Salatul fatih

Salatul fatih
Oh Allah bendice a nuestro Maestro Muḥammad, el que abre lo que está cerrado y sella lo que le ha precedido, aquel que hace triunfar a la Verdad por la Verdad, el guía hacia el camino recto, y a su familia, conforme a lo que merece su categoría y su inmenso alcance

viernes, 6 de noviembre de 2026

Los Santos jesuanos o awliya Isawíes en el Islam

En el Nombre de Allah,
el Misericordioso, el Compasivo

 

Doble herencia espiritual


Los santos jesuanos o awliyá afiliados a Jesús, la paz sea con él


I. Jesucristo en el sagrado Corán: el Mesías, la Palabra y el Espíritu de Allah

El sagrado Corán presenta a Jesucristo —ʿĪsā al-Masīḥ (عِيسَى الْمَسِيحُ), la paz sea con él— mediante títulos y atributos de singular grandeza espiritual.

Su nacimiento milagroso, su proximidad a Allah (Dios), su condición de Palabra y Espíritu procedente de Él, su misericordia y su capacidad de sanar y devolver la vida, con permiso divino, constituyen elementos fundamentales para comprender su lugar en la tradición espiritual islámica.

Dice Dios en el Sagrado Corán:

«El Mesías, Jesús, hijo de María, no es sino el Mensajero de Allah, Su Palabra, que Él comunicó a María, y un Espíritu de Él. Creed, pues, en Allah y en Sus mensajeros, y no digáis: “Tres”». (Sagrado Corán, 4:171)

Las expresiones coránicas son Kalimatuhu (كَلِمَتُهُ), «Su Palabra», y Rūḥun minhu (رُوحٌ مِنْهُ), «un Espíritu procedente de Él».

Dice Dios también:

«Y [-Dios- lo hará] mensajero para los Hijos de Israel: “He venido a vosotros con un signo de vuestro Señor. Formo para vosotros, a partir del barro, algo con forma de ave; soplo en ello y se convierte en un ave con permiso de Allah. Curo al ciego de nacimiento y al leproso, y doy vida a los muertos con permiso de Allah. Os informo de lo que coméis y de lo que almacenáis en vuestras casas. Ciertamente, en ello hay un signo para vosotros, si sois creyentes”». (Sagrado Corán, 3:49)

La expresión reiterada bi-iḏni Llāh (بِإِذْنِ اللَّهِ), «con permiso de Allah», es esencial. La acción milagrosa se manifiesta mediante Jesús, pero su fuente verdadera es Allah, de quien proceden toda vida, todo poder y toda curación.

Jesús, bendición para las criaturas, humilde y consagrado a la oración

«Y me ha hecho bendito dondequiera que esté, y me ha encomendado la oración y la limosna mientras viva». (Sagrado Corán, 19:31)

«Y me ha hecho bondadoso con mi madre, y no me ha hecho arrogante ni desdichado». (Sagrado Corán, 19:32)

Estos versículos vinculan la condición espiritual de Jesús con la bendición, la humildad, la oración, el servicio y la bondad.

II. La misericordia y la misión espiritual de Jesús en los evangelios sinópticos

Los evangelios sinópticos —Mateo, Marcos y Lucas— conservan enseñanzas y episodios que guardan una profunda consonancia con esta imagen coránica de Jesús.

En el Evangelio de Lucas, Jesús anuncia su misión mediante las palabras del profeta Isaías:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y recuperación de la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año favorable del Señor». (Lucas 4:18-19)

Cuando los discípulos de Juan el Bautista preguntan por la misión de Jesús, este responde remitiéndose a las obras que manifiestan la misericordia divina:

«Id y anunciad a Juan lo que oís y veis: los ciegos recobran la vista y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian buenas nuevas». (Mateo 11:4-5)

Marcos, por su parte, describe así la disposición interior de Jesús ante las multitudes: «Al salir, vio una gran multitud y sintió compasión por ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas». (Marcos 6:34)

Y en el Sermón de la Montaña aparece esta bienaventuranza: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia». (Mateo 5:7)

Estas enseñanzas permiten reconocer una constante: la espiritualidad de Jesús está inseparablemente relacionada con el Espíritu, la misericordia, la sanación, la vivificación, el conocimiento y la cercanía a Dios.

