).
Hace pocos días empezó, de repente, a decir “Amín“. Justo en el momento preciso, mientras hacíamos una du’a (petición) colectiva. Desde entonces ha afianzado su uso. Repite “Amín” cuando bendecimos la comida o cuando pronunciamos la Fatiha (primera sura del qur’an que, como el padrenuestro cristiano, acaba con un “Amín”).

Después de un taller de giro derviche se ha aficionado a dar vueltas. Siempre en el sentido de la sunnah, es decir, antihorario, con la mano derecha levantada y la izquierda dirigida hacia el suelo. Como lo hacen los sufíes desde hace siglos.
A veces se ayuda a girar recitándose Allah él mismo, e incluso algo que suena como el sagrado mantra “La ilaha ilalLah” (“no hay más realidad que El Absoluto”).
Es difícil grabarlo, porque la magia se acaba en cuanto sacamos la cámara. Pero, gracias a Dios, algo tenemos, algo que merece la pena compartir con el mundo.