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| La Luna partida en dos en el Cielo de la Meca |
¿La Luna se partió verdaderamente en dos?
A los musulmanes se nos enseña normalmente que durante la vida del Profeta Muḥammad (ﷺ) ocurrió un milagro extraordinario: la Luna se partió en dos ante quienes estaban presentes y después volvió a reunirse.
El punto de partida es el comienzo de Sūrat al-Qamar:
ٱقْتَرَبَتِ ٱلسَّاعَةُ وَٱنشَقَّ ٱلْقَمَرُ وَإِن يَرَوْا۟ ءَايَةًۭ يُعْرِضُوا۟ وَيَقُولُوا۟ سِحْرٌۭ مُّسْتَمِرٌّۭ
Iqtarabati l-sāʿatu wa-nshaqqa l-qamar. Wa-in yaraw āyatan yuʿriḍū wa-yaqūlū siḥrun mustamirr.
La expresión árabe inshiqāq al-qamar significa “la partición de la Luna”.
A esto se suma un importante ḥadīṯ de ʿAbd Allāh b. Masʿūd recogido por al-Bukhārī:
حَدَّثَنَا مُسَدَّدٌ، حَدَّثَنَا يَحْيَى، عَنْ شُعْبَةَ، وَسُفْيَانَ، عَنِ الأَعْمَشِ، عَنْ إِبْرَاهِيمَ، عَنْ أَبِي مَعْمَرٍ، عَنِ ابْنِ مَسْعُودٍ، قَالَ: انْشَقَّ الْقَمَرُ عَلَى عَهْدِ رَسُولِ اللَّهِ ﷺ فِرْقَتَيْنِ، فِرْقَةً فَوْقَ الْجَبَلِ وَفِرْقَةً دُونَهُ، فَقَالَ رَسُولُ اللَّهِ ﷺ: «اشْهَدُوا».
«Ibn Masʿūd relató: Durante la vida del Profeta Muḥammad (ﷺ), la Luna se partió en dos partes: una parte estaba por encima del monte y la otra al otro lado de él. Entonces el Profeta Muḥammad (ﷺ) dijo: “Sed testigos”.»
Ṣaḥīḥ al-Bukhārī, 4864, Kitāb al-Tafsīr, comentario de Sūrat al-Qamar.
Muslim transmite también varias versiones del episodio.
No estamos, por tanto, ante una historia que pueda descartarse simplemente diciendo que apareció muy tarde. Existe una tradición antigua y seria según la cual algo extraordinario relacionado con la Luna fue visto durante la vida del Profeta Muḥammad (ﷺ).
La pregunta es otra:
¿qué fue exactamente lo que ocurrió?
Hay tres formas principales de entenderlo.
Primera posibilidad: la Luna física se partió en dos
Ésta ha sido la explicación más extendida: el cuerpo mismo de la Luna se habría dividido materialmente en dos grandes partes y después habría vuelto a quedar unido.
Que Allah pueda hacer semejante cosa no ofrece ninguna dificultad para un creyente. Allah es Todopoderoso.
El problema es que esta explicación, sencilla en apariencia, abre inmediatamente muchas consideraciones difíciles de evitar incluso para quienes no tenemos ningún inconveniente en aceptar la posibilidad de milagros, que nos pueden hacer repensar si estamos entendiendo bien el relato.
Hoy tenemos mapas extraordinariamente detallados de prácticamente toda la superficie lunar. No se conoce ninguna estructura geológica global que indique que la Luna entera se separó en dos grandes mitades en un pasado relativamente reciente y posteriormente volvió a unirse.
Podría decirse que Allah la volvió a unir sin dejar ningún rastro. Naturalmente puede hacerlo.
Pero entonces ya no estamos hablando solamente de un milagro. Añadimo otro: la reunificación sobrenatural, no solo la partición sobrenatural. Y en realidad más.
Habría que suponer que dos enormes partes de la Luna pudieron separarse sin producir una destrucción gigantesca; que después pudieron volver a reunirse; que esa reunión no dejó una enorme marca; que no quedaron restos de semejante acontecimiento; y que todas las consecuencias físicas normales de romper y volver a unir un cuerpo de ese tamaño fueron también evitadas o borradas.