Precisamente estos atributos aparecen nuevamente en la doctrina de los grandes maestros sufíes acerca de los santos que reciben la herencia espiritual de Jesucristo.

III. Los herederos espirituales de los profetas

En el sufismo existe una doctrina según la cual los awliyāʾ (أَوْلِيَاء), los amigos íntimos de Allah o santos del Islam, pueden recibir una herencia espiritual particular de alguno de los profetas.

Esta herencia recibe el nombre de wirātha nabawiyya (وِرَاثَة نَبَوِيَّة), «herencia profética».

No se trata de recibir una nueva misión profética legislativa, sino de participar, por gracia de Allah, de ciertos conocimientos, virtudes, estados espirituales y dones que caracterizaron a un profeta determinado.

Así, se habla de santos que son:

  • Ibrāhīmī (إِبْرَاهِيمِيّ): heredero espiritual de Abraham.
  • Mūsawī (مُوسَوِيّ): heredero espiritual de Moisés.
  • ʿĪsawī (عِيسَوِيّ): heredero espiritual de Jesús.
  • Nūḥī (نُوحِيّ): heredero espiritual de Noé.
  • Yūsufī (يُوسُفِيّ): heredero espiritual de José.
  • Muḥammadī (مُحَمَّدِيّ): heredero de la realidad espiritual muhammadiana.

El gran santo y maestro sufí Muḥyī al-Dīn Ibn ʿArabī (1165-1240), conocido como al-Shaykh al-Akbar, enseña expresamente esta clasificación.

En el tratado denominado Manzil al-Quṭb («La estación del Polo»), transmitido entre sus Rasāʾil o epístolas, declara:

«El más perfecto de los polos espirituales es el muhammadiano. Cada uno de quienes están por debajo de él ocupa un rango correspondiente a aquel de quien ha heredado. Entre ellos hay ʿīsawíes, mūsawíes, ibrāhīmíes, yūsufíes y nūḥíes».

Y agrega que todos ellos se encuentran en la Miškāt Muḥammadiyya, el «nicho luminoso muhammadiano», que reúne estas modalidades de herencia.

La doctrina no afirma que todos los santos sean iguales o que las características de los profetas se confundan. Por el contrario, reconoce una diversidad de dones y funciones espirituales dentro de la unidad de la revelación divina.

IV. Ibn ʿArabī y sus dos capítulos sobre los santos afiliados a Jesús

La exposición más directa de esta doctrina se encuentra en una de las grandes obras de Ibn ʿArabī: al-Futūḥāt al-Makkiyya (الْفُتُوحَاتُ الْمَكِّيَّة), conocida en español como «Las iluminaciones de La Meca».

Esta obra monumental, que consta de 560 capítulos, contiene dos capítulos consecutivos dedicados específicamente a los santos ʿīsawíes:

Capítulo 36: Fī maʿrifat al-ʿĪsawiyyīn wa-aqṭābihim wa-uṣūlihim — «Sobre el conocimiento de los ʿīsawíes, sus polos espirituales y sus fundamentos».

Capítulo 37: Fī maʿrifat al-aqṭāb al-ʿĪsawiyyīn wa-asrārihim — «Sobre el conocimiento de los polos espirituales ʿīsawíes y sus secretos».

Ambos se encuentran en el volumen primero, páginas 222-228, de la edición árabe tradicional conocida como al-Maymaniyya.

1. ¿Qué significa ser un santo ʿīsawí?

Ibn ʿArabī comienza el capítulo 36 con unos versos de singular profundidad:

«Todo aquel que vivifica su propia realidad y se cura de la enfermedad de los velos, ese es Jesús: no hay para nosotros duda al respecto».

La expresión no significa que tal persona se convierta literalmente en Jesús, sino que manifiesta espiritualmente una cualidad característica del Mesías: la capacidad de vivificar y disipar los velos que ocultan la realidad.

En el mismo capítulo Ibn ʿArabī explica que un santo recibe la denominación de ʿīsawí, mūsawí o ibrāhīmí cuando se le abre una modalidad de conocimiento y una estación espiritual relacionadas con el profeta correspondiente.

Escribe:

“Así pues, el fundamento de los ʿīsawíes, como hemos establecido, consiste en despojar al tawḥīd [la afirmación de la unicidad divina] de las imágenes manifiestas que existen en la comunidad ʿīsawí [cristiana] y de las representaciones que ellos tienen en las iglesias, puesto que [estos ʿīsawíes] siguen la ley religiosa de Muhammad (ﷺ).Sin embargo, la espiritualidad propia del estado en que se encuentran —ʿīsawí entre los cristianos y mūsawí entre los judíos— procede del nicho luminoso de Muhammad (ﷺ), de sus palabras: «Adora a Allah como si lo vieras»; de que Allah está en la dirección hacia la cual se orienta quien realiza la oración; de que el siervo, cuando ora, se vuelve hacia su Señor; y de todo cuanto se ha transmitido acerca de Allah en términos de relaciones semejantes a estas”.

Y prosigue diciendo Ibn ʿArabī:

«Entre los carismas [karāmāt] del ʿīsawí de esta comunidad no se encuentra caminar por el aire, pero sí caminar sobre el agua».

Ibn ʿArabī prosigue explicando que los santos muhammadianos pueden caminar por el aire mediante la bendición de su seguimiento del Profeta Muhammad (ﷺ), sin que eso los haga superiores a Jesús en certeza espiritual.

Añade además una distinción interna entre los ʿīsawíes. Dice al respecto:

«Los primeros ʿīsawíes son los ḥawāriyyūn, seguidores de Jesús. Si alguno de ellos llegara a alcanzar la Ley de Muhammad (ﷺ), creyera en él y lo siguiera, y sucediera que hubiera recibido de esta Ley algo que anteriormente pertenecía a la Ley de Jesús (la paz sea con él), entonces heredaría de Jesús aquello que había heredado de él sin velo alguno. Después heredaría nuevamente de Jesús, dentro de la Ley de Muhammad (ﷺ), pero como herencia de un seguidor recibida de otro seguidor, no de alguien que es seguido.

Entre ambas hay una diferencia en el gusto espiritual (ḏawq). Por eso, el Mensajero de Allah (ﷺ) dijo acerca de una persona semejante que tendrá dos recompensas. De igual manera, tendrá dos herencias, dos aperturas espirituales (fatḥ) y dos gustos espirituales diferentes. Y en ambas herencias no será atribuido sino a aquel mismo profeta (Jesús, la paz sea con él).

Estos son, pues, los segundos ʿīsawíes». (al-Futūḥāt al-Makkiyya, volumen I, capítulo 36)

Esa persona ya había recibido una herencia espiritual de Jesús como discípulo suyo. Pero, al incorporarse a la Ley muhammadiana, puede recibir nuevamente una herencia de Jesús, ahora dentro del orden profético muhammadiano.

¿Por qué dice que la segunda herencia procede de «un seguidor» y no de «alguien que es seguido»?

Porque, dentro de la doctrina de Ibn ʿArabī, Jesús mismo se encuentra bajo la autoridad de la legislación muhammadiana una vez que esta ha aparecido. Por tanto, Jesús ya no representa, en ese segundo momento, una legislación independiente que deba seguirse por sí misma.

La persona recibe entonces dos herencias de un mismo profeta, pero bajo dos relaciones diferentes. La primera procede de Jesús como profeta al que seguía directamente. La segunda procede de Jesús como participante de una realidad profética comprendida ahora en la revelación muhammadiana.

De ahí que Ibn ʿArabī hable de dos herencias, dos aperturas y dos experiencias espirituales distintas.