Nada de eso aparece ni en la aleya ni en el ḥadīṯ.
Es posible por el poder de Allah. Pero resulta una explicación mucho más complicada de lo que las fuentes realmente nos obligan a afirmar.
A esto se añade una dificultad histórica.
Una separación física de la Luna habría sido un acontecimiento cósmico inmenso, en escala mucho mayor que, por ejemplo, la apertura del mar para Mūsā (Moisés, la paz sea con él), que ocurrió en un lugar concreto de la Tierra.
Si la Luna física hubiera aparecido dividida en dos grandes cuerpos, sería razonable esperar una memoria mucho más amplia del acontecimiento, tanto entre los árabes como entre otros pueblos que observaban cuidadosamente el cielo.
Sin embargo, no encontramos una cantidad de testimonios que corresponda siquiera mínimamente a algo de esa enorme magnitud.
Incluso dentro de la tradición musulmana, el número de posibles testigos presenciales conforme a los hadices es reducido.
El relato de Ibn Masʿūd muestra que su narración tiene raíces tempranas y no puede ser descartada fácilmente (por si alguien se pregunta en relación a la autenticidad del ḥadīṯ). Pero eso prueba con mucha mayor fuerza que se vio algo, no necesariamente la conclusión adicional de que la Luna física se fracturó realmente en dos cuerpos.
Hay además otro silencio llamativo: Ibn Isḥāq, cuya obra constituye la base de la biografía antigua del Profeta Muḥammad (ﷺ) conservada posteriormente por Ibn Hishām, no incluye este episodio. Ibn Ḥajar mismo señaló esa ausencia. ¿Si se hubiera tratado de un evento físico de partición gigantesca, sería esperable que este episodio hubiera sido omitido?
Por separado, ninguno de estos problemas demuestra que la interpretación física sea falsa.
Juntos, sin embargo, hacen razonable preguntar si estamos entendiendo el relato de una manera demasiado material.
Segunda posibilidad: la aleya habla del final de los tiempos
El propio versículo comienza diciendo:
«La Hora se ha acercado». La Hora es una referencia inequívoca al Día del Juicio.
Esto permite entender la partición de la Luna dentro del escenario y la época de los grandes cambios del universo que el Corán relaciona con el final de los tiempos.
El Corán describe el Sol, la Luna, las estrellas, las montañas y el cielo mismo perdiendo el orden que ahora conocemos.
Por eso no es necesario entender Q 54:1 como si fuera ante todo la crónica de un milagro ocurrido varios años antes de la hijra.
La aleya puede estar diciendo que el orden tierra - Luna (en contexto, el universo que conocemos) llegará a su fin.
Tampoco debemos convertir eso inmediatamente en una fotografía anticipada de la astronomía del último día y afirmar:
«La Luna física se partirá exactamente en dos mitades».
Puede ser así, pero el texto no nos obliga a precisar el mecanismo.
La imagen de una Luna partida puede expresar poderosamente que el orden regular del cielo se habrá quebrado.
Esto tiene particular importancia porque Allah hizo del Sol y de la Luna medios para medir el tiempo:
Shaykh Imran N. Hosein ha insistido particularmente en este aspecto: la Luna y sus fases forman parte del sistema de tiempo establecido por Allah, y el calendario lunar coloca al ser humano dentro de ese orden. En The Qurʾān and the Moon desarrolla ampliamente esa relación entre Luna, tiempo y vida religiosa.
Por eso resulta razonable relacionar la ruptura del orden lunar al final de los tiempos con que el sistema mismo mediante el cual el ser humano reconoce días, meses y años habrá dejado de funcionar como ahora funciona.
Qué aspecto exacto tendrá eso, solo Allah lo sabe.
La expresión «la Luna se ha partido» puede describir una alteración física, una forma bajo la cual ese gran cambio será percibido, o ambas cosas.
A mi juicio, ésta es la lectura fundamental de la aleya: habla del final de los tiempos y de la ruptura del orden cósmico.
Pero esto no obliga a negar que durante la vida del Profeta Muḥammad (ﷺ) pudiera haberse mostrado anticipadamente algo relacionado con esa realidad futura.
Y aquí aparece la tercera posibilidad.