La herencia no consiste únicamente en recordar las enseñanzas de aquel profeta. Es una participación espiritual en su maqām (estación) y en su ḏawq (experiencia interior).

2. La principal señal del santo ʿīsawí: misericordia hacia todos, cualquiera que sea su religión

Esta es una enseñanza particularmente hermosa.

En el capítulo 36, página 226, Ibn ʿArabī escribe:

«Entre las señales de los ʿīsawíes, si deseas reconocerlos, está encontrar a una persona que tenga misericordia hacia el mundo y compasión por él, sea quien sea [la persona] y cualquiera que sea su religión o la comunidad religiosa a la que pertenezca».

La expresión árabe central es:

Raḥmatun bi-l-ʿālami wa-šafaqatun ʿalayhi, kāna man kāna wa-ʿalā ayyi dīnin kāna.

Es decir: «Misericordia hacia el mundo y compasión por él, sea quien sea y cualquiera que sea su religión».

Ibn ʿArabī prosigue explicando que estos santos procuran no pronunciar palabras que estrechen o lastimen los corazones de las criaturas. Miran las cosas buscando lo mejor que hay en ellas y prefieren que de sus lenguas salga el bien.

La compasión del santo ʿīsawí no depende de que otra persona comparta sus creencias, su escuela religiosa o su modo de vida.

Su misericordia brota de una disposición interior hacia la creación de Allah.

Ibn ʿArabī distingue, además, entre no detenerse en los defectos de las personas y no reconocer el mal como tal. Los santos no necesitan complacerse en las faltas ajenas para saber que existen acciones que deben evitarse.

Por tanto, no se trata de indiferencia moral ni de relativismo, sino de una disposición misericordiosa que reconoce el bien y evita hacer daño.

3. Jesús y la educación de la lengua

Para ilustrar esta cualidad, Ibn ʿArabī transmite una hermosa enseñanza atribuida a Jesús.

Relata que Jesús vio un cerdo y le dijo:

«¡Ve en paz!».

Cuando le preguntaron por qué había dirigido unas palabras semejantes a un animal considerado impuro, Jesús respondió:

«Estoy acostumbrando mi lengua a decir el bien».

La enseñanza es sencilla, pero profunda: el hombre de Allah no necesita expresar desprecio ni siquiera cuando se encuentra ante algo que considera inferior o impuro.

Su lengua ha sido educada en la bondad.

En el mismo pasaje, Ibn ʿArabī recuerda que el Profeta Muhammad (ﷺ), al pasar junto a un animal muerto, llamó la atención de sus compañeros hacia la blancura de sus dientes, en lugar de detenerse únicamente en el mal olor del cadáver.

También recuerda un episodio en el cual una serpiente escapó antes de que los compañeros pudieran matarla. El Mensajero de Allah (ﷺ) comentó que Allah había protegido a la serpiente del daño de ellos y a ellos del daño de la serpiente.

De este modo, Ibn ʿArabī muestra cómo el estado espiritual de Jesús se manifiesta también en el carácter misericordioso del Profeta Muhammad (ﷺ). La herencia ʿīsawí no está separada de la perfección muhammadiana.

V. Los dones espirituales de los santos ʿīsawíes

El capítulo 37 de las Futūḥāt trata especialmente de las capacidades espirituales de estos santos.

Como hemos visto, Ibn ʿArabī enseña que el polo ʿīsawí reúne dos herencias: una herencia espiritual vinculada a Jesús y otra muhammadiana, recibida según el gusto espiritual de Jesús.

Ahora bien, entre sus cualidades encontramos la fuerza de la aspiración espiritual, la aceptación de sus súplicas y una especial eficacia de la palabra.

1. La transmisión de estados espirituales mediante el abrazo, el contacto o la vestimenta

Ibn ʿArabī explica que algunos santos ʿīsawíes pueden transmitir a otra persona un estado espiritual, llamado ḥāl (حَال), mediante un contacto físico.

Describe diferentes modalidades: tocar a alguien, abrazarlo, besarlo, entregarle una prenda o indicarle que extienda su vestimenta para recibir simbólicamente un don espiritual.

En una de estas últimas modalidades, el santo hace movimientos como si recogiese algo del aire y lo depositara en la prenda. Luego ordena a su destinatario que la cierre contra el pecho.

El estado espiritual se manifiesta entonces en la persona que lo recibe.

Ibn ʿArabī relata que conoció a un maestro que, al reconocer una predisposición especial en alguien, se aproximaba a él y lo tocaba o presionaba suavemente con el pecho contra su espalda. La persona experimentaba una transformación interior y se volvía inmediatamente hacia su Señor.

Menciona también a Makkī al-Wāsiṭī, discípulo de Azdashīr, enterrado en La Meca. Cuando un estado espiritual descendía sobre Makkī al-Wāsiṭī, pedía a uno de los presentes que lo abrazara. Mediante aquel abrazo, el estado que poseía se comunicaba también a la otra persona.

Ibn ʿArabī relaciona esta facultad con diversos actos del Profeta Muhammad (ﷺ). Entre ellos recuerda la narración de Abū Hurayra, quien se quejaba de olvidar lo que escuchaba.

El Profeta (ﷺ) le ordenó extender su manto, realizó el gesto de recoger algo y depositarlo en él, y después le indicó que lo recogiera contra su pecho. Desde entonces, Abū Hurayra dejó de olvidar lo que escuchaba del Mensajero de Allah (ﷺ).

Para Ibn ʿArabī, estos episodios manifiestan una misma sabiduría: Allah puede hacer que una gracia espiritual se transmita mediante un acto corporal aparentemente sencillo. El abrazo, el contacto y la vestimenta son medios. La gracia procede de Allah.

2. El conocimiento de las plantas y sus propiedades curativas

Otra anécdota extraordinaria aparece en la página 228.

Ibn ʿArabī relata la experiencia del santo Abū ʿAbd Allāh al-Ghazzāl, discípulo del maestro Abū al-ʿAbbās ibn al-ʿArīf.

Un día, al salir de una reunión con su maestro, al-Ghazzāl atravesó un lugar donde crecían numerosas plantas.

De pronto, comenzó a percibir que las plantas le hablaban y le comunicaban sus propiedades. Cada una parecía presentarse ante él, explicándole sus beneficios y los males que podía aliviar. El discípulo quedó desconcertado ante aquella manifestación del conocimiento oculto de las criaturas.

Regresó inmediatamente a su maestro y le contó lo ocurrido.

Pero Ibn al-ʿArīf no lo felicitó por haber recibido aquella apertura. Por el contrario, le hizo comprender que estaba siendo puesto a prueba. Le preguntó, en esencia, dónde había quedado su atención al verdadero Benefactor y al verdadero Dispensador de todo cuanto existe, cuando las plantas comenzaron a hablarle de sus propias virtudes.

El discípulo comprendió la advertencia y se arrepintió de haberse dejado distraer por aquellas manifestaciones extraordinarias. Su maestro le ordenó regresar al mismo lugar y le explicó que, si su arrepentimiento era verdadero, aquellas voces ya no volverían a distraerlo.

Así ocurrió. Cuando regresó, ya no oyó a las plantas. Se postró en agradecimiento a Allah y volvió a informar a su maestro. Ibn al-ʿArīf alabó a Allah por haberlo elegido para Sí y no haberlo dejado cautivo de las criaturas.

3. El poder vivificador de los santos ʿīsawíes

En otra de sus grandes obras, los Fuṣūṣ al-Ḥikam («Los engastes de las sabidurías»), Ibn ʿArabī dedica el capítulo 15 a Jesús, bajo el título:

Faṣṣ ḥikma nabawiyya fī kalima ʿīsawiyya — «Engaste de sabiduría profética en una palabra ʿīsawí».

Allí recuerda un episodio atribuido al gran santo Abū Yazīd al-Bisṭāmī.