Tercera posibilidad: se mostró realmente una Luna partida, sin que la Luna física se rompiera
Para comprender esta posibilidad necesitamos recordar algo presente desde hace siglos en la tradición espiritual islámica.
El mundo físico que tocamos y vemos no agota toda la realidad.
Los maestros sufíes y varios filósofos musulmanes hablaron de distintos planos de existencia. De hecho, una geografìa de la realidad total de la existencia que muestra diferentes planos o niveles de existencia es una constante en las grandes tradiciones espirituales del mundo.
Hay un mundo corporal como el nuestro, un mundo espiritual, y entre ambos un nivel en el cual las realidades espirituales pueden aparecer bajo formas visibles.
A este nivel intermedio se lo llamó en el sufismo ʿālam al-mithāl, y Henry Corbin utilizó para traducirlo la expresión latina mundus imaginalis, «mundo imaginal».
La palabra "imaginal", sin embargo, tiene un significado preciso que debe precisarse o, si no, puede confundir. No significa imaginario, falso, inventado ni una simple imagen psicológica.
Corbin escogió precisamente otra palabra porque «imaginario» normalmente significa algo que no existe. Él estaba hablando, en cambio, de un orden real de existencia y de percepción.
Para decirlo de forma sencilla: es un mundo intermedio en el cual una realidad espiritual puede tener forma, ser vista y ser experimentada, sin convertirse por ello en un objeto material como una piedra o un árbol.
En adelante podemos dejar de utilizar el término técnico y hablar simplemente de una manifestación real procedente del mundo espiritual.
El Corán proporciona un ejemplo extraordinariamente claro.
Cuando Yibrīl (el Arcángel Gabriel) se presenta ante Maryam (la Virgen María), dice:
فَتَمَثَّلَ لَهَا بَشَرًا سَوِيًّا
La Virgen María (la paz sea con ella) vio realmente un hombre.
Pero Yibrīl no dejó por ello de ser un ángel ni tuvo que convertirse biológicamente en un ser humano.
Algo espiritual se manifestó de una manera visible.
La conocida aparición de Yibrīl ante el Profeta Muḥammad (ﷺ) y sus Compañeros bajo la forma de un hombre ofrece otro ejemplo.
Shaykh Mullā Ṣadrā desarrolló esta idea explicando que ese nivel intermedio de la realidad no es una ficción mental: pertenece realmente al orden de la existencia, aunque no sea material como nuestro cuerpo físico.
Ibn ʿArabī y la propia Luna
Lo más importante es que Ibn ʿArabī plantea esta cuestión precisamente al comentar la partición de la Luna.
Después de hablar de lo que apareció ante los presentes, escribe que no es necesario determinar si aquello ocurrió:
«en la realidad misma o en la mirada del observador».
Es decir: para Ibn ʿArabī, aceptar que los testigos realmente contemplaron la señal no obliga a afirmar que el cuerpo físico de la Luna sufrió exactamente aquello que apareció ante sus ojos.
Ésta es una distinción extraordinariamente importante.
Los presentes pudieron haber visto realmente una Luna dividida.
No estaban necesariamente imaginando o alucinando. El milagro podía ser perfectamente real pero de ello no se sigue que el satélite físico tuviera que haberse quebrado.
Shāh Walī Allāh al-Dihlawī llegó a una conclusión muy semejante por otra vía: afirmó que no es necesario entender la partición como una ruptura del cuerpo mismo de la Luna. Su comparación con eclipses y otros fenómenos visibles apunta precisamente a distinguir lo que aparece ante nuestra vista de una transformación física del objeto observado.
No debemos atribuirle sin más que haya explicado este episodio específicamente mediante el mundo espiritual intermedio pero al menos un crítico suyo ciertamente así entendió sus palabras, en el marco de las elaboraciones de Shāh Walī Allāh al-Dihlawī con relación al mundo intermedio.
En cualquier caso, la conclusión básica de Shāh Walī Allāh coincide con la de Ibn ʿArabī: lo visto no obliga a una fractura material del astro.
Una comparación útil: Fátima
Puede ayudar aquí un ejemplo procedente de otra tradición religiosa.