Abū Yazīd había matado accidentalmente una hormiga. Entonces sopló sobre ella, y la hormiga recuperó la vida. Ibn ʿArabī explica que Abū Yazīd había experimentado, en aquel instante, una manifestación del estado espiritual de Jesús.

Pero el Shaykh al-Akbar desarrolla inmediatamente una enseñanza todavía más importante: existe también una vivificación espiritual mediante el conocimiento.

El Corán declara:

«¿Acaso aquel que estaba muerto y al que dimos vida, y para quien dispusimos una luz con la que camina entre los hombres, es semejante a quien permanece en las tinieblas sin poder salir de ellas?». (Sagrado Corán, 6:122)

A partir de este versículo, Ibn ʿArabī enseña que quien transmite a otra persona un conocimiento verdadero de Allah, devolviendo la vida a un corazón espiritualmente muerto, participa de esta modalidad de vivificación.

En consecuencia, el poder vivificador de Jesús no se manifiesta solamente mediante prodigios extraordinarios, sino también mediante la restauración de la vida interior.

Un santo ʿīsawí puede ser alguien cuya presencia, conocimiento o palabra devuelve a las personas la esperanza, el amor a Allah y la capacidad de vivir espiritualmente.

VI. Ibn ʿArabī comenzó su propio itinerario espiritual bajo la herencia de Jesús

Ibn ʿArabī no se limita a describir a otros santos ʿīsawíes. También revela que él mismo recibió inicialmente esta herencia.

En el capítulo 36 de las Futūḥāt explica que su maestro, Abū al-ʿAbbās al-ʿUraybī, había alcanzado la estación ʿīsawí al final de su itinerario espiritual, mientras que, para Ibn ʿArabī, aquella estación fue el comienzo.

Posteriormente recibió una apertura espiritual relacionada con Moisés, otra vinculada al profeta Hūd y, después, las correspondientes a los demás profetas, hasta llegar finalmente a la estación muhammadiana.

Así, un mismo santo puede recorrer diversas modalidades de herencia profética.

La investigadora Souad Hakim, en su estudio The Spirit and the Son of the Spirit: A Reading of Jesus According to Ibn ʿArabī, reúne además las referencias del Shaykh al-Akbar a sus encuentros espirituales con Jesús.

Ibn ʿArabī cuenta que Jesús fue uno de sus primeros maestros espirituales, y que lo instruyó en dos disciplinas fundamentales: el ascetismo y el desprendimiento. También relata que Jesús lo llamaba afectuosamente «amado».

Estas experiencias permiten comprender que la relación entre un profeta y sus herederos espirituales no es solamente doctrinal o simbólica. Puede existir una auténtica relación de enseñanza y comunicación espiritual, dentro de los modos de conocimiento que los sufíes reconocen mediante el kašf, la apertura o desvelamiento interior.

VII. El discípulo de Jesús que permaneció vivo hasta la época islámica

Uno de los relatos más singulares que Ibn ʿArabī conserva en el capítulo 36 se refiere a un hombre llamado Zurayb ibn Barthamlā, presentado como discípulo y sucesor espiritual de Jesús.

Según la narración, durante el califato de ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb, una expedición dirigida por Naḍla ibn Muʿāwiya llegó a una región montañosa de Irak.

Cuando llegó la hora de la oración, Naḍla pronunció el llamado ritual, el aḏān. Desde la montaña comenzó a responderle una voz misteriosa.

Cuando Naḍla proclamó la unicidad de Allah, la voz reconoció la declaración del monoteísmo. Y cuando proclamó que Muhammad (ﷺ) era el Mensajero de Allah, la voz respondió que aquella era la religión cuya llegada Jesús, hijo de María, había anunciado.

Los hombres preguntaron quién les hablaba. Entonces apareció un anciano de cabello y barba blancos, vestido con prendas de lana. Se presentó como Zurayb ibn Barthamlā, sucesor espiritual de Jesús, quien lo había dejado en aquella montaña y había suplicado a Allah que prolongara su vida hasta el retorno del Mesías.