El 13 de octubre de 1917, durante las apariciones de Fátima relacionadas con la Virgen María (la paz sea con ella), una gran cantidad de personas afirmó haber contemplado un fenómeno extraordinario en el Sol.
Algunos dijeron que el Sol parecía girar. Otros vieron cambios de colores. Otros describieron que parecía precipitarse hacia la Tierra. Los relatos no fueron todos exactamente iguales.
Y, sin embargo, bajo la comprensión del siglo XX, nadie. ni entre los asistentes ni entre las autoridades religiosas afectadas, necesita sostener que el Sol físico abandonó realmente su lugar en el sistema solar y comenzó a caer sobre Portugal.
La Iglesia católica posteriormente consideró dignas de crédito las apariciones de Fátima. Eso tampoco significa que declarara que el astro físico hubiera realizado literalmente todos los movimientos que describieron los testigos.
La comparación tiene solo una finalidad comparativa. No prueba por sì sola qué ocurrió en Fátima ni demuestra automáticamente qué ocurrió en La Meca.
Pero sirve para comprender algo:
muchas personas pueden percibir realmente un signo celeste extraordinario sin que el cuerpo astronómico tenga que realizar físicamente todos los movimientos que ellas contemplan.
Desde una visión religiosa de la realidad, tampoco es inconcebible para un musulmán que la Virgen María (la paz sea con ella) pueda tener un papel providencial dentro del plan de Allah y que determinadas apariciones puedan servir para llamar nuevamente a las personas hacia Dios y la fe. Esto no obliga a un musulmán a aceptar cada aparición atribuida a ella ni todas las interpretaciones doctrinales que posteriormente se hayan dado de esas experiencias.
Simplemente significa que no necesitamos descartar de antemano la posibilidad de una intervención providencial relacionada con la Virgen María (la paz sea con ella).
Y el ejemplo ayuda a comprender la partición de la Luna.
Puede haber ocurrido una manifestación real en la cual algunos presentes contemplaron verdaderamente una Luna dividida en dos, aun cuando el cuerpo físico de la Luna nunca se hubiera roto.
Las diferencias entre distintas narraciones —una montaña aquí, dos partes allí, diferentes ángulos de observación— tampoco serían necesariamente extrañas en semejante experiencia.
Entonces, ¿qué pudo haber ocurrido?
Las tres posibilidades deben distinguirse claramente.
La primera sostiene que la Luna física se quebró literalmente en dos grandes partes y después fue recompuesta. Es posible para Allah, pero obliga a añadir numerosos acontecimientos extraordinarios que las fuentes no mencionan y plantea importantes dificultades históricas y físicas.
La segunda entiende que Q 54:1 habla principalmente del final de los tiempos. La Luna aparece como parte de la ruptura del orden cósmico que anunciará el final de este mundo. Cabe entender que ésta es la lectura fundamental del versículo coránico. Pero no sabemos si la imagen significa una fractura material exacta de la Luna o una forma visible bajo la cual se manifestará esa gran alteración.
La tercera posibilidad no contradice la segunda.
Durante la vida del Profeta Muḥammad (ﷺ), Allah pudo haber mostrado anticipadamente a determinados testigos una imagen verdadera de esa futura ruptura del orden cósmico.
Ibn Masʿūd habría visto realmente lo que dijo haber visto.
El Profeta Muḥammad (ﷺ) habría podido decir con pleno sentido:
«Sed testigos».
Pero lo contemplado habría sido una manifestación real procedente de un plano espiritual de la realidad, hecha visible ante ellos, y no necesariamente una fractura geológica del astro.
Esta tercera explicación parece la más razonable para comprender los aḥādīth, mientras que la segunda explica mejor el sentido principal de la aleya.
No necesitamos elegir entre ambas.
El Qurʾān puede estar hablando del gran desorden cósmico del final de los tiempos y, al mismo tiempo, una imagen real de ese acontecimiento futuro pudo haberse mostrado ya como signo durante la vida del Profeta Muḥammad (ﷺ).
Así podemos tomar en serio el Qurʾān, tomar en serio el ḥadīṯ y tomar también en serio lo que hoy sabemos acerca de la Luna, y no hay lugar a las observaciones críticas mencionadas para la interpretación puramente fisica habitual en nuestros relatos.
Allah sabe más.