Zurayb preguntó por el Profeta Muhammad (ﷺ).

Cuando los hombres le dijeron que había fallecido, lloró profundamente. Preguntó también por Abū Bakr y, al conocer que había muerto, pidió que transmitieran sus saludos al califa ʿUmar. Después de transmitir diversas enseñanzas y advertencias, desapareció de su vista.

La noticia llegó a ʿUmar, quien dispuso que se regresara al lugar. Según la narración, los hombres permanecieron allí durante cuarenta días, pronunciando el llamado a la oración, pero no volvieron a encontrarlo.

Ibn ʿArabī recoge este relato para desarrollar una enseñanza sobre la continuidad de la herencia espiritual de Jesús y su relación con la misión del Profeta Muhammad (ﷺ).

Zurayb habría conservado su condición ʿīsawí desde el tiempo de Jesús, y posteriormente habría participado de la realidad muhammadiana sin perder aquella vinculación espiritual original.

Es una imagen particularmente significativa de la continuidad de las herencias proféticas a través de las épocas.

VIII. Jesús como Sello de la Santidad Universal

La doctrina de Ibn ʿArabī concede a Jesús una función todavía mayor.

El Shaykh al-Akbar enseña que Jesús será el Sello de la Santidad Universal, Khātam al-Walāya al-ʿĀmma.

Esta enseñanza es recogida y desarrollada por el gran maestro sufí egipcio ʿAbd al-Wahhāb al-Shaʿrānī (1492-1565), en su obra al-Yawāqīt wa-l-Jawāhir.

Al-Shaʿrānī distingue entre el sello de la santidad universal, que corresponde a Jesús, y el sello particular de la santidad muhammadiana.

Esta distinción pertenece a la organización espiritual de las diferentes modalidades de walāya, sin negar que Muhammad (ﷺ) es el Sello de los Profetas y el más perfecto de los mensajeros de Allah.

Para Ibn ʿArabī, cuando Jesús regrese al final de los tiempos, manifestará también una función vinculada a la santidad dentro de la comunidad muhammadiana. Su misión expresa así una relación singular entre el ciclo profético anterior y la culminación escatológica de la comunidad del Profeta Muhammad (ﷺ).

IX. El Imām Rabbānī al-Sirhindī: la afinidad espiritual entre ʿAlī y Jesús

La doctrina de las correspondencias proféticas no pertenece únicamente a la escuela de Ibn ʿArabī. El gran maestro naqšbandí Aḥmad al-Sirhindī (1564-1624), conocido como el Imām Rabbānī y el Renovador del Segundo Milenio islámico, también la desarrolla.

En la carta 251 de sus célebres Maktūbāt, dirigida a Mawlānā Ashraf, expone las afinidades espirituales de los cuatro primeros califas con determinados profetas. Explica que Abū Bakr y ʿUmar poseen correspondencias con Abraham y Moisés, mientras que ʿUthmān tiene una correspondencia particular con Noé.

Pero lo que más interesa aquí es lo que afirma acerca de ʿAlī ibn Abī Ṭālib, que Allah esté complacido con él:

«En nuestro señor ʿAlī existe, en ambos aspectos, una correspondencia con nuestro señor Jesús».

Al-Sirhindī explica esta correspondencia señalando que, puesto que Jesús es el Espíritu de Allah y Su Palabra, la dimensión de su santidad posee una manifestación especialmente predominante.

Y añade que algo semejante sucede con ʿAlī. Por ello considera que ʿAlī es un portador particularmente destacado de la herencia de la santidad muhammadiana.

Esta enseñanza establece una relación espiritual profunda entre Jesucristo y el Imām ʿAlī, sin confundir sus respectivas funciones proféticas e históricas. También muestra que la herencia ʿīsawí puede manifestarse en figuras cuya vida no está limitada al retiro ascético, sino que comprende funciones de conocimiento, gobierno, enseñanza y conducción espiritual.

X. ʿAbd al-Ghanī al-Nābulusī: la permanencia de la herencia espiritual de Jesús

El gran santo y maestro sirio ʿAbd al-Ghanī al-Nābulusī (1641-1731) también escribió sobre la herencia ʿīsawí.

En su Dīwān al-Ḥaqāʾiq wa-Majmūʿ al-Raqāʾiq encontramos una composición dedicada a la realidad espiritual de Jesús y a la continuidad de su herencia entre los santos musulmanes.

En ella afirma:

«Esta realidad es verdadera, y los compañeros de Yā-Sīn han heredado la estación de Jesús».

La expresión «compañeros de Yā-Sīn» designa aquí a los miembros de la comunidad del Profeta Muhammad (ﷺ).

Al-Nābulusī enseña que las realidades espirituales manifestadas mediante Jesús siguen siendo accesibles mediante la herencia de la santidad. Los nombres y las formas históricas pueden cambiar, pero la realidad espiritual transmitida por los profetas permanece viva por gracia de Allah.

XI. La unidad espiritual de las revelaciones y la diversidad de sus herencias

La doctrina de la herencia profética presenta una visión particularmente rica de la historia espiritual de la humanidad.

Los profetas no son realidades aisladas, ni sus enseñanzas espirituales desaparecen necesariamente con el final de sus misiones históricas.

Moisés, Abraham, Noé, José, Jesús y Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con todos ellos— representan diferentes manifestaciones de la sabiduría, la misericordia y la guía divinas.

Sus herederos espirituales prolongan determinadas cualidades de esas manifestaciones dentro de la vida de los creyentes.

Esta doctrina permite reconocer una pluralidad real de caminos interiores, temperamentos espirituales, conocimientos y dones, sin negar la unicidad de Allah ni la unidad esencial de la revelación divina.

Ello no elimina las diferencias doctrinales y jurídicas que el propio Ibn ʿArabī reconoce, pero muestra que su visión de las relaciones entre las revelaciones es mucho más rica que una simple sucesión de religiones históricas desconectadas.

Desde la perspectiva del universalismo islámico, el Sagrado Corán enseña:

«A cada uno de vosotros le hemos establecido una ley y un camino. Si Allah hubiera querido, os habría hecho una sola comunidad; pero [ha dispuesto las cosas así] para poneros a prueba respecto de lo que os ha concedido. Competid, pues, en las buenas obras. A Allah regresaréis todos, y Él os informará acerca de aquello en que discrepabais». (Sagrado Corán, 5:48)

La diversidad de las herencias espirituales encuentra aquí un horizonte de comprensión: la unidad de su origen divino no exige que todas sus manifestaciones sean idénticas.

XII. El verdadero signo del santo ʿīsawí

Entre los muchos conocimientos transmitidos por Ibn ʿArabī acerca de los santos afiliados a Jesús, hay uno que merece una atención especial.

El santo ʿīsawí puede recibir dones extraordinarios, transmitir estados espirituales, conocer propiedades ocultas de las criaturas e incluso participar, por permiso divino, de manifestaciones del poder vivificador.

Pero cuando Ibn ʿArabī enseña cómo reconocerlo, no comienza describiendo estos prodigios. Comienza hablando de la misericordia. Misericordia hacia las criaturas, sean quienes sean y cualquiera que sea su religión.

Su amor por Allah se manifiesta en su compasión hacia las criaturas.

Así se comprende la profunda relación entre la condición de Jesús como Rūḥ Allāh, su capacidad de vivificar con permiso divino y el carácter de los santos que heredan su estación.

La verdadera herencia ʿīsawí consiste en participar, según la medida concedida por Allah, de aquella vida espiritual que Jesús vino a comunicar.

Que Allah nos conceda participar de las virtudes de Sus profetas y de Sus amigos íntimos, nos purifique de la dureza del corazón y haga de nosotros instrumentos de Su misericordia.

Wa-Llāhu aʿlam.

Y Allah es Quien más sabe.

Presentado por Nuruddin Cueva